lunes, 15 de enero de 2018

El vice y su elogio de la oclocracia

Emilio Martínez Cardona

Entrevistado por un medio de prensa español, Álvaro García Linera recurrió a diversos malabares retóricos para tratar de encubrir la naturaleza autoritaria del régimen que co-gobierna.

Según el segundo mandatario, cumplir las disposiciones jurídicas que impiden la re-reelección presidencial sería “una lectura plana de lo institucional”. También negó que el poder constituyente se hubiera manifestado en el referéndum del 21F, reservándolo exclusivamente para “la sublevación de la gente, en 2001, 2003, 2005, que se expresó en la votación por Evo”, quien representaría al “núcleo ígneo de lo popular en movimiento”.

Por esta misma senda, incurrió en el culto a la personalidad de cuño estalinista, señalando que “Evo es la personificación de la unificación de lo popular”.

Al mismo tiempo, esbozó su particular idea de la democracia, basada en “elegir al que se considera descalificado, inepto, para ser autoridad”. Una concepción más cercana a la oclocracia (“el gobierno de los peores”), también llamada kakistocracia, definida por el filósofo Frederick M. Lumley como un “estado de degeneración de las relaciones humanas en que la organización gubernativa está controlada y dirigida por gobernantes que ofrecen toda la gama, desde ignorantes y matones electoreros hasta bandas y camarillas sagaces, pero sin escrúpulos”.

Una descripción que parece ajustarse al dedillo a la realidad del régimen evista.

Los dislates sobre el “apego muerto a la democracia representativa” incluso motivaron una respuesta en Twitter por José Miguel Vivanco, de Human Rights Watch (HRW),  quien indicó que García Linera “prefiere una interpretación atravesada (y descabellada) de la Convención Americana de DDHH para entronizar a Evo”.

Además, el vice lanzó algunas teorías-boomerang sobre los cambios políticos que son inducidos por la “unificación de las clases subalternas, fragmentadas”. Algo que perfectamente podría aplicarse a la actual galvanización de fuerzas sociales que protestan contra el Código Penal de la Dictadura.

De paso, el sofista mayor del gobierno hizo afirmaciones de una credibilidad cercana a cero, asegurando que si bien el Movimiento Al Socialismo no se ocupó de generar liderazgos alternativos al del caudillo cocalero “por la adversidad en que ha nacido nuestro poder”, “ahora tenemos siete años para eso”, apuntando al 2024.

La narrativa de siempre en este tipo de regímenes, que disculpan su autoritarismo intrínseco con la excusa del “acoso de los enemigos externos e internos”.


El Día





jueves, 4 de enero de 2018

Tambores de guerra en el evismo tardío

Emilio Martínez Cardona

Ante la extensa “rebelión de los mandiles” protagonizada por los médicos bolivianos, varios voceros del régimen de Evo Morales han comenzado a batir tambores guerreristas, en un probable intento de intimidación.

“Hemos venido a la guerra”, dijo el vicepresidente Álvaro García Linera, ex integrante de la banda terrorista del EGTK. Otro tanto hizo la presidenta de la Cámara de Diputados, Gabriela Montaño, en un tuit ininteligible que pedía “guerreros” para el año que comienza.

Más allá del obvio intento de imponer la lógica del miedo ante una movilización circunstancial, las declaraciones militaristas dejan entrever otros dos factores de fondo: por una parte, queda claro que la adscripción de estos personajes a la democracia fue meramente instrumental, una conversión sin fe que sólo buscaba la destrucción de las instituciones republicanas desde adentro.

Por otra parte, desde el evismo parece estarse haciendo una lectura de la nueva fase histórica en la que hemos entrado, marcada por la debacle continental de los populismos filo-chavistas, un contexto en el que la violencia de Estado podría ser la última fórmula para sostener, parafraseando a Stalin, el “socialismo del siglo XXI en un solo país”, o en unos pocos.

En suma, derrumbado bajo su propio peso el relato seudo-épico del “proceso de cambio”, apenas queda el “poder duro” para buscar esa perpetuación tan necesaria para las camarillas cleptocráticas, que se han enriquecido durante más de una década abusando en su propio interés del “capital administrativo de la nación”, para usar una expresión del propio segundo mandatario.

La historia del evismo podría dividirse en tres fases: precoz, madura y tardía, siendo la primera la que va desde el comienzo de la agitación cocalera hasta el derrocamiento de un presidente constitucional en octubre de 2003; la segunda desde entonces hasta la re-reelección de Morales en 2014 y la tercera sería la actualmente en curso, signada por la hiper-corrupción y el agotamiento del modelo del rentismo gasífero.

En el marco del evismo tardío, se observa una creciente insumisión de las capas medias, ya se trate de plataformas ciudadanas, estudiantes universitarios o colegios de profesionales, que es precisamente contra quienes se dirigen los nuevos instrumentos jurídicos represivos creados por el régimen.

Teniendo en cuenta que en toda la historia universal han sido los estamentos mesocráticos los principales protagonistas de los cambios políticos significativos (la única revolución obrera real fue la del sindicato Solidarnosc contra la dictadura del general pro-soviético Jaruzelski en Polonia), cabe preguntarse hasta qué punto podrá contener a estos poderes emergentes el régimen neo-autoritario del Movimiento Al Socialismo, con su caja de herramientas persecutorias o inquisitoriales.

Lo que se viene es una pulseta entre una sociedad dinámica de urbanización intensificada y una oligarquía burocrática con referentes ideológicos tan despóticos como anacrónicos.


El Día



jueves, 28 de diciembre de 2017

Cuba traslada su crisis a Bolivia

Emilio Martínez Cardona

Al tiempo de anunciar la decisión de posponer su retiro del poder hasta abril del 2018, el dictador Raúl Castro dejó entrever la crisis que atraviesa la isla, señalando que se viene “un año complicado para las finanzas externas de la nación”.

Sucede que la explotación de la economía venezolana, que sostuvo a la dictadura cubana durante casi dos décadas, ya no funciona, teniendo en cuenta el colapso del modelo socialista del chavismo.

De ahí que Castro II esté buscando desesperadamente alternativas de financiamiento externo, un contexto en el que se produce la llegada de grandes contingentes de brigadas médicas cubanas a Bolivia.

El elemento facilitador para el ingreso de estos “doctores esclavos”, que envían al Estado castrista dos tercios de lo cobrado, es la rebelión de los médicos bolivianos contra el artículo 205 de la nueva Ley del Código del Sistema Penal, que criminaliza a los galenos con un marco normativo discrecional.

Se trata de una nueva “ley infame” o anti-convencional, violatoria de los tratados internacionales de derechos humanos firmados por Bolivia. Una pieza más en la legislación represiva construida de manera metódica por el régimen evista.

Los médicos cubanos llegan inicialmente como rompehuelgas, pero dado que el artículo 205 busca que los doctores bolivianos renuncien a sus puestos, pueden abrirse muchas plazas permanentes para los caribeños. Una operación mediante la cual Bolivia transferirá fondos frescos a su tiranía-madre de La Habana.

Es difícil estimar el monto preciso de esa transferencia, debido a la opacidad con que los operadores gubernamentales del evismo manejan el arribo de las brigadas cubanas.

Consultada sobre la cantidad de médicos caribeños llegados recientemente, la ministra de salud Ariana Campero profirió un sonoro “¡Ay, no sé!”, tan risible como desvergonzado. Por cierto, la funcionaria es un cuadro ideológico formado en la Escuela Latinoamericana de Medicina del castrismo, y su currículum se reduce al desempeño de funciones burocráticas al servicio del gobierno de Evo Morales.

Con un régimen que prioriza el gasto en obras faraónicas de dudosa calidad, ejecutadas por empresas chinas; las compras de armamento ruso y el despilfarro en seguridad del Estado, la salud ha sido claramente postergada.

Prueba de esto son los siguientes indicadores. Bolivia aparece en la región con la mayor tasa de mortalidad infantil y materna, y con las tasas más bajas de densidad de médicos por población y de camas por hospital.

Tanto la expectativa de vida como el gasto en salud (en porcentaje del PIB y por persona) son también los más bajos de la región.

Estos indicadores no mejorarán con la criminalización de los médicos bolivianos ni con la llegada de las brigadas cubanas. Su mejoramiento exigiría una nueva política de Estado que, entre otros elementos, debería incluir la descentralización de recursos hacia las entidades autonómicas. Algo que un gobierno centralista y concentrador de poder como el de Morales no parece dispuesto a hacer.

El Día




lunes, 25 de diciembre de 2017

Once de mis libros en la Biblioteca del Congreso de EEUU

Ciudadano X

La masacre del Hotel Las Américas

El Banquete

Noticias de Burgundia

Macabria y otros cuentos

Antiguos jardines

Cartografías

Relaciones peligrosas: el eje Teherán-Caracas-La Paz

Desde el exilio

Cuentos para emborrachar la perdiz

Marea blanca



sábado, 23 de diciembre de 2017

Piñera y los conversos

Emilio Martínez Cardona

Sebastián Piñera se impuso ampliamente en el ballotage chileno del domingo, con una maniobra que ante todo consistió en conquistar el centro, abandonado por la ex Concertación que ha optado por alianzas cada vez más radicales hacia la izquierda.

Un ángulo interesante de esa estrategia fue la lucha de ideas, desmontando la dicotomía irreductible de pinochetismo vs. allendismo, implantando un relato histórico más abarcador, basado en un liberalismo democrático y moderno.

En buena medida, el debate hacia esta nueva narrativa fue abierto por dos ex marxistas, ahora devenidos en sólidos pensadores liberales: Mauricio Rojas y Roberto Ampuero. En 2015, ambos presentaron un libro escrito a cuatro manos, “Diálogo de conversos”, publicación considerada “una excelente noticia” por el Premio Nobel de Literatura Mario Vargas Llosa.

En la obra, Rojas y Ampuero cuentan su progresiva conversión, desde el socialismo juvenil que los llevó a participar en el catastrófico gobierno de la Unidad Popular, hasta una visión crítica del estatismo burocrático, desarrollada ante todo en el exilio.

“Ambos hablan con extraordinaria franqueza y fundamentan todo lo que dicen y creen con experiencias personales, lo que da a su diálogo una autenticidad y realismo de cosa vivida, de reflexiones y convicciones que muerden carne en la historia real y que están por lo mismo a años luz de ese ideologismo tan frecuente en los ensayos políticos, sobre todo de la izquierda aunque también de la derecha, que se mueve en un plano abstracto, de confusa y ampulosa retórica, y que parece totalmente divorciado del aquí y del ahora”, dice Vargas Llosa.
    
Tanto Rojas como Ampuero han sido, además de notables ideólogos, integrantes del equipo programático en la exitosa campaña de Piñera.

Todo esto nos hace recordar una frase, dicha jocosamente al líder del Partido Comunista Italiano (PCI), Palmiro Togliatti, por el escritor Ignazio Silone, fundador y luego disidente de esa fuerza política: “La batalla final será entre comunistas y ex comunistas”.

Mitad broma y mitad profecía, el aserto de Silone hacía referencia a la importante contribución a la causa de la libertad hecha por intelectuales ex partidarios del marxismo, entre los que se cuentan figuras de la talla de André Gide, Arthur Koestler, George Orwell, Stephen Spender o James Burnham.

Tal vez la clave para esta contribución estribe en que los ex marxistas llegaron a conocer en profundidad los perversos mecanismos de distorsión de la realidad y de anulación de la individualidad, puestos en práctica por la dictadura soviética o por sus facsímiles chinos y cubanos.

“Nosotros, los ex comunistas, somos las únicas personas que sabemos de qué se trata”, señaló en su momento Koestler.

Posiblemente no haya una “batalla final”, como no habrá un fin de la historia, y la tentación totalitaria deba ser conjurada cíclicamente. Pero en esa tarea el ejemplo de quienes supieron romper con las fuerzas liberticidas -aún a costa de la descalificación y el vituperio- servirá como fuente de inspiración permanente.



viernes, 15 de diciembre de 2017

“Victorias” electorales del 98%

Emilio Martínez Cardona

El régimen chavista realizó un nuevo simulacro electoral el domingo pasado, en medio de una alta abstención opositora. El resultado oficial según el sumiso CNE fue la victoria del partido de gobierno (PSUV) en el 98% de las alcaldías, cifra tan irrisoria como desvergonzada, que trasluce el desenmascaramiento del orden autocrático venezolano.

Los “triunfos” comiciales con números cercanos al 100% son típicos de las dictaduras que celebran votaciones fraudulentas, ya sean elecciones o plebiscitos ratificatorios. 

Por ejemplo, en las elecciones parlamentarias cubanas del 2008, los hermanos Fidel y Raúl Castro recibieron 98,26% y 99,37% respectivamente.

En 1947, el voto afirmativo a la Ley Orgánica del franquismo obtuvo un 89,86% de los sufragios, mientras que el dictador paraguayo Alfredo Stroessner “ganó” su última reelección con el 88,8% de la votación.

En las elecciones legislativas de la URSS en 1937, el apoyo al Partido Comunista para el Soviet de la Unión fue del 99,3% y del 99,4% en el Soviet de las Nacionalidades. Eran los tiempos en que Josef Stalin solía decir que “no importa quién vota, sino quién cuenta los votos”.

Por su parte, Adolf Hitler impuso la opción por la anexión de Austria a la Alemania nacionalsocialista por un 99,70%, en un plebiscito con papeletas donde la casilla del Sí tenía el doble del tamaño de la contraria.

Y en las elecciones generales de Italia de 1934, la lista fascista de Benito Mussolini alcanzó el 99,85% de los sufragios.   

Los ejemplos serían interminables, incluyendo tanto a dictaduras de izquierda como de derecha, que hicieron de sus farsas electorales una burla sistemática de la democracia.

En Bolivia, si bien no se ha dado un resultado global a estos extremos, sí ha sucedido que el evismo se ha impuesto por más del 90% en zonas donde la coerción de los sindicatos cocaleros y sus aliados prohíbe el control opositor y dicta las consignas inapelables del “voto comunitario”.

¿Será esa la “democracia de la unanimidad” de la que habló recientemente Evo Morales, con la que sueña sustituir a la democracia liberal “de mayorías y minorías”?

De todos los ejemplos históricos citados, sólo en uno –España- el régimen terminó convocando a elecciones realmente libres tras la muerte del dictador, quien de hecho había sentado las primeras bases para la Transición con el nombramiento de Juan Carlos de Borbón como sucesor en la Jefatura del Estado.

En los demás casos, la democratización se dio a través de distintas vías de hecho: el derrocamiento por colaboradores cercanos (Paraguay), la intervención extranjera (Alemania e Italia) o la implosión política y social (la Unión Soviética). En Cuba, como sabemos, subsiste trágicamente la tiranía más larga del continente.

¿Tendrá Venezuela su salida pactada “a la española”, como parece intentar por última vez la discutida Mesa de la Unidad Democrática con el diálogo en la República Dominicana, o la situación requerirá de otros procedimientos? Juzgue el lector.

El Día




viernes, 8 de diciembre de 2017

Un recuerdo de la Encyclopaedia Britannica. 1999.

jueves, 7 de diciembre de 2017

3D: Desafíos para una nueva mayoría

Emilio Martínez Cardona

Han pasado varios días desde que una nueva mayoría ciudadana emergente rechazara en las urnas las ternas unipartidistas, diseñadas por el Movimiento Al Socialismo para las elecciones judiciales.

Bajo el doble impulso de la náusea por la corrupción en la justicia y de la rabia legítima por el desconocimiento a la voluntad popular expresada el 21F, operado este último por medio de un tribunal probablemente venal, el mapa electoral muestra con claridad que el voto consigna del oficialismo para validar a los postulantes fue rechazado en todo el país, con los matices que detallaremos.

El voto protesta fue gigantesco en las capitales departamentales, destacando el 79,20% de sufragios nulos en Santa Cruz de la Sierra, el 75,55% en la ciudad de Cochabamba y el 72,41% en la ciudad de Potosí.

Los votos nulos superan la mayoría absoluta en 6 de los 9 departamentos de Bolivia, mientras que los válidos promedian el 30% en casi todos.

Si analizamos las elecciones judiciales anteriores, del año 2011, y comparamos sus resultados con los comicios generales del 2014, podríamos tener una proyección sobre algunos escenarios posibles en la votación del 2019 que se avecina.

En aquella ocasión, los votos nulos y blancos rondaron el 60%, alcanzando los primeros el 41%. Este último porcentaje fue consistente con el apoyo recibido por la oposición en las elecciones nacionales del 2014, si sumamos las diversas candidaturas.

Esto nos indica que el voto nulo y el blanco tienen distinta naturaleza, marcadamente opositora la anulación y de divergencia circunstancial o puntual la otra opción.

Si esto se repite en el 2019, las fuerzas que buscan la alternancia democrática podrían sumar una mayoría absoluta, en tanto que el evismo tendría un techo de aproximadamente un 45%, suponiendo que el oficialismo pudiera reabsorber lo perdido en los votos en blanco.

Hay que tener en cuenta que el Movimiento Al Socialismo ha decrecido en todos los comicios donde no participa su principal caudillo, como las elecciones subnacionales e incluso en la franja de diputados uninominales. Y que en caso de perpetrarse la inconstitucional postulación de Evo Morales, éste añadiría al menos 10 puntos al porcentaje logrado por el masismo en las judiciales.

El panorama parecería alentador para la oposición, indicando casi con seguridad que el Senado sería controlado por las opciones republicanas y que, en caso de alcanzarse un acuerdo amplio de unidad, existe la probabilidad de ir a una segunda vuelta eventualmente ganable contra el “Jefazo”.

Donde deben encenderse las alarmas es en las previsibles trampas que impulsará un régimen discípulo del chavismo, lo que podría incluir desde la convocatoria a un Congreso Constituyente ilegal hasta una intensificación en las maniobras de fraude.


La lucha por una auditoría del padrón electoral con veeduría internacional y por un pronto pronunciamiento de la CIDH sobre los alcances de la Convención Americana de Derechos Humanos parecen dos objetivos en los cuales deberían concentrar esfuerzos los partidos políticos, las plataformas ciudadanas y otras fuerzas de la sociedad civil.

El Día


viernes, 1 de diciembre de 2017

Polos de desarrollo

Emilio Martínez Cardona*

Uno de los discursos que está comenzando a ser ensayado por el oficialismo, probablemente de cara a las elecciones del 2019, es el referido a la “multipolaridad económica”, un paquete en el que se haría entrar a los diversos proyectos de desarrollo que el Estado Plurinacional promueve en distintas zonas del país.

El relato en construcción del Movimiento Al Socialismo tiene la posible intención de reposicionar al partido de gobierno en las 74 ciudades intermedias que conforman buena parte de la nueva estructura demográfica nacional, de acuerdo a datos del Censo de Población y Vivienda del 2012.

El problema con este discurso es la disonancia entre los proyectos en papel y la terca realidad, originada en la contradicción fundamental que existe entre multipolaridad económica y rígido centralismo político.

La planificación centralizada en el Palacio Quemado y sus inmediaciones está dando como resultado una evidente irracionalidad en muchos de los proyectos impulsados, dada la distancia entre el núcleo decisional y las circunstancias concretas, locales y regionales, donde se implementan las iniciativas.

Es una nueva versión de la conocida dispersión de información en la economía y sobre la incapacidad del Estado –sobre todo en su nivel central- para registrarla y procesarla.

De ahí que se instalen ingenios azucareros en zonas sin materia prima cañera, plantas de urea lejos de los mercados consumidores o aeropuertos internacionales en lugares donde hay más tripulantes que pasajeros.

Muy por el contrario, un programa serio de impulso a los polos de desarrollo económico requeriría de una coherente multipolaridad política, donde la cooperación del sector público con el privado pueda construirse desde los gobiernos subnacionales.

El economista argentino Luis Rappoport, director de Desarrollo Regional en la administración de Mauricio Macri, señala que “tanto la experiencia internacional como el consenso académico coinciden en que el desarrollo económico y social tiene raíces territoriales”.

El experto subraya que, contra lo indicado en anteriores teorías sobre el desarrollo, éste no dependería ante todo de la inversión, la tecnología y el tamaño de la población activa.

Rappoport comenta los casos de regiones como el norte de Italia, Silicon Valley o Baden Württemberg, que desafiarían ese marco teórico, y donde lo fundamental para el despegue habría sido una densidad de redes de relación, capacidad de innovación, confianza interpersonal, estructuras de servicios, calidad de la educación y cultura emprendedora, vectores que confluirían en un territorio.

Para la construcción de estas capacidades sería clave la alianza entre Estado local, empresarios y universidad, es decir, un modelo políticamente multipolar donde la facilitación del esfuerzo privado sería viabilizada con mucha mayor eficiencia por los niveles de gobierno más cercanos a la gente. En el caso boliviano, gobernaciones y municipios.

Federalismo y desarrollo sería, entonces, una ecuación más inteligente que la de un centralismo presidencial y providencial, desde donde se teledirigen proyectos faraónicos que sólo terminan siendo nuevos elefantes blancos.


*Escritor y analista político

El Día



lunes, 27 de noviembre de 2017

Dialéctica de la reforma y la prudencia



Emilio Martínez Cardona

Artículo publicado en la revista Percontari del Colegio Abierto de Filosofía

I.              El orden social podría definirse como una estabilidad móvil, surgida de un movimiento que no puede ir demasiado rápido ni tampoco estancarse o petrificarse en formas inmutables.

II.              En lo político y cultural, se trata de operar una dialéctica de la reforma y la prudencia, donde la experimentación e innovación no sean objeto de culto –la superstición de lo nuevo-, sino que estén reguladas por una presunción favorable del conocimiento empírico acumulado en las tradiciones históricas.

III.           Las Reflexiones sobre la Revolución Francesa, de Edmund Burke, ofrecen un punto de vista ilustrativo de lo anteriormente afirmado, con su crítica demoledora del racionalismo abstracto –hoy diríamos constructivista- que guió al jacobinismo a la creación de un proyecto proto-totalitario.

IV.               En lo económico, el orden surge más de la cooperación libre y espontánea entre los actores que de las pretensiones de un núcleo planificador, tal como lo demostrara ampliamente Friedrich Hayek. Dada la extraordinaria cantidad de información dispersa en el sistema económico, los intentos dirigistas sueles ser terriblemente desordenadores. 

V.            En el plano ético, volviendo a Burke, la sustentación de un orden se basa en cierto acuerdo mínimo sobre unos valores que no pueden ser considerados relativos. En este sentido, el pensador “old whig” sugiere un consenso deísta más allá de confesiones particulares, enraizado en la noción de un Ser Supremo y un sistema moral heterónomo.

VI.      Se trata, entonces, de buscar una síntesis, con una economía entendida según el marco del liberalismo clásico, mientras la política y la cultura son manejadas con un espíritu de conservadurismo moderado, escéptico y pragmático.

VII.          Esto último requiere de una élite intelectual imbuida de cultura clásica, que pueda preferir, al decir de Michael Oakeshott, “lo contrastado a lo no probado”, “lo conveniente a lo perfecto” y “la felicidad presente a la dicha utópica”.


jueves, 23 de noviembre de 2017

Chile ya tiene su Podemos



Emilio Martínez Cardona*

Las elecciones chilenas del domingo pasado arrojaron resultados algo alejados de lo que vaticinaban los sondeos, fenómeno global cada vez más frecuente y que tarde o temprano obligará a las empresas encuestadoras a la revisión de sus metodologías.

En el primer lugar quedó el centroderechista Sebastián Piñera, aunque con varios puntos porcentuales menos de lo esperado. La otra diferencia importante se registró en la tercera candidatura, de la populista de izquierda Beatriz Sánchez, quien logró seis puntos más de lo previsto.

Lo primero se explica por el buen desempeño del conservador José Antonio Kast, cuya alza en la votación casi coincide a la perfección con la caída de Piñera. A pesar de drenarle votos por el flanco derecho, lo cierto es que la presencia de Kast en el espectro político chileno no deja de ser funcional al postulante favorito, al empujarlo hacia el centro, que es donde está el bolsón mayor de los sufragios.

En cuanto al 20% logrado por el Frente Amplio, es bueno aclarar que no se trata de algo realmente novedoso, teniendo en cuenta que en las elecciones del 2009 un porcentaje idéntico fue alcanzado por el demagogo Marco Enríquez-Ominami, que en los recientes comicios ha visto derrumbarse su apoyo a poco más del 5%.

Ahora, ese segmento volátil de izquierda disconforme está en manos de una fuerza que en gran medida repite las narrativas y el estilo de la formación española Podemos, que lidera el aliado del chavismo Pablo Iglesias.

Chile ya tiene su Podemos y este hecho no es anodino. En la segunda vuelta que se llevará a cabo el 17 de diciembre el FA puede convertirse en el gran elector, en la medida en que decida (y pueda) transferirle su votación al candidato oficialista Alejandro Guillier, quien representa a la burocratizada izquierda en el poder.

Por más que Sánchez se haya apresurado a saludar el ingreso de Guillier al ballotage, dos factores pueden conspirar contra ese endoso de sufragios. Por una parte, estas transferencias no siempre son automáticas y un sector de los votantes del Frente Amplio podría decidir abstenerse; por otro lado, puede darse que a nivel cupular se elija sepultar a la Nueva Mayoría de Bachelet y convertirse en la principal fuerza de oposición a Piñera, constituyéndose en alternativa de gobierno dentro de cuatro años.

Por el lado de la centroderecha, se cuenta con el voto mucho más transferible de Kast en favor de Piñera. Y aunque una lectura superficial de la aritmética electoral apunta que la sumatoria de las candidaturas del bloque de izquierda supera a la de liberales y conservadores, se olvida que el 53% del electorado se abstuvo en la primera vuelta, existiendo por lo tanto una gigantesca bolsa de votos donde buscar respaldo.

En la medida en que la coalición anti-Piñera opte por la campaña negativa contra el “gran empresario neoliberal”, y en que el postulante de Chile Vamos refuerce su perfil moderado y propositivo, la captación de sufragios entre el abstencionismo puede beneficiar al segundo. Es que la esperanza suele derrotar al miedo.

*Escritor y analista político

El Día



viernes, 17 de noviembre de 2017

Reunión de petro-regímenes

Emilio Martínez Cardona



La abundancia de hidrocarburos parecería no ser muy favorable para el desarrollo de instituciones democráticas. Esta podría ser una de las deducciones al ver la lista de participantes en la Cumbre de Jefes de Estado y de Gobierno que cerrará el IV Foro de Países Exportadores de Gas, a llevarse a cabo dentro de pocos días en Santa Cruz de la Sierra.

Entre éstos sobresalen los regímenes híbridos, dictaduras desembozadas, teocracias y monarquías absolutas, mientras que los gobiernos democráticos son unas pocas excepciones que confirman la regla.

Este cártel autoritario controla el 42% del suministro mundial de gas, el 70% de las reservas probadas, el 40% del suministro a través de gasoductos y el 65% ciento del mercado global de Gas Natural Licuado (GNL).

El vínculo entre petróleo o gas con el hegemonismo político es visible en los gobiernos más relevantes del bloque, Rusia e Irán, así como en el régimen anfitrión.

Recientemente, Evo Morales disparó su incontinente artillería verbal contra la “democracia occidental de mayorías y minorías”, sugiriendo sustituirla por la “democracia comunal de la unanimidad”, eufemismo que a todas luces encubre una inequívoca intención totalitaria.

La lista de petro-regímenes que enviarán delegaciones también incluye a Guinea Ecuatorial, dictadura encabezada por el genocida Teodoro Obiang, responsable del llamado “Auschwitz de África”.

Este congreso de “líderes supremos” y de sus delegados tiene la preocupación fundamental de contener la caída del precio internacional del gas, sobre todo teniendo en cuenta que sus regímenes viven de la renta extractivista, base financiera de enormes maquinarias clientelares y de ejércitos ideológicamente adoctrinados.

Por supuesto, esta preocupación es compartida por las sociedades civiles y los opositores de los mismos países, aunque en estos casos vaya entremezclada con el anhelo de desconcentrar la renta gasífera mediante pactos fiscales con los gobiernos regionales.

Afortunadamente, la relación entre hidrocarburos y autoritarismo no parece ser tan determinista si giramos la mirada hacia otras naciones, como Noruega y Estados Unidos, donde la abundancia del “oro negro” no se ha traducido en vocaciones despóticas.

En el caso noruego, por la despolitización del manejo de la renta hidrocarburífera, con un Fondo Soberano tecnocrático que pone a salvo estos recursos del despilfarro clientelar; y en el estadounidense por el carácter eminentemente privado del negocio petrolero.

Sería deseable que en Bolivia se analice la eventual adaptación del modelo escandinavo, para la etapa política posterior al declinante evismo. Mientras tanto, debería implementarse el Consejo Nacional de Hidrocarburos propuesto por entendidos del sector como Boris Santos Gómez Úzqueda, José Padilla y José Luis Parada, para procurar que el tema sea tratado de una vez por todas como una política de Estado y no como un simple botín partidario.

El Día  

viernes, 10 de noviembre de 2017

Reseña en el diario El Mundo (España)



Octubre de 2017.- Se habla de la literatura hispanoamericana como un todo, aunque se sabe que cada autor tiene su geografía, su mundo y su sombra privada. Pero siempre hay casos especiales: uno de los escritores más conocidos y publicados de Bolivia, un señor de la poesía, el relato, el teatro y el periodismo, es uruguayo. El intelectual se llama Emilio Martínez Cardona y nació, en 1971, en la localidad de Minas, capital de departamento de Lavalleja. En 1996 se trasladó a Santa Cruz de la Sierra, en Bolivia. Y allí está.

Martínez Cardona ha publicado algunos de los libros más vendidos del periodismo boliviano y su obra, en general, se conoce ya en toda aquella zona por títulos como Cuentos para emborrachar la perdizMacabria y otros cuentosLibro de los espejosCiudadano XLa masacre del hotel Las AméricasMarea blancaIntroducción al método de la noche y De Orwell a Vargas Llosa.

Voy a invitar al gran autor boliviano Edmundo Paz Soldán a que nos ayude a conocer a este voluntario compatriota suyo: "La literatura de Emilio Martínez configura un universo lúdico, poblado de paradojas circulares borgeanas, guiños cortazarianos y sonrisas de gatos de Alicia en el país de las maravillas, en un tono breve, casi aforístico, que el mejor Monterroso envidiaría".