jueves, 16 de mayo de 2019


Mi polémica con el viceministro “descolonizador”



Emilio Martínez Cardona

En medio de un escándalo por contratos del Estado suscritos con la radio de su esposa (a su vez ex pareja de Evo Morales y madre de Evaliz), el viceministro de descolonización, Félix Cárdenas, fue removido del cargo después de nueve años ocupándolo.

A poco de llegar al viceministerio, sostuvimos con el ahora ex funcionario una polémica a través de la prensa en octubre de 2010, que trascendió a los medios internacionales por medio de la agencia EFE, a raíz de la intención de Cárdenas de purgar de la curricula escolar a varios clásicos de la literatura boliviana.

“Inquisición literaria en la Bolivia de Evo” fue el artículo de opinión con el que puse un grano de arena, junto a otros escritores y académicos, para desactivar aquel disparate, batalla que efectivamente ganamos pero que en cualquier momento podría volver a repetirse con otros actores.

Justamente por lo último es que transcribo las líneas escritas en aquel entonces. Porque, aunque el viceministro ya no esté, la “descolonización”, entendida como purga ideologizadora de los contenidos educativos, sigue presente:        

“Era cuestión de tiempo antes de que comenzara el intento de un control totalitario sobre la cultura en el nuevo Estado Plurinacional. Desde que los asesores de Evo Morales bautizaron su gobierno como Revolución Democrática y Cultural, sabíamos que el símil con la Revolución Cultural de Mao era algo más que un mero parecido gramatical.

Ahora, las declaraciones del viceministro de descolonización, Félix Cárdenas, confirman esas previsiones. El funcionario acaba de anunciar la eliminación de una serie de libros de la malla curricular educativa en todos los niveles: primario, secundario y superior. Se trata nada menos que de textos clásicos de la literatura boliviana, como Raza de Bronce de Alcides Arguedas y La niña de sus ojos de Antonio Díaz Villamil.

¿La excusa? La aplicación de la Ley 045, supuestamente destinada a combatir el racismo según la versión gubernamental, y considerada una ley mordaza por la gran mayoría de los periodistas. En la interpretación que el viceministro hace de la norma, los libros mencionados y muchos otros deben ser purgados por ideológicamente incorrectos, debido a su presunto contenido racista y colonial.

Un disparate mayúsculo, sobre todo teniendo en cuenta que Raza de Bronce es en realidad una denuncia sobre la trágica condición del pueblo aymara. Por supuesto que varios aspectos de la obra de Arguedas pueden y deben ser debatidos, sobre todo en las aulas, pero para eso hace falta, precisamente, que los textos sean leídos y comentados por los estudiantes.

Aspectos como, por ejemplo, su adscripción a la sociología positivista de la época, demasiado anclada en el materialismo geográfico y biológico, en contraposición con otras facetas de su pensamiento, absolutamente vigentes en la Bolivia de hoy, como su crítica radical del caudillismo. ¡Triste destino el de Arguedas, abofeteado por un dictador militar y ahora excluido por un régimen de fachada democrática!

Desde las quemas de la biblioteca de Alejandría por Roma y Omar, hasta las purgas de los clásicos del confucianismo en la China maoísta, pasando por las hogueras de Goebbels que devoraron obras de Sigmund Freud, Arthur Schnitzler y los hermanos Mann, la condena de libros es un síntoma evidente de autoritarismo e intolerancia”.


jueves, 25 de abril de 2019


28A: consecuencias para América Latina



Emilio Martínez Cardona

Este domingo 28 de abril se llevarán a cabo las elecciones generales en España, donde se definirá la composición del Parlamento y, por lo tanto, del gobierno.

Hasta ahora, las múltiples encuestas indican que ninguna fuerza podrá formar mayoría por sí sola, consolidándose el carácter multipartidista del sistema político español de los últimos años, que en esta ocasión, con la irrupción de la nueva derecha de Vox en el panorama electoral, pasa de ser tetra-partidista a penta-partidista.

El primer lugar lo tiene, según los sondeos, el Partido Socialista Obrero Español (PSOE), tienda que en otras épocas llegó a ser cuasi-liberal bajo el liderazgo de Felipe González, pero que naufraga en aguas keynesianas desde Rodríguez Zapatero (“ZP”, como lo conocen allá), además con una política exterior de tibieza –y a veces de clara funcionalidad- hacia los regímenes populistas latinoamericanos.

En este último punto parecen haber influido tanto los negocios navieros, petroleros y cambiarios de ZP con el chavismo como la necesidad del actual presidente, Pedro Sánchez, de contar en el Congreso con los votos neo-comunistas de Podemos, formación financiada desde Caracas y Teherán.

De ahí que Sánchez haya presionado a nivel europeo para que se tomara una “posición colectiva” sobre la crisis venezolana, diluyendo las posturas más firmes asumidas por algunos de los gobiernos, y que desde el Grupo de Contacto juegue a darle tiempo a Nicolás Maduro.

