sábado, 17 de noviembre de 2018


Antipolítica “ciudadana” y caudillos letrados



Emilio Martínez Cardona

Al fin, de acuerdo a las alianzas selladas el pasado martes ante el TSE, el precandidato al que ciertas encuestas –y otras no tanto- daban como favorito de la oposición decidió repetir como estrategia de articulación electoral la misma fórmula que volvió fallido su paso por el gobierno y que lo obligó a abandonar prematuramente la presidencia de la república.

El “Gobierno de Ciudadanos”, como el mismo Carlos Mesa definió a su corta administración, vuelve ahora transformado en eslogan de campaña. En el 2003-2005, significó la renuencia a concertar con los partidos representados en el Parlamento, elegidos para ello de manera democrática.

Esto derivó en que, finalmente, fueran algunos de estos partidos los que tuvieran que asumir el rol de constructores de las políticas de Estado, por ejemplo con el diseño y promulgación de la Ley del Impuesto Directo a los Hidrocarburos (IDH), que sirvió de base a la extraordinaria renta pública que usufructuó y despilfarró Evo Morales (sin haber apoyado el citado instrumento jurídico, al igual que Mesa).

Hoy como ayer, el “Gobierno de Ciudadanos” es una manifestación de la antipolítica, la engañosa pretensión de tomar el timón gubernamental “sin ser político”, lo que constituye una contradicción en los términos.

En otras circunstancias históricas, la antipolítica ha servido para abonarle el camino a proyectos autoritarios, tal como sucedió en el periodo mencionado con el Movimiento Al Socialismo, que apostó por la crisis del sistema de partidos para atornillarse en el poder.

En el caso que estamos tratando, la antipolítica de ropajes ciudadanos puede estar destinada más bien a lo contrario, es decir, a la debilidad crónica y la ingobernabilidad, como expresión de esa sociedad líquida que no sabe construir estructuras duraderas.

Este “utracentrismo” o “populismo light”, que da la espalda a los partidos a la hora de acordar alianzas para salir del régimen evista, probablemente también rehúya cualquier debate serio de ideas.

El profesor emérito de Ciencias Políticas de la Universidad de Bolonia, Gianfranco Pasquino, dice que “hoy hay pocas ideas y falsas; si las ideas políticas no son fuertes, no tienen solidez y no saben comunicarse, abren el espacio a la antipolítica”. Así que el ambiente preferido para blindar la narrativa “ciudadana e impoluta” será el de los clichés convenientes pero superficiales.

“La antipolítica no será derrotada si no tenemos un pensamiento político mejor y más plural, si no hay confrontación de ideas”, acota Pasquino.

La torta de la antipolítica “ciudadana” es coronada por la cereza de un caudillo que, como corresponde al perfil sociológico de este movimiento, será medianamente ilustrado o letrado, para usar la clasificación propuesta por Alcides Arguedas en su “Historia General de Bolivia”.

Figura que, con mejores modales, podría ser casi tan personalista y centralista como el actual “caudillo bárbaro” que busca perpetuarse.

Posdata 1: no hay democracia sin partidos políticos.

Posdata 2: el siglo XXI en Bolivia será federalista.



jueves, 8 de noviembre de 2018


La izquierda residual se reúne en Buenos Aires



Emilio Martínez Cardona

La llegada de Jair Bolsonaro al gobierno del Brasil marca un antes y un después para el Foro de Sao Paulo, el cártel de partidos de izquierda que años atrás coordinó la toma del poder en gran parte de América Latina por los catastróficos “socialismos del siglo XXI”.

Ahora, ante la debacle de esa entidad, varios de los mismos actores que la conformaban buscan otros espacios donde rearticularse. La primera cita de esta “izquierda residual” se dará el 16 y 17 de este mes en Buenos Aires, en un evento organizado por el Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales (Clacso), que hará las veces de “Contracumbre” previa al encuentro de los gobiernos del G20, que se reunirán poco después en la capital argentina.

Entre los disertantes del “foro de pensamiento crítico” (!) de Clacso tenemos a las cleptócratas Cristina Fernández de Kirchner y Dilma Rousseff; al sofista mayor de la autocracia “comunitaria” boliviana, Álvaro García Linera; al ex gobernante colombiano Ernesto Samper, acusado de haber sido financiado por el Cártel de Cali; el neocomunista Pablo Iglesias, alfil de Venezuela e Irán en España; y el ex terrorista tupamaro y parlanchín ex presidente José Mujica, tal vez preocupado por un próximo destape sobre las conexiones del “Lava Jato” en Uruguay. 

Es previsible que poca o ninguna autocrítica salga del encuentro, que más bien estará centrado en el guión prefabricado que trata de: 1) descalificar a los nuevos gobiernos democráticos regionales como una “restauración conservadora”; 2) denostar los ajustes al gasto público como “recetas neoliberales”, obviando que se trata de respuestas necesarias al desbarajuste fiscal dejado por ellos mismos; 3) denunciar el “intervencionismo imperialista de Estados Unidos” en el continente, ocultando injerencias que los populistas de izquierda alentaron, como las de China, Rusia y la teocracia de los ayatolas; y 4) poner en duda las investigaciones sobre la hiper-corrupción de sus regímenes, tildándolas de “persecución política judicial”.

Junto a los protagonistas principales, harán de comparsa otras figuras como el derrotado candidato petista Fernando Haddad y su compañera de fórmula, Manuela Dávila, del Partido Comunista de Brasil; el ultrakeynesiano ex ministro de economía de Argentina, Axel Kicillof; un subgrupo de “militantes sociales” ligados al Papa suplente, Jorge Mario Bergoglio; y el Premio Nobel de la Paz, Adolfo Pérez Esquivel, para quien sólo hay “algunos problemas” en Venezuela y Nicaragua;

De todas formas, es sintomática la ausencia de disertantes de esos dos últimos países, con dictaduras demasiado impresentables, incluso para el cada vez menos creíble Clacso.

Sería bueno que los liberales de América Latina tomen nota y estén atentos para dar una respuesta rápida a las numerosas falacias que sin duda serán producidas y difundidas desde este encuentro. La defensa de la democracia republicana así lo amerita.


jueves, 1 de noviembre de 2018


¿Hacia un “Fondioc” de la salud?

Emilio Martínez Cardona

El gobierno se alista a centralizar recursos de la coparticipación tributaria, correspondientes a gobernaciones y municipios,  con la excusa del Seguro Universal de Salud. Por una parte, se apunta a una medida que pueda tener algún impacto electoral, en vista del estado crítico del sistema nacional de salud y del palpable malestar ciudadano.

Pero también se trataría de una nueva prebenda para los “movimientos sociales” del oficialismo. Esto último, teniendo en cuenta que la medida fue elaborada en encuentros con estas organizaciones sindicales y que el seguro sería manejado con su “control social”…

Así planteada y con estos actores, la iniciativa conlleva un serio riesgo de corrupción o desvíos, dado el antecedente del Fondo Indígena (Fondioc) donde los “movimientos sociales” desfalcaron al menos 182,7 millones de dólares, transferidos a cuentas privadas de sus dirigentes.

La concentración de recursos en el seguro anunciado podría dar lugar, entonces, a una suerte de “Fondioc” de la salud, donde los beneficiarios no serían precisamente los pacientes, sino la burocracia sindical que es pieza clave del esfuerzo reeleccionista.

Junto a los recursos de coparticipación, es probable que se apunte a echarle mano al préstamo de 300 millones de dólares aprobado en junio pasado por el Banco Mundial, teóricamente destinado al fortalecimiento de la red hospitalaria.    

Además del riesgo de corrupción, hay que cuestionar el enfoque centralista adoptado por el gobierno para el Seguro Universal de Salud, que contradice todos los estudios nacionales e internacionales en la materia, donde la descentralización es un elemento fundamental para la eficiencia de la inversión social.

Citemos, por ejemplo, a la Revista de Análisis Económico editada por la estatal Udape, en su número de abril del corriente año, donde se establece “la existencia de una relación positiva entre el desempeño en los sectores salud, educación, vivienda y servicios urbanos, y la descentralización”.

Otro ángulo a tener en cuenta es la posible intención gubernamental de dar entrada en Bolivia –a costa del seguro- a nuevos contingentes de brigadistas cubanos, que serían desalojados del Brasil de Bolsonaro.

El proyecto ha concitado los cuestionamientos de la reciente Cumbre Departamental de Salud realizada en Santa Cruz, impulsada por el Colegio Médico, el Comité Cívico y el Sedes.

Al tiempo de subrayar que Bolivia debe contar con un seguro de salud universal y gratuito, la Cumbre cuestionó la irresponsabilidad de implementarlo “sin garantizar su sostenibilidad financiera”, el afán electoralista y la centralización, que viola tanto la Constitución Política del Estado como la Ley Marco de Autonomía “Andrés Ibáñez”. 

El encuentro también determinó una declaratoria de emergencia y la evaluación de “medidas de presión como las que resistieron al Código Penal”, así que podríamos estar a las puertas de una nueva batalla ciudadana como la vivida en el mes de enero, esta vez contra el centralismo y el peligro de concentrar los escasos recursos de la salud en manos salpicadas por múltiples hechos de corrupción.


jueves, 25 de octubre de 2018


“Alvarazo” al TSE


Emilio Martínez Cardona

Unas tres semanas atrás, advertíamos desde esta columna sobre la disputa entre “moderados y jacobinos” en el seno del Órgano Electoral. En los días siguientes, la prensa prefirió hablar de “institucionalistas y oficialistas”, reconociendo de todas formas la existencia de la pugna.

Ahora, con la renuncia de la presidenta del Tribunal Supremo Electoral, Katia Uriona, el conflicto parece entrar en una nueva fase, a ser resuelta mediante ley desde la Asamblea Legislativa Plurinacional.

Uriona había tenido un papel destacado en la noche del 21 de febrero del 2016, cuando, obviando las grandes presiones gubernamentales, habló ante las cámaras de televisión para informar sobre la victoria del NO en aquella consulta popular.

Desde entonces era una piedra en el zapato del proyecto prorroguista, y está claro que deben haber mediado importantes amenazas para alejarla del cargo.

La suerte estaba echada cuando, en una larga entrevista difundida el fin de semana, el vicepresidente Álvaro García Linera sentenció que “el TSE no tiene nada que interpretar” sobre la habilitación electoral de Evo Morales y su persona, “sólo tiene que cumplir lo fallado por el TCP”.

El núcleo duro del régimen había hablado por boca del segundo mandatario, dejando en claro que la supuesta independencia del Órgano Electoral como “cuarto poder del Estado” sólo es una más de las tantas ficciones jurídicas del sistema plurinacional.

Tras la carta de renuncia irrevocable de Uriona, el vice, quien también preside el Legislativo, señaló que será desde esa instancia que se procederá a rellenar las acefalías en el Tribunal Supremo Electoral. A pesar de que éste aún tiene quórum para sesionar, para el oficialismo suena mejor asegurarse con una mayoría de 5 sobre 7, en vez de mantener la frágil correlación de 3 sobre 5 vocales subsistente en la actualidad.

De esta manera se consumaría el “Alvarazo” al TSE, dejando en ínfima minoría a los restantes magistrados “moderados o institucionalistas”, Dunia Sandóval y Antonio Costas.

Mediante este golpe de Estado al Órgano Electoral, el re-reeleccionismo blindaría la inconstitucional habilitación del Binomio Máximo. Pero no sólo eso. Se abriría también la puerta a manipulaciones significativas en el proceso de los comicios nacionales, retrotrayendo al TSE a la situación de lamentable sumisión que imperaba en el organismo con su anterior equipo de vocales, cuando, por ejemplo, se inhabilitó de un plumazo a 228 candidatos opositores en el departamento del Beni, extremo nunca registrado en los anales del fraude en toda la historia universal.

Si la maniobra se concreta, desaparecerá todo vestigio de confiabilidad en el arbitraje electoral y nos dirigiremos a un sufragio “a la venezolana”, donde el hundimiento del oficialismo en la intención de voto sería compensado a través de múltiples trampas.

Pero antes las calles hablarán, en defensa del mandato vinculante del 21F. Ojalá que también lo haga la Corte de San José, para desmontar esa falacia del “derecho humano” a la perpetuación en el poder.


jueves, 18 de octubre de 2018


Complementariedad en binomios

Emilio Martínez Cardona

Prácticamente está escrito “en la tapa” de cualquier manual de campaña electoral, pero el dato sigue siendo olvidado con frecuencia: un binomio presidencial debe reunir a dos personajes complementarios y no repetitivos, sinérgicos y no redundantes.

Región, etnia, género, extracción social y condición intelectual son algunos de los tantos factores que pueden contrapesarse con una buena amalgama en la dupla electoral, aunque siempre hay las excepciones de rigor que confirman la regla.

Estas reflexiones vienen a cuenta, primero, de un globo de ensayo sobre una presunta precandidatura Andrés Gómez Vela-Amalia Pando, que al margen de la diferencia de género reuniría a dos postulantes casi gemelos: ambos representan a la misma conurbación de La Paz-El Alto, tienen idéntica procedencia ideológica socialista; y una trayectoria periodística similar, que ha ido desde la militancia en el “proceso de cambio” a la actual disidencia y persecución desde el poder…

Méritos individuales hay de sobra en los pre-postulantes, pero su capacidad de irradiación podría agotarse en una burbuja social de clase media urbana, andina y de izquierda, dejando de lado otras grandes realidades nacionales.

Por otra parte, en cuanto a la candidatura de Carlos Mesa, está claro que su perfil fuertemente ligado al occidente del país tendría que ser complementado por una figura relevante de Santa Cruz, y su condición de “independiente” contrapesada por alguien ligado a sólidas estructuras político-partidarias.

Vamos ahora al plano internacional y a una cuestión que analizábamos la semana pasada: la primera vuelta de las elecciones en el gigante brasileño. En el contexto de polarización vigente en el vecino país, ninguna de las dos fuerzas principales apostó por la complementariedad en sus binomios, sino por la redundancia: el Partido Social Liberal con su fórmula militar-militar y el Partido de los Trabajadores con una vice del Partido Comunista.

Ninguno de los postulantes punteros se hizo acompañar por un centrista a la segunda magistratura, elemento que tal vez podría haber ayudado a Bolsonaro a imponerse en la primera vuelta. Aprendiendo rápidamente del error, el candidato del PSL ha optado por aparecer flanqueado por el economista liberal Paulo Guedes más que con el general Hamilton Mourão, correctivo que no desdibuja el alineamiento a la derecha pero que pone el foco en la modernización tecnocrática antes que en un eventual reordenamiento autoritario.

La historia universal es, también, el cementerio de los binomios que no fueron, contrafactuales que de concretarse podrían haber cambiado el curso de los acontecimientos. Pienso, por ejemplo, en la fallida fórmula Perón-Balbín, intento de acuerdo de unidad nacional entre justicialistas y radicales que, de plasmarse en los comicios argentinos de 1973, quizás habría evitado –sucesión mediante- la impresentable administración de María Estela Martínez de Perón y la posterior deriva dictatorial.


jueves, 11 de octubre de 2018


Los últimos días del Foro de Sao Paulo

Emilio Martínez Cardona

El derrumbe del Partido de los Trabajadores en Brasil parece marcar los últimos días del Foro de Sao Paulo, el cártel de partidos de izquierda que propulsó el engendro cleptocrático del “socialismo del siglo XXI”.

Si bien el candidato del PT, Fernando Haddad, sigue en carrera para la segunda vuelta, es poco probable que pueda conquistar los 18 millones de votos que lo separan del postulante de la derecha (obviemos ese cliché de “ultra”), Jair Bolsonaro.

Entonces, la balanza se inclina hacia una larga temporada fuera del poder para el petismo, lo que podría traducirse en la desaparición -o al menos fragmentación- de ese partido.

Esto implica la neutralización del que fuera uno de los dos pilares fundacionales del Foro, junto con la dictadura cubana. Por supuesto, el club de amigos seguirá reuniéndose en los próximos años, pero en un ambiente cada vez más fantasmagórico, al estilo de la orquesta del Titanic.

En cuanto al Brasil, de concretarse una presidencia de Bolsonaro el manejo económico quedará en manos del liberal radical Paulo Guedes, causa de la euforia con que los mercados recibieron la verdadera paliza electoral dada al PT en la primera vuelta.

Guedes ya ha anunciado su proyecto de privatizar todas, absolutamente todas las empresas estatales de su país, incluyendo al gigante de Petrobras, herejía que sin duda provocará que los petro-nacionalistas de toda América Latina se rasguen las vestiduras.

Esto le ayudará al nuevo gobierno brasileño a liquidar gran parte del déficit fiscal y, al mismo tiempo, anulará uno de los focos más importantes de corrupción.

Para el régimen de Evo Morales, esta privatización del mercado de hidrocarburos podría significar que las compras brasileñas de gas boliviano, ya muy mermadas durante la administración Temer, terminen por esfumarse.

Pero lo que tal vez duela más a los “barones de la coca” del Chapare es la política de mano dura con las mafias del narcotráfico adelantada por el candidato del Partido Social Liberal, que afectará a la otra gran exportación boliviana.

Otro efecto geopolítico trascendental de un triunfo de Bolsonaro en el ballotage sería que los dos vecinos con las mayores fronteras con Venezuela, Colombia y Brasil, queden en manos de gobiernos con una sólida orientación anticomunista, lo que puede acabar propiciando algún tipo de “opción militar” liderada por los Estados Unidos, que no necesariamente llegue a un desembarco libertador para acabar con la ocupación cubana e iraní del territorio venezolano, sino que se parezca algo más a la ayuda a la “contra” en Nicaragua brindada por Ronald Reagan en los años ´80, pensada como una herramienta de presión para forzar una salida negociada con elecciones realmente democráticas.

El centro bienpensante debería revisar sus críticas a Bolsonaro y entender que una derecha políticamente incorrecta es, de lejos, una alternativa muy preferible a la reinstalación del cleptomarxismo en el Palacio de Planalto.


jueves, 4 de octubre de 2018


Moderados y jacobinos en el Órgano Electoral

Emilio Martínez Cardona

En medio de la polvareda levantada por el fallo de la Corte Internacional de Justicia, de una contundencia que ni siquiera el equipo chileno esperaba (se apuntaba más bien a una resolución intermedia, ambigua o sibilina), pasó algo desapercibida en días recientes la crisis en el Órgano Electoral, clave para las definiciones ligadas a las elecciones primarias de enero y a los comicios nacionales de agosto/octubre de 2019.

El sismo se produjo a raíz de la aprobación de un reglamento para las primarias que no contó con la anuencia de tres de los magistrados del Tribunal Supremo Electoral: la presidenta Katia Uriona y los vocales Antonio Costas y Dunia Sandóval, los mismos que incluso parecerían no haber sido consultados para el diseño de esa normativa.

El reglamento restringe abusivamente las impugnaciones a los binomios presidenciales, que sólo pueden ser cuestionados legalmente por los militantes inscritos al partido respectivo. Un artilugio con el que se intenta blindar la postulación de Evo Morales Ayma y de Álvaro García Linera como binomio único del Movimiento Al Socialismo.

Hecha pública la disidencia de los tres magistrados, se dio la renuncia al TSE de su vicepresidente “por razones de salud”. Lo que probablemente ponga en evidencia quién fue el autor de la mentada reglamentación.

El renunciante, José Luis Exeni, se desempeñó años atrás como presidente del tribunal, entonces Corte Nacional Electoral, etapa en la que administró el asimétrico referéndum revocatorio del 2008. Consulta que, al decir del ex vocal de la CNE, Jorge Lazarte, fue la votación “con menos confiabilidad que ha tenido el país”.

Todo indica que Exeni encabezaba en los últimos tiempos una suerte de “tribunal dentro del tribunal”, integrado por cuatro de los siete magistrados del TSE. Habrá que estar muy atentos para descifrar la nueva correlación de fuerzas al interior del Órgano Electoral con la salida del vicepresidente, algo que de momento debería fortalecer a los moderados frente a los jacobinos, partidarios de la mayor genuflexión hacia el oficialismo.

Lo cierto es que, más allá de tibiezas, indefiniciones y concesiones al partido de gobierno, la composición actual del TSE es relativamente más fiable, o menos mala, que la que llevó adelante las elecciones nacionales del 2014 y de las subnacionales del 2015, donde se llegó al extremo de inhabilitar a 228 candidatos de oposición en el departamento del Beni.

Prueba de esto es el reconocimiento del Órgano Electoral a la victoria del NO en el referéndum del 21 de febrero de 2016, lo que no implica descartar las versiones que hablan sobre un “recorte” de varios puntos porcentuales a ese triunfo ciudadano, que puede haber sido más amplio.

No quiero exagerar la posibilidad de ese “rayo de luz de esperanza” al interior del TSE, sobre todo teniendo en cuenta la enorme capacidad de presión del régimen evista. Pero tampoco olvidemos la contrapresión que puede ejercer la movilización popular desde las calles.

En cualquier caso, a los magistrados del tribunal les cabrá la tarea de hacer historia, ya sea en el sentido más digno o en el más infame.



domingo, 30 de septiembre de 2018


Evo, el presidente que vive de éxitos ajenos

Emilio Martínez Cardona

Por más de una década, el régimen de Evo Morales usó y abusó de una renta petrolera récord, que su partido atribuyó a la “nacionalización de los hidrocarburos”. Lo cierto es que la producción y exportación gasífera fue lograda gracias a las inversiones atraídas por gobiernos anteriores, denostados como “neoliberales”, los mismos que incentivaron eficientemente la búsqueda de reservas y la apertura de mercados internacionales.

Por otra parte, el ajuste tributario a las petroleras que puso grandes recursos en manos del Tesoro General de la Nación fue generado por la Ley del Impuesto Directo a los Hidrocarburos (IDH), aprobada sin los votos de la bancada del MAS y promulgada por el entonces presidente del Senado, Hormando Vaca Diez, el año anterior a la llegada de Morales al poder.

Pero éste es sólo uno de los muchos casos en los que el presidente cocalero ha buscado atribuirse éxitos ajenos. Otro ejemplo sería el proceso llevado adelante en la Corte Internacional de Justicia (CIJ) de La Haya, protagonizado en lo jurídico y en la vocería por dos ex presidentes de la república.

Morales, por su lado, sólo ha aportado al enrarecimiento de las relaciones bilaterales con Chile mediante una verborrea radical, que dificultaría enormemente las eventuales negociaciones posteriores al fallo del 1 de octubre.

Un caso más reciente de atribución de iniciativas ajenas es la Ley del Etanol, en realidad planteada en el 2005 por un diputado cruceño, Vicente Roca, y que se mantuvo dormida, sin reglamentación, durante 13 años.

Ahora, cuando el Movimiento Al Socialismo entra en la etapa pre-electoral y comienza la búsqueda del voto de Santa Cruz, se activa un instrumento normativo que podría haber estado facilitando el desarrollo de biocombustibles desde muchos años atrás.

Esta política de “transferencia” de ideas o logros ajenos es una de las caras del populismo. La otra es la atribución de los errores propios a los demás, algo que en Venezuela lleva a culpabilizar a la “guerra económica” de la derecha y el imperio por los desastres del socialismo bolivariano. Una actualización del guión cubano del “embargo”, con el que se trata de esconder el descalabro productivo del estalinismo tropical. 

Esto es parte de la demagogia esencial que define a estos regímenes, fundados en ficciones distorsivas de la verdad. Ficciones que al ser cuestionadas por la empecinada realidad son apuntaladas a través de gigantescas maquinarias propagandísticas, censura sutil o brutal de la prensa y hasta reescritura descarada de la historia.

Otro tipo de manipulación al que suelen echar mano los gobiernos de este signo es la estadística, práctica que en la Argentina kirchnerista derivó en un auténtico “vuelo sin instrumentos de navegación”, al decir del presidente Mauricio Macri.

En Bolivia también habrá que estar muy atentos a las distorsiones estadísticas, en un contexto donde se conjugan la desaceleración económica y la competencia electoral. Coyuntura en la que, junto con la absorción de méritos ajenos, puede primar el ocultamiento de las falencias propias de los gobernantes.


jueves, 20 de septiembre de 2018


¿Adelantamiento de elecciones subnacionales?



Emilio Martínez Cardona

Hay fuertes versiones acerca de una próxima jugada en preparación por parte del oficialismo, consistente en un eventual adelantamiento de las elecciones municipales y departamentales, para realizarlas al mismo tiempo que las generales. Una advertencia sobre esto incluso quedó plasmada en un documento emitido hace dos semanas por el Movimiento Cívico Nacional.

La medida podría apuntar a un objetivo estratégico, que es utilizar el arrastre que tiene la candidatura de Evo Morales para mejorar el desempeño de sus candidatos regionales o locales (el MAS siempre baja su votación en los comicios subnacionales).

Sin embargo, la experiencia histórica de elecciones nacionales y departamentales simultáneas, en diciembre del 2005, tampoco fue muy auspiciosa para el Movimiento Al Socialismo (6 de las 9 Prefecturas quedaron en manos opositoras).

Lo que puede haber, entonces, es un signo de debilidad: si el MAS pierde las elecciones nacionales del 2019, así sea en segunda vuelta, su votación en las subnacionales del 2020 se hundiría catastróficamente. En cambio, al realizar todos los comicios en simultáneo, el Movimiento Al Socialismo conservaría el mando en la mayoría de los municipios provinciales del país, además de algunas gobernaciones.

Junto con el blindaje legal a la coca excedentaria del Chapare, esto sería parte de un Plan B de repliegue temporal a reductos fuertes, a la espera del momento para desestabilizar al nuevo presidente y retornar al poder central.    

A pesar del oxígeno que está recibiendo el gobierno con la expectativa positiva sobre el fallo de La Haya, desde el oficialismo se multiplican estas señales involuntarias de debilidad electoral. Al ejemplo citado hay que sumar las declaraciones de dirigentes masistas, advirtiendo que no dejarán gobernar a la oposición si gana las elecciones nacionales. En el mismo sentido hay que anotar el jalón de orejas de Evo a sus compañeros de partido, porque “piensan ser gobernadores sin haber ganado todavía el 2019”.

El referéndum del 21 de febrero de 2016 demostró que el partido oficialista no es imbatible, por más artimañas que utilice, sobre todo abusando de bienes, funcionarios, medios y publicidad del Estado. Está claro que ya no cuenta con mayoría absoluta y que aun logrando la mayoría relativa podría no lograr evitar una segunda vuelta, que implicaría la unificación en su contra de todo el arco opositor. 

Si la alianza principal o “buque insignia” de la oposición democrática alcanza un factible 35%, con un Movimiento Al Socialismo que no pase por mucho del 40%, podría darse esta “gran final”.  

Por supuesto, estos cálculos no son una invitación a la candidez e ingenuidad. Sabemos que de aquí a los comicios nacionales el oficialismo intentará poner todo tipo de trampas en el camino. No es por nada que se barajan los nombres de Raúl García Linera y Juan Ramón Quintana como posibles jefes de campaña.

Pero la precondición para librar cualquier batalla es la confianza en poder ganarla.



jueves, 13 de septiembre de 2018


Primarias y control interno del Estado



Emilio Martínez Cardona

La aprobación de la Ley de Organizaciones Políticas ha sido seguida por un amplio operativo de la maquinaria oficialista para inducir -por no decir forzar- a los empleados públicos de la administración central y de las empresas estratégicas del Estado a afiliarse al Movimiento Al Socialismo, buscando garantizar su participación en las elecciones primarias del partido de gobierno.

De esta forma se revela otro de los objetivos perseguidos con estas primarias apresuradas: fortalecer el alineamiento ideológico-partidario de la clase burocrática, que se había mostrado muy tibia a la hora de movilizarse en las contramarchas “anti-21-F” orquestadas desde el Palacio Quemado.

En este sentido tenemos también las declaraciones recientes emitidas desde el Conalcam, especie de “Estado Mayor” de las guardias sindicales del MAS, estableciendo que “todos los ministros” deben estar afiliados a ese partido.

Volviendo a las primarias, éstas le servirán al núcleo gobernante como lista de control para medir la obediencia de los funcionarios y, eventualmente, para la realización de las “purgas” inherentes a todo régimen socialista.

Para bloquear cualquier margen de disidencia interna entre los burócratas acarreados a punta de planillas a las primarias, se ha indicado que en el masismo habrá un binomio único por el cual votar, a la mejor –o peor- manera cubana.

Lo que tal vez no hayan tenido en cuenta los expertos en control del gobierno es la posibilidad de una rebelión silenciosa en las urnas, donde muchos funcionarios opten, en la soledad del cuarto oscuro, por escribir sobre las papeletas del binomio único la leyenda “Bolivia dijo NO”.

Un porcentaje significativo de votos nulos en la primaria oficialista sería un interesante mensaje a la nación y a los temporales detentadores del poder. Esta es una vía posible para que la “resistencia interna” deje plasmado su descontento con el abuso de sus “Jefazos”.

Del lado opositor, hay dos modalidades por las que estas elecciones primarias, cuestionables pero que ya son un dato pragmático de la realidad, pueden desembocar en un resultado útil para la unificación de fuerzas.

La primera y la óptima es que varios de los partidos con personería jurídica firmen una alianza y vayan juntos a las urnas en enero, con binomios plurales y competitivos. Se trata de convertir el esperpento de la LOP en unas auténticas elecciones internas de la oposición.

Si este gesto de grandeza y desprendimiento no fuera posible, sobre todo por los plazos exiguos impuestos por la ley, queda la alternativa de un acuerdo posterior basado en el “voto útil”, teniendo en cuenta las diferencias entre los caudales de participación en las diversas primarias.

En esta segunda opción, se trataría de incorporar a las listas del partido opositor más votado en enero a figuras de otras fuerzas menores, que deberían declinar una concurrencia por separado a los comicios generales de octubre del 2019.  


jueves, 6 de septiembre de 2018


Argentina: La crisis del Estado K



Emilio Martínez Cardona

No, lo que está en crisis en Argentina no es el gobierno de Mauricio Macri, sino el Estado K, el sobredimensionado sector público dejado como bomba de relojería por Cristina Fernández de Kirchner y su banda.
                
Aunque la administración de Cambiemos hizo varios esfuerzos con miras a la reducción del déficit fiscal que origina la inflación y la caída del peso, como la disminución de un 20% del gasto político y de un 40% en el costo de la obra pública (al eliminar la cartelización en unas pocas empresas amigas del poder), la situación actual demuestra que la moderación gradualista es insuficiente.

Las medidas tomadas esta semana por Macri incluyen un nuevo corte en el gasto político, de nada menos que el 50%, junto a un aumento temporal en la carga tributaria a las exportaciones, medida indeseada por el gobierno argentino pero aplicada con instrumentos más razonables que los implementados años atrás por el kirchnerismo.

Sin embargo, permanece intocado el corazón del Estado K, asunto que tarde o temprano tendrá que ser asumido para la solución definitiva de la crisis estructural. Hablamos de la hipertrofia de empleados públicos supernumerarios, que en los doce años de administración de “Néstor y Cristina” pasaron de 2 millones a 3 millones y medio, un aumento del 75% que les sirvió para la creación de una gigantesca maquinaria clientelista.

Esta empleomanía estatal logró colocar a Argentina como el tercer país con más burócratas por habitantes en el continente, sólo superada por los socialismos de Cuba y Venezuela. Funcionarios que, al decir del propio presidente Macri, “no son ñoquis porque van a la oficina, pero se pasan mirando el reloj porque no tienen nada que hacer”. En el vecino país se llama “ñoquis” a quienes figuran en una planilla de salarios públicos pero no concurren a su teórico lugar de trabajo.

Para corregir este sobredimensionamiento no hace falta echar mano a ninguna “masacre blanca”, sino al ingenio de múltiples mecanismos que transfieran progresivamente alrededor de un millón de empleados públicos al sector privado.

Medidas que van desde la política de “cero vacantes” (cargos que no se cubren cuando se da una baja eventual) hasta los incentivos económicos al retiro voluntario, con financiación al emprendimiento.
  
Pero tal vez la herramienta más poderosa a utilizar podría ser un Plan de Reinserción Laboral operado por medio de Alianzas Público-Privadas, pensadas de forma heterodoxa más allá de la provisión de servicios básicos. Se trataría, más bien, de empresas mixtas orientadas a proyectos productivos, energéticos e industriales, donde el Estado tendría una participación transitoria, pagando en el primer año el 50% del salario de los trabajadores, reubicados desde el sector público y recapacitados. Esto podría reducirse en 10 puntos porcentuales anuales en las siguientes gestiones (40%, 30, 20 y 10) hasta retirarse por completo de la iniciativa, que finalmente quedaría en manos privadas.         

Esta incubadora de empresas, que puede atraer inversiones que prioricen las tecnologías de punta, con un enfoque hacia polos de desarrollo territoriales, sería una alternativa posible a ese Estado K que parece estar lastrando al país de Alberdi, Sarmiento y Borges.

jueves, 30 de agosto de 2018


El control del “timming” electoral



Emilio Martínez Cardona

Sí, la nueva Ley de Organizaciones Políticas procura que Evo Morales y Álvaro García Linera “entren por la ventana” en los comicios nacionales, con un mini-referéndum partidario (las internas) que compense aquel otro, de circunscripción nacional, que perdieron el 21 de febrero del 2016.

Es la parte más evidente de la estrategia oficialista y debería concentrar a todas las fuerzas defensoras del 21F en una interpelación ética ciudadana al Tribunal Supremo Electoral, donde un par de magistrados ya han dado señales de independencia hacia los dictados del Órgano Ejecutivo.

Es al TSE al que corresponde rechazar las candidaturas a las primarias que incluyan a personas vetadas por la Constitución y por el mandato popular de la consulta vinculante. Ya algo de esto ha sido dicho desde ese Tribunal, pero habrá que mantener la guardia alta para reaccionar ante un eventual fallo sibilino, que por un lado “respete” el carácter vinculatorio y simultáneamente dé lugar a la absurda sentencia 0084 del TCP.

Pero hay otros aspectos de la Ley de Organizaciones Políticas que también merecen reflexión pública, referidos ante todo al control del “timming” electoral procurado por el régimen. Se trata de administrarle los tiempos o ritmos a la oposición, imponiéndole una hoja de ruta restrictiva que, entre otras cosas, fuerce a revelar de forma temprana los nombres de los candidatos a las principales magistraturas.

Esto, apuntando tanto a una eventual guillotina judicial previa a las internas, como al afinamiento de la maquinaria de guerra sucia en los medios de desinformación estatales y para-estatales (según estimaciones del Premio Nacional de Periodismo, Humberto Vacaflor, éstos  suman alrededor de un 70% del total de los órganos de prensa del país).

Controlar los tiempos es tener en las manos una de las principales variables estratégicas en un proceso electoral, y ya hemos visto cómo el chavismo abusó de ese instrumento en Venezuela, dictando desde la ilegal Asamblea Nacional Constituyente convocatorias apresuradas a diversos comicios (regionales, municipales y presidenciales) que fueron dispersando gradualmente a la oposición.

Es parte de esa “cancha inclinada” diseñada por los socialismos populistas, para que los goles sean fáciles de hacer hacia un lado pero muy difíciles de concretar hacia el otro.

La manipulación del “timming” viene a sumarse al control del espacio geográfico electoral, plasmado en un mapa de circunscripciones que viola el principio de “un hombre, un voto”, con un claro favorecimiento hacia las zonas hegemonizadas por el Movimiento Al Socialismo. Artificio con el cual el oficialismo amplía desproporcionadamente su verdadera representatividad parlamentaria.

El control del espacio-tiempo electoral es, entonces, el mecanismo a utilizar para esa suerte de “física” del fraude estructural, con la que se busca la perpetuación en el poder de una camarilla cleptocráctica similar a las desenmascaradas en otros países de la región.


viernes, 24 de agosto de 2018


Borges: otro viaje a la semilla



Emilio Martínez Cardona*

Hoy se cumplen 119 del nacimiento de Jorge Luis Borges. Viene bien recordarlo y para eso tomo el artificio de Alejo Carpentier del “Viaje a la semilla”, a su vez tomado de un relato de F. Scott Fitzgerald: “El extraño caso de Benjamin Button”. En sí, un procedimiento cuasi borgeano.

Según esta cronología inversa o antibiográfica, la historia comienza en el cementerio de Plain Palais en Ginebra, Suiza, el 14 de junio de 1986, de donde el cuerpo de Jorge Luis Borges es trasladado a un departamento de la Grand Rue 28. Allí presenta los primeros signos vitales y comienza un notable proceso de desarrollo, aunque está completamente ciego. En un claro síntoma de lucidez, el 26 de abril Borges se divorcia de María Kodama mediante un poder dado a un juez de Paraguay.

Meses después, en diciembre de 1985, Borges viaja a Buenos Aires y publica su ópera prima: “Los conjurados”. La celebridad es instantánea. Kodama lo acompaña en carácter de secretaria privada. Borges cada vez se siente mejor y los síntomas de su enfermedad parecen estar cediendo.

En materia política apoya al radical Raúl Alfonsín, diciendo que “no es peronista, ni marxista, ni gángster”. Viaja por Italia, España, Portugal y Marruecos y toca la piel de un tigre vivo, tema que más tarde le servirá de inspiración para varios poemas y cuentos.

Se manifiesta en contra de la guerra de Las Malvinas e incursiona por primera vez en el ensayo con el libro “Siete noches”, en base al cual dictará una serie de conferencias.

Junto a otros intelectuales firma una carta abierta cuestionando a la Junta Militar argentina. Gana el Premio Cervantes. En 1976 se rumorea que podría recibir el Premio Nobel de Literatura, cosa que no sucede, y meses después recibe la Gran Cruz de Bernardo O´Higgins de manos de Augusto Pinochet.

Sus posiciones ideológicas han cambiado desde los tiempos de la carta abierta y junto a Ernesto Sábato, otro de los firmantes del documento, participa de un almuerzo en la Casa de Gobierno con el general Videla. Se vincula al Partido Conservador y el gobierno militar es reemplazado por otro civil, encabezado por María Estela Martínez de Perón.

En 1975 María Kodama deja de asistirlo como secretaria privada. Borges publica “El libro de arena”, considerado una de sus más grandes creaciones. Ese mismo año su madre, Leonor Acevedo, se incorpora en su cama luego de una larga convalecencia y comienza a fortalecerse. Borges vivirá con ella en un departamento de la calle Maipú 900.

En 1973, con la salida del peronismo del gobierno, Borges accede a la dirección de la Biblioteca Nacional. En 1970 su nombre vuelve a ser mencionado como posible merecedor del Nobel, según una encuesta de Il Corriere Della Sera. Borges se siente más fuerte y algunas arrugas comienzan a borrarse de su frente. Se independiza de su madre y vive con Elsa Astete Millán, su segunda esposa, de quien se separa el 21 de septiembre de 1967.

En 1961 comparte con Samuel Beckett el Premio Formentor. Abandona el Partido Conservador. En diciembre de 1955 se aleja de la Academia Argentina de Letras y meses después debe dejar la dirección de la Biblioteca Nacional, cuando el gobierno de la “Revolución Libertadora” es desplazado por el régimen de Juan Domingo Perón.

Comienza a desarrollar la vista, en un largo proceso que él mismo define como “Un lento amanecer que duró más de medio siglo”. Abandona el bastón que lo había acompañado durante años.

En 1951 publica “La muerte y la brújula”, en uno de cuyos cuentos hay una enigmática alusión a un intento de suicidio, que de alguna manera prefigura un hecho que habrá de suceder más tarde.

En 1949 publica “El Aleph”. Al año siguiente, su madre y su hermana Norah son encarceladas y luego participan en un acto antiperonista.

En 1946, luego de un brevísimo paso como “inspector de aves de corral”, cargo con el que intentó humillarlo el gobierno de Perón, Borges comienza a cumplir funciones en la Biblioteca Municipal Miguel Cané. Apoya a la Unión Democrática, una alianza entre radicales, conservadores y socialistas que se opone al populismo peronista.

En 1944 publica “Ficciones” y en 1938 un paradójico accidente contribuirá a mejorar su capacidad visual: luego de una septicemia se golpea la cabeza contra una ventana. Ese año su padre, Jorge Guillermo Borges, se incorpora desde el lecho de muerte.

En una reseña de “Der totale Krieg” de Erich Ludendorff, escribe que “Fascismo y comunismo –nadie lo ignora- abominan por igual de la democracia”. Deja su cargo en la Biblioteca Miguel Cané.

En 1936 intenta suicidarse en el Hotel Las Delicias de Adrogué. Se arrepiente a tiempo y viaja a Buenos Aires, donde vende su revólver. En 1935 publica su último libro de cuentos: “Historia universal de la infamia”. Desde entonces, Borges será esencialmente poeta.

Hacia 1933 parece volver a sus simpatías radicales de tiempos del alfonsinismo. Ese mismo año, el escritor francés Drieu La Rochelle dice que “Borges vale la pena el viaje” y luego visita Argentina.

En 1931 abandona el consejo de redacción de Sur y el 27 de mayo de 1929 comienza a colaborar en la revista nacionalista Libra, junto a Alfonso Reyes, Leopoldo Marechal y Francisco Luis Bernárdez. En 1924, un juvenil Borges se entrega a la vida bohemia, recorriendo las orillas y los barrios porteños.

Participa en el grupo literario Florida y colabora en la revistas Martín Fierro y Proa. Publica su último libro, “Fervor de Buenos Aires”, comentado por Ortega y Gasset en la Revista de Occidente.

Entre 1920 y 1919 frecuenta en Madrid la tertulia de Rafael Cansinos Asséns. En esa época escribe “Los ritmos rojos” o “Los salmos rojos”, poemas en homenaje a la Revolución Rusa que por fortuna nunca entrega a la imprenta. El 31 de diciembre de 1919 publica en la revista ultraísta Grecia su último poema: “Himno al mar”, escrito al estilo de Whitman.

Se establece en Ginebra