Por lo tanto, una coalición PSOE-Podemos sería un escenario político poco favorable a la redemocratización de Venezuela. La sumatoria requeriría también del concurso de los partidos nacionalistas de izquierda de Cataluña, lo que empujaría a este ensamble hacia posturas aún más radicales.

Una variante disimulada de este pacto sería la que sugirió el propio Sánchez en el último debate de candidatos: un gobierno socialista que incluya “personalidades progresistas independientes”, lo que equivale a proponer que los podemitas asuman ministerios a título individual.

Por el otro flanco del espectro ideológico, las opciones pasarían por un gobierno encabezado por un Partido Popular renovado generacionalmente, en una de estas dos variantes: a) en coalición con el centrista Ciudadanos y con el apoyo parlamentario de Vox (tal vez sin ministros de esta formación), y b) un pacto PP y Cs que incluya a los nacionalistas más moderados, como Coalición Canaria y el PNV.

Ambas opciones encuentran resistencia en distintas alas de Ciudadanos, donde Manuel Valls habla de un “cordón sanitario” contra la nueva derecha, y donde amplios sectores prefieren evitar cualquier tipo de acuerdo con partidos nacionalistas.

De darse la opción a, un gobierno español de centroderecha sería mucho más proclive a seguir profundizando el reconocimiento a Guaidó y el endurecimiento de sanciones contra los jerarcas del narco-régimen madurista.

Quedan también las opciones “impensables” pero no imposibles: coalición PSOE-Ciudadanos (idea grata para Sánchez) o la de los “dos grandes”, PSOE y PP, fórmula ya ensayada en varios países europeos, particularmente en Alemania.

jueves, 18 de abril de 2019


El masismo bis



Emilio Martínez Cardona

El líder único e incontrovertible del masismo bis dice que, de volver a la presidencia, mantendrá todos los pilares del modelo económico de Evo Morales: desde el doble aguinaldo hasta las numerosas empresas estatales deficitarias, las mismas que ocasionan un déficit fiscal de 2.000 millones de bolivianos.

Afirma que “plantear hoy que Santa Cruz tiene mentalidad provinciana es no entender nada”, como si hubiese sido inteligente decirlo en el 2004. Pero los archivos no mienten y resulta que sólo 10 meses atrás señalaba, en una entrevista con la ultrafeminista María Galindo, que “la oligarquía de Cainco no es Santa Cruz”.      

El único no cambia y mantiene las rutinas mentales que lo llevaron a facilitar el acceso de Morales al poder, con quien no parece tener diferencias de fondo. Ambos comparten ese “centralismo democrático” en el “sentido leninista”, del que habla uno de sus admiradores y que sería el modelo de funcionamiento del partido del ex presidente. Modelo que más valdría calificar de centralismo burocrático. 

“No voy a privatizar absolutamente nada, no voy a eliminar el doble aguinaldo”, recita el mantra del caudillo ilustrado, quien no atina a decir lo que hará, sino solamente lo que no impulsaría. Un plan por la negativa. O un anti-plan.

En este contexto, el rasgo diferenciador residual que agita es el de un supuesto republicanismo, que ciertamente no practicó en su paso por el Poder Ejecutivo, cuando espoleó un enfrentamiento sistemático con el Congreso y hasta barajó la posibilidad de cerrarlo, según indican varios testimonios.

Republicanismo hemipléjico, que cuestiona la “judicialización de la política” cuando esto afecta a sus aliados, pero que no tiene problema en apelar a la misma maquinaria para tratar de acallar a los parlamentarios opositores que destaparon el barril sin fondo de los gastos de la “vocería marítima”.

Ya sabíamos que el masismo bis era hechura del mismo origen que el otro, habiendo intentado infructuosamente ser la carta del Foro de Sao Paulo en Bolivia, algo para lo cual le faltó musculatura sindical.

Pero las recientes confesiones socialistas o neopopulistas del candidato “ciudadano” (antipolítico) sirven para separar las aguas: de un lado los partidarios del sometimiento de la gente y sus bolsillos a un Estado todopoderoso (MAS 1 y MAS 2), y del otro quienes buscan la emancipación de los emprendedores.

En este sentido, la actual campaña podría verse como una carrera entre el centralismo burocrático y lo liberal-popular, entendido como un gigantesco substrato de micro, pequeñas y medianas empresas, muchas de ellas condenadas a la informalidad por el hostigamiento estatal.

Tiene cierto sentido estratégico que el masismo bis o mesismo se dedique a dividirle el voto socialista al partido de gobierno. Lo que no puede pretender es convertirse en la alternativa siendo básicamente lo mismo.

Lo suyo, su función natural en un escenario más razonable que podría reconfigurarse hasta octubre, sería un cómodo tercer lugar.


jueves, 11 de abril de 2019


Guiños al empresariado y amenazas al cooperativismo cruceño

Emilio Martínez Cardona

Es evidente que el gobierno de Evo Morales se ha puesto en campaña para apaciguar las molestias que habían generado en el empresariado cruceño la política de restricción de exportaciones, las barreras a la modernización y la inseguridad jurídica sobre la tierra, que predominaron durante varios años.

De ahí que en los últimos tiempos se han multiplicado las señales hacia una liberación parcial de la innovación tecnológica en el agro de la región, así como una disminución de las limitantes para el sector exportador. En esa lista también hay que incluir los biocombustibles, que implican la inclusión de la agroindustria cruceña en la matriz energética nacional, proyecto que había sido frenado tanto por la administración de Carlos Mesa como por la actual. 

Por supuesto, no es que repentinamente el Movimiento Al Socialismo se haya convertido a la defensa de la iniciativa privada, sino que toma un giro pragmático impulsado por dos factores: a) la cruda realidad del fin del ciclo gasífero, que obliga a buscar una locomotora alternativa para el tren de la economía boliviana, así sea haciendo concesiones a un estamento antes denostado; y b) la imitación del guión puesto en práctica por otro de los regímenes del bloque socialista del siglo XXI, Nicaragua, que en años previos a su presente crisis política y social gobernó mediante sendos acuerdos mercantilistas con el empresariado de esa nación centroamericana.

Los empresarios cruceños sabrán hasta qué punto confiar en este acercamiento, más táctico que estratégico, y que podría tener un nuevo giro, en sentido contrario, una vez que el partido cocalero se asegure la reproducción en el poder.

Pero lo cierto es que esta maniobra encuentra límites y contradicciones dentro del propio oficialismo, acostumbrado durante una década y media a ejercer presiones extorsivas hacia las fuerzas económicas de Santa Cruz.

Prueba de esto es el asedio al que están sometiendo a uno de los pilares principales del cooperativismo cruceño, al punto que quienes denunciaron el desfalco producido al interior de esa entidad son judicializados.

Aunque desde el gobierno central se diga que no habrá intervención en las cooperativas, el aparato judicial y fiscal del masismo muestra lo contrario, sometiendo a los inocentes (los denunciantes) a la misma condición que los culpables.

Imposible no recordar la clásica fábula del escorpión y la rana, donde el primero necesitaba de la segunda para cruzar el río (que aquí sería el proceso electoral), pero que al llegar a la mitad de la corriente clava su aguijón letal en el batracio, condenándose a sí mismo a la muerte por ahogamiento, porque “así era su naturaleza”.

El asedio al cooperativismo cruceño daña seriamente la credibilidad del acercamiento gubernamental a la economía de la región y podría convertirse en el talón de Aquiles para esa jugada, reduciendo las expectativas electorales para el partido oficial en la plaza mayor del Oriente.


jueves, 4 de abril de 2019


Falacias de campaña



Emilio Martínez Cardona

La noción de “falacia” viene desde las Refutaciones sofísticas de Aristóteles y se refiere a un “argumento que parece válido, pero que no lo es”. En tiempos electorales este tipo de entramados seudo-lógicos suelen proliferar, con la intención de una persuasión más o menos sutil.

La primera falacia detectable en la campaña 2019 está siendo repetida sistemáticamente, con distintas variantes, por voceros del régimen de Evo Morales, quienes insisten en que -palabras más, palabras menos- “sólo la estabilidad política que representa Evo asegura la estabilidad económica”.

Esto incluye comenzar a hablar de una eventual devaluación o de supuestos ajustes tarifarios que vendrían con la subida al poder de la oposición.

La falsedad está basada en dos puntos:

1) Confundir la estabilidad política -que se garantiza con instituciones sólidas y respeto al ordenamiento constitucional- con la perpetuación de una persona y su entorno en el gobierno a pesar de la normativa jurídica y del mandato soberano de un referéndum popular. En realidad, la perpetuación es la vía hacia una creciente inestabilidad, como lo estamos viendo en Venezuela y Nicaragua.

2) Atribuir a los otros (la oposición) la intención “siniestra” de hacer algo que ellos (el oficialismo) están provocando, incubando y planificando. Así pasa con las presiones hacia el tipo de cambio, empujadas por una emisión monetaria inorgánica que ya no puede esconderse, al punto que el presidente del BCB tiene que salir a la palestra mediática para asegurar la estabilidad cambiaria “por esta gestión” (¿hasta que pasen las elecciones?). La corrección de este rumbo macroeconómico errado requerirá, más que de las hipotéticas medidas que el masismo agita como espantajo, de la supresión de los gastos suntuarios, lujos y malversaciones a los que es tan afecto el régimen. Se necesita, por tanto, la alternancia.

La otra gran falacia está siendo repetida aquí y allá por voceros de un sector de la oposición, que provisionalmente recibe mayor intención de votos en las encuestas, aunque ha estado perdiendo puntos porcentuales en el primer trimestre del año. Hablamos de la que podríamos denominar “falacia del voto útil a siete meses de la votación”, consistente en evitar todo debate que pudiera afectar al candidato de esa corriente, alegando que “cualquier cosa es mejor que Evo” y que esta “cualquier cosa” es la única con chances de ganarle al cocalero.

Además de la pobreza argumental del mal menor, la falacia se basa en plantear una disyuntiva precoz, cuando el voto útil es algo que recién merece ser examinado en los dos últimos meses de campaña.

Mientras tanto, no se puede pretender congelar todo debate democrático, amordazando a contrincantes a los que se teme dada la volatilidad de la intención de voto por el ex mandatario del que estamos hablando (un 38% que podría migrar fácilmente hacia una opción más convincente).             
   
La falacia también busca acallar la discusión sobre qué candidato tiene mejores condiciones cualitativas para vencer en las urnas a Evo Morales. Porque las cuantitativas pueden variar bastante de aquí a octubre, teniendo en cuenta la altísima proporción de indecisos, que pueden cambiar todo el juego. 


jueves, 28 de marzo de 2019


El negocio de perder

Emilio Martínez Cardona

Pongámoslo en términos de fábula: había una vez un país donde el gobierno desarrolló la práctica de realizar estatizaciones con importantes falencias legales deliberadas, para después, en los obligados procesos de arbitraje internacional con las empresas extranjeras expropiadas, acabar pagando montos de indemnización muy superiores a los que, de otra manera, habrían correspondido.

Esto, con la obvia comisión millonaria para los negociadores gubernamentales, que frente a la prensa fungían como orgullosos defensores del interés nacional.

Era el “negocio de perder”, al que también podríamos llamar “industria del arbitraje adverso”, táctica que en realidad fue heredada de un presidente anterior, quien fue amnistiado para que pudiera hacer las veces de falso opositor en las elecciones donde el caudillo del régimen corría inconstitucionalmente.

Entre ambos –gobernante y ex presidente- incluso llevaron el “negocio de perder” a un nuevo nivel: al de un arbitraje entre naciones ante un tribunal instalado en Europa, sobre un acceso a territorios perdidos en una guerra decimonónica. Allí estafaron algo más que beneficios materiales para sí mismos, sino ante todo muchas esperanzas de sus conciudadanos.

¿La clave para perder esta vez? Una demanda mal constituida, basada en la premisa de que los jueces “innovarían” en la doctrina jurídica y descartarían todos los precedentes.

Seguían en este “arreglo” una poco honrosa tradición, inaugurada por los negociadores oficiales de un tratado suscrito entre ambos países 115 años antes, quienes intercambiaron cesión territorial estratégica por prebendas económicas para las élites regionales a las que representaban.

En realidad, el “negocio de perder” era sólo una entre muchas técnicas que los socios compartían, teniendo en cuenta que los dos fueron iniciados en las artes cleptocráticas por el ex presidente de una gigantesca nación vecina, ahora puesto entre rejas por la justicia de esa república, tras descubrirse que había tejido una telaraña de corrupción continental donde varios mandatarios quedaron atrapados como moscas.

Esos recursos financiaron un foro internacional de tendencia socialista y una red de partidos en la que participaron, como delegados del país que nos ocupa, tanto la fuerza política del caudillo como la conformada por buena parte del entorno de su predecesor.

Así y todo, los socios siguieron empeñados en su juego de presentarse como alternativas, cuando en esencia eran dos versiones de lo mismo (una versión más abiertamente populista y otra con cierto barniz republicano, que encubría las tentaciones autoritarias que había tenido el ex mandatario en su paso por el poder, así como su sostenido personalismo).

Sin embargo, su tesis tenía una debilidad fundamental: reposaba sobre la suposición de que el pueblo sería tan pasivo y genuflexo como para “sembrar nabos en su espalda”. Arriesgada tesis que en cualquier momento podría volverse –cólera popular mediante- en su contra.

Posdata: El final de esta fábula está por escribirse y tendrá varios millones de coautores en el mes de octubre próximo. Usted será uno de ellos.      


viernes, 22 de marzo de 2019


Brasil, país llave de Sudamérica

Emilio Martínez Cardona

Trump y Bolsonaro tuvieron su cumbre en la Casa Blanca, donde –como era de esperar- dieron muestras de sintonía personal e ideológica. Hablaron de alianza político-militar, incluyendo la idea de que la potencia latinoamericana ingrese a la OTAN. Una idea brillante que cambiaría balances de poder mundiales y que debe estar preocupando bastante en La Habana, Moscú y Teherán. Esto último, teniendo en cuenta que el eje en construcción sería Washington-Brasilia-Jerusalén.

Por supuesto, entre los puntos centrales de la agenda no podía faltar Venezuela, sometida por el socialismo chavista al peor oscurantismo. En el sentido más literal de la palabra.

Los Trump del norte y del sur enfatizaron que “todas las opciones están sobre la mesa” y que “no se descarta la vía militar”. Un día antes, una delegación estadounidense le había rayado la cancha al equipo del Kremlin, durante una cita en Roma. Y lo cierto es que, por más pataleos diplomáticos que pueda emitir el régimen de Putin, la decisión de contrarrestar el injerencismo de las potencias extra-regionales en América Latina parece irreversible. Monroe ha vuelto y está muy enojado.     

De manera que ni las posturas timoratas del Grupo de Lima ni el lenguaje sibilino del Grupo de Contacto serán los que marquen la ruta de la región. Se trata de lograr un hemisferio occidental 100% democrático.

La clave en este giro es la actualización de la doctrina de los “países llaves”, formulada por Henry Kissinger cuando la guerra de Vietnam demostraba que un intervencionismo generalizado no era una elección estratégica razonable.

No es que no hubiesen razones sobradas para tratar de contener al Vietcong, como lo prueba el millón de víctimas cobradas por la dictadura comunista instalada tras el retiro de las tropas de la coalición occidental.

Pero la vía más inteligente era descubrir al “país-llave” de cada región, para construir con él una alianza y dejarle el rol de la estabilización.

Eso llevó al acercamiento con China, jugada de ajedrez que terminó de dividir al campo socialista y preparó las condiciones para el advenimiento del aperturismo económico de Deng Xiao-Ping.

El país llave de Sudamérica es Brasil, algo ya advertido décadas atrás y criticado por los teóricos marxistas como “subimperialismo” (ironías de la historia: Cuba terminó siendo el “subimperialismo” de alquiler de cuanta potencia extra-regional quiso intervenir en la zona, desde la Unión Soviética hasta la república islámica de los ayatolas).

Una firme alianza entre Brasil y Estados Unidos tendrá repercusiones positivas para la lucha por la libertad en todo el continente, algo muy distinto a los tiempos en que Barack Obama toleraba o estimulaba el poder del lulismo, verdadero sostén del bloque de cleptocracias que en la última década y media han saqueado América Latina.

A donde vaya Brasil irá la región, le pese a quien le pese. Y el Foro de Sao Paulo está muerto y enterrado.

viernes, 15 de marzo de 2019


Tres años de la carta de apoyo a Lula


Emilio Martínez Cardona

El 14 de marzo del 2016 un grupo de presidentes, ex mandatarios y altos funcionarios, principalmente latinoamericanos, suscribieron una carta de apoyo a Lula da Silva, en momentos en que se intensificaba la investigación judicial sobre la gigantesca red de corrupción que encabezó el ex gobernante del Brasil.

Entre los firmantes estaban Cristina Fernández de Kirchner (Argentina), Carlos Mesa (Bolivia), Manuel Zelaya (Honduras), Fernando Lugo (Paraguay), José Mujica (Uruguay),  el ex secretario general de la OEA, José Miguel Insulza y el entonces secretario general de Unasur, Ernesto Samper, entre otros.

En su mayoría, aliados políticos del Foro de Sao Paulo y varios posibles compinches del mecanismo cleptocrático del lulismo, a los que hay que sumar algunos “tontos útiles” como Felipe González y Ricardo Lagos, a los que apena encontrar entre los firmantes.

La infame misiva decía, por ejemplo, que el líder petista era “objeto de ataques injustificados en contra de su integridad personal” y que se estaba ante un “intento de algunos sectores de destruir la imagen de este gran brasileño”.

Luego de tres años, cuando conocemos a cabalidad las dimensiones del latrocinio a escala continental orquestado mediante el Lava Jato, la carta se vuelve para los suscriptores en una constancia de idiotez en el mejor de los casos, y de lisa y llana complicidad en el peor.

En Bolivia el pronunciamiento pasó relativamente desapercibido en su momento, por lo que es bueno recordarlo cuando el país se encuentra en un proceso electoral donde uno de los firmantes de aquella aberración intenta presentarse como supuesta alternativa al caudillo instalado en el gobierno con ayuda del Foro de Sao Paulo.

La connivencia con el lulismo es la enésima confirmación de que Evo Morales y Carlos Mesa representan dos versiones de lo mismo. Ya sabíamos que a nivel interno eran un desdoblamiento de un mismo fenómeno, el centralismo burocrático, pero el examen de las alianzas externas también demuestra que son pinzas de un proyecto continental en común.

Un proyecto que ha sabido mostrar, a veces, una cara radical (Chávez y Maduro, Ortega, Correa, Morales) y en otras una “moderada” (varios de los firmantes, aunque el kirchnerismo osciló entre ambos campos). Un juego facilitado por los maletines multimillonarios de Odebrecht, PDVSA y otras compañías, con el que se hegemonizó la política regional por una década y media.

De ahí que algunos de estos personajes le pusieran la alfombra roja a los otros, como sucedió en Bolivia con el interregno mesista que preparó el acceso al poder del MAS; o que los supuestos moderados salieran en auxilio de los radicales en momentos críticos, como Lula en defensa de Chávez cuando la huelga petrolera.

Si la corrupción es uno de los principales ángulos de cuestionamiento al régimen evista, la alternativa nunca podrá venir de quien compartió vínculos con el tutor cleptócrata de Morales, sino de quien haya denunciado y combatido las irregularidades en el país (Fondioc, Camc y un largo etcétera) con persistencia y credibilidad.


jueves, 7 de marzo de 2019


El Oslo Freedom Forum en América Latina



Emilio Martínez Cardona

La semana pasada el Oslo Freedom Forum, principal reunión de activistas pro-derechos humanos del planeta, sesionó por primera vez en América Latina. Más precisamente en Ciudad de México, en los impresionantes ambientes del Museo Nacional de Antropología.

Tuve la oportunidad de participar en este evento, organizado por Human Rights Foundation, donde se entregaron los Premios Rómulo Betancourt a la Diplomacia Democrática, que en esta ocasión inicial distinguieron al secretario general de la OEA, Luis Almagro; el ex embajador de Venezuela en Naciones Unidas, Diego Arria; y el ex embajador de Panamá en la Organización de Estados Americanos, Guillermo Cochez.   

Durante la premiación, Arria indicó que “Venezuela ya ha cumplido con el mundo, siguiendo todos los pasos apegados al derecho, y es hora de que el mundo cumpla con Venezuela”.

En la conferencia de prensa inaugural, el director legal de HRF, Javier El-Hage, remarcó que esa organización se enfoca en cuestionar “tanto a las dictaduras de derechas como de izquierdas”, mientras que la activista cubana Rosa María Payá dijo que Latinoamérica debe articular una “respuesta regional” para acabar con las dictaduras, poniendo como ejemplo el accionar del Grupo de Lima.

En la primera sesión de ponencias del Oslo Freedom Forum, el presidente de HRF, Thor Halvorssen, señaló que “el 53% de la humanidad vive bajo regímenes autoritarios”. Por su parte, el ensayista e historiador mexicano Enrique Krauze adelantó que “Cuba vivirá cambios políticos importantes en la próxima década”.

La segunda sesión consistió en un panel con Almagro y los ex presidentes Tuto Quiroga (Bolivia) y Laura Chinchilla (Costa Rica). El secretario general de la OEA destacó la continuidad de los esfuerzos para concretar una transición democrática venezolana, “a través de todos los instrumentos del derecho público internacional”. Subrayó la “devastación de la economía” en Venezuela y que “habría sido más fácil para la pandilla que la controla negociar su salida antes de llegar a este punto”.

Almagro también se refirió a los avances en la lucha contra la corrupción en la región, “con varios ex presidentes presos” en relación al escándalo de Odebrecht.

Tuto Quiroga recordó a los asistentes que en la actualidad “hay cuatro sistemas autoritarios en América Latina: Cuba, Venezuela, Bolivia y Nicaragua”, y coincidió con Krauze en la proximidad de transformaciones políticas en Cuba. “Pondré una flor en la tumba de Oswaldo Payá”, dijo el ex mandatario.

Además de los desafíos de la democratización, Laura Chinchilla abordó la problemática migratoria en América Central, indicando que “nuestros pueblos exportan productos o exportan gente” y sugiriendo la necesidad de una mayor apertura comercial en los países desarrollados.

Entre las conversaciones sostenidas en el marco del evento remarcaría la que tuve con la activista nicaragüense Edipcia Dubón, que me comentó su desconfianza hacia el nuevo proceso de diálogo convocado por Daniel Ortega.

También las charlas con varios activistas mexicanos sobre las dudas que despierta la llegada de AMLO al poder. Les recomendé concentrar esfuerzos en evitar la convocatoria de una Asamblea Constituyente, mecanismo que en varios países del continente ha sido la piedra angular para la construcción de regímenes neo-autoritarios.

viernes, 1 de marzo de 2019


¿ADELANTAMIENTO DE ELECCIONES?



Emilio Martínez Cardona

Durante el ampliado del Movimiento Al Socialismo realizado el sábado en Cochabamba, Evo Morales confesó que su partido pedirá al TSE “que se cambie la fecha de las elecciones nacionales”, adelantándolas o retrasándolas para que no coincidan con los comicios de Argentina y Uruguay.

Aquí pueden estar pesando varios factores:

1. La necesidad de adelantar los comicios ante el agravamiento de la situación estratégica para el MAS, ante un probable derrumbe del régimen de Maduro y por las debilidades en la macroeconomía nacional (que incluso presionan el tipo de cambio, como lo indica una reciente publicación de Bloomberg). Aquí se plantearía pisar el acelerador antes de que los factores negativos desgasten aún más al gobierno.

2. La influencia de las elecciones argentinas, donde una reelección de Mauricio Macri (hasta ahora la probabilidad más fuerte) tendría un efecto negativo para Evo. En esta alternativa, se buscaría efectuar los comicios bolivianos antes que los del vecino país.

3. La necesidad de trasvasar votantes por la frontera, como se sospecha que siempre lo hicieron el masismo y el kirchnerismo. Si las elecciones son simultáneas, no puede aplicarse este sistema de “ayuda mutua” electoral.

Evo Morales nuevamente pone en evidencia la dependencia del Tribunal Supremo Electoral con su gobierno. Órgano al que ahora llega a darle instrucciones para cambiar la fecha de la votación nacional a su conveniencia.

Pero es también una señal de la debilidad electoral del MAS, que quiere adelantar los comicios ante el desgaste que está sufriendo su gobierno (las encuestas muestran al caudillo cocalero estancado en su voto duro, con un tercio de las intenciones de sufragio).

Otra razón que lleva a apurar el cronograma electoral es el temor del régimen populista a que cuando caiga Maduro se empiecen a conocer más detalles sobre negocios irregulares con Venezuela, lo que podría incluir a la consabida “Ruta del Alba”.

En este marco, la estrategia de las fuerzas democráticas bolivianas debería enfocarse en lograr un mayor acompañamiento de la comunidad internacional al proceso electoral, sobre todo en el monitoreo al TSE, para evitar que Bolivia acabe de convertirse en una nueva Venezuela o Nicaragua, algo para lo que falta demasiado poco.

Hablamos de gestionar presión de la OEA y UE para supervisar el registro de votantes en el exterior, preservar al cronograma electoral de manipulaciones presidenciales, respaldar al vocal disidente al que probablemente se busque hacer dimitir desde el oficialismo, sustituir a vocales parcializados con el MAS, vigilar la integridad del sistema informático y contar con misiones de observación permanentes en los últimos meses de la campaña.

Y, claro, la bala de plata: acelerar la definición “per saltum” del sistema interamericano de derechos humanos, sobre el uso falaz del Pacto de San José de Costa Rica con el que se intenta blindar el reeleccionismo infinito de Evo Morales.


Lo mágico en la ciencia



Emilio Martínez Cardona

-Artículo publicado en el número 20 de Percontari, revista del Colegio Abierto de Filosofía

Contrariando mi plan original, que era el de discernir los funcionamientos antinómicos del pensamiento científico y del pensamiento mágico, preferí la vía más problemática, pero probablemente también más fértil, de enumerar varios casos de intersección entre estos dos conjuntos o de fronteras borrosas entre ambos.

Comienzo por algunos ejemplos de intuición onírica que han supuesto grandes desarrollos en la ciencia: el de Friedrich August Kekulé, que en el siglo XIX tuvo no uno sino dos sueños –incluyendo a la serpiente alquímica Uroboros- que le permitieron establecer la estructura de la molécula del benceno, abriendo un vasto campo para la química orgánica; y el del matemático indio Srinivasa Ramanuján, quien hizo importantes contribuciones a la teoría de números, las series y las fracciones continuas, aportando los cimientos para la actual formulación de la teoría de cuerdas, todo en base a mensajes que, según afirmaba, le dictaba en los sueños la diosa Namagiri.

Una clave para desentrañar esta aparente paradoja podría estar en los estudios del antropólogo Claude Lévi-Strauss, sobre todo en su obra El pensamiento salvaje (1962), donde desmontaba la oposición absoluta entre el modo de pensamiento de los pueblos primitivos y civilizados, tal como había sido expuesta por Lucien Lévy Bruhl.

En el libro mencionado, explicaba cómo mucho del “pensamiento primitivo” contenía las mismas reglas estructurantes que el moderno pensamiento científico y viceversa. De esto podemos deducir que hay igualmente un núcleo de pensamiento mágico subsistente en la ciencia.

No muy distinto fue lo formulado por un racionalista como Bertrand Russell, quien admitía que en última instancia el método científico se basa en un “misticismo lógico”, donde tarde o temprano se llega a un axioma fundante indemostrable, que requiere un salto de fe.    

Habrá que superar, entonces, la lineal filosofía de la historia y de la ciencia legada por Comte, que todavía nos condiciona aunque sea de manera implícita o inconsciente. Aquella que dividía la historia en las etapas religiosa, metafísica y positiva.

El paradigma sustitutivo de ese evolucionismo cultural ingenuo podría ser el de un paralelismo o complementariedad entre dos modos de pensamiento, entre esas dos “mentes” que coexisten en la estructura bihemisférica del cerebro humano.

jueves, 21 de febrero de 2019


THOR LLAMA A GUAIDÓ



Emilio Martínez Cardona

No, no es un intento de hibridar los cómics de Marvel o la mitología escandinava con el realismo mágico latinoamericano. El suceso es auténtico y fue informado directamente por el mismo Thor a través de su cuenta en Twitter, el pasado lunes.

“Hablé con Juan Guaidó hoy para reiterar el apoyo del gobierno islandés. Seguiremos presionando para un retorno pacífico a la democracia en Venezuela, permitiendo que las elecciones libres y justas se celebren lo antes posible”, indicaba el tuit en cuestión.

Nos referimos, claro, a Gudlaugur Thor, ministro de relaciones exteriores de Islandia, tierra adonde las sagas sobre el dios del trueno llegaron de la mano de los navegantes vikingos.

Curiosidades aparte, el apoyo islandés sube el número de naciones que respaldan al presidente interino de Venezuela por encima de la cincuentena, reuniendo a las mayores democracias del planeta.

Del otro lado, el usurpador Nicolás Maduro apenas exhibe el apoyo de autocracias como Rusia y Turquía, las dictaduras china y cubana, y el régimen fundamentalista de Irán. El club de las tiranías.

Uruguay y México, por su parte, juegan la carta de una neutralidad hipócrita, que intenta pero no logra ser efectivamente funcional a los intereses del castro-madurismo. Para ellos escribió Dante Alighieri en La Divina Comedia: “Los confines más oscuros del infierno están reservados para aquellos que eligen mantenerse neutrales en tiempos de crisis moral”.

Luego está el caso de Nicaragua y Bolivia, que de ser dóciles alfiles del bloque populista-autoritario ahora parecen empezar a buscar con nerviosismo algún camuflaje que les permita asegurarse su propia supervivencia política.

De ahí que Daniel Ortega ofrezca reformas electorales, reapertura del diálogo y contactos con la OEA, y que Evo Morales procure apaciguar al gobierno de Jair Bolsonaro entregando al terrorista Cesare Battisti. También ha sido sintomática la ausencia del representante del régimen masista en la última reunión del grupo pro-Maduro en Naciones Unidas.

La coyuntura debería ser aprovechada por la oposición boliviana para arrancar concesiones en materia de transparencia electoral –como un mayor monitoreo internacional del proceso de registro y votación-, en sinergia con la presión externa. Esto, por supuesto, mientras se mantiene la movilización popular en defensa del 21F y el desconocimiento sistemático a la ilegal repostulación presidencial del caudillo cocalero.

Lo cierto es que los días de la dictadura chavista en Venezuela están contados y que la caída de Maduro (quien probablemente busque asilo al amparo de Erdogan) conllevará efectos importantes en Bolivia: desde la desestabilización psicológica en los tomadores de decisiones oficialistas hasta un flujo de información estratégica desde la administración Guaidó, sobre transferencias irregulares de fondos y vuelos con cargamentos ilícitos en la denominada “Ruta del Alba”.

A los regímenes de la mentira no los salvará ni Loki.


jueves, 14 de febrero de 2019


Sobre puentes y Pontífices



Emilio Martínez Cardona

Semanas atrás, el papa Bergoglio hablaba desde Panamá de “construir puentes y no muros”, en clara alusión negativa a una de sus bestias negras favoritas, Donald Trump.

Es cierto que la construcción de puentes (sociales, políticos, culturales, religiosos) es parte fundamental de su rol como Pontífice, que en la antigua Roma era el funcionario que tenía a su cargo el cuidado del puente sobre el río Tíber.

Pero al margen de la polémica sobre el muro fronterizo que se comenzó a construir con Bill Clinton, se continuó con George W. Bush y al que Trump quiere completar, sería importante que Bergoglio aplicara su afición a los puentes al caso venezolano, donde éstos se encuentran bloqueados por un narco-régimen que evita la llegada de alimentos e insumos médicos que serían vitales para la supervivencia de casi 300.000 personas.

Sin embargo, lejos de pronunciarse por la apertura humanitaria de los puentes, el amurallado Vaticano ha elegido una supuesta “neutralidad positiva”, que en realidad debe llamarse prescindencia.

Aunque la neutralidad activa (que es su nombre correcto) no es algo nuevo, sino la doctrina que ha orientado casi permanentemente a la diplomacia helvética, eso no ha impedido que Suiza condenara las invasiones soviéticas de Hungría, Checoslovaquia y Afganistán, o al sistema del apartheid en Sudáfrica. De manera que no puede ser excusa para ignorar el drama venezolano, o para referirse a él de forma sibilina, con una “imparcialidad” digna de Poncio Pilatos.

A los católicos rigoristas que ven un problema en disentir con Bergoglio en este tema, habrá que recordarles que la infalibilidad pontificia sólo es válida para las declaraciones “ex cathedra” en las que el papa define dogmas de fe, y no alcanza a sus opiniones políticas, que pueden ser discutidas con libertad.

El trasfondo para la orientación de Bergoglio es su pasaje décadas atrás por la “teología del pueblo”, prima-hermana peronista de la marxista “teología de la liberación”, lastre ideológico setentista del cual el papa no parece haberse desprendido.

De ahí su furibundo anticapitalismo y su absoluta incomprensión del liberalismo económico; sus sonrisas indisimuladas con los capos de la mafia socialista del siglo XXI; su frialdad hacia los nuevos gobernantes que encarnan el giro re-democratizador en América Latina, tras los desastres del populismo.

¡Qué nostalgia de las épocas en que otro papa, Karol Wojtyla, ayudaba a derribar aquel muro que sí merecía ser destruido! El de Berlín, claro, la infame “muralla antifascista” que no habría caído sin la previa rebelión polaca de Solidarnosc, alentada desde el Vaticano, con la que comenzó el derrumbe del dominó totalitario en Europa del Este.

Tal vez habrá que enviarle a Bergoglio un ejemplar del libro “El espíritu del capitalismo democrático”, del filósofo católico y liberal Michael Novak, cuyo pensamiento influyó decisivamente sobre la encíclica “Centesimus Annus” de Juan Pablo II, donde se afirma que “el libre mercado es el instrumento más eficaz para colocar los recursos y responder a las necesidades”.

(Nota: Al momento de publicarse este artículo, se conoció la respuesta papal al pedido de mediación hecho por Nicolás Maduro. En la carta, Bergoglio llama al usurpador “Excelentísimo Sr.” y no presidente, lo que representa un mínimo paso en la dirección correcta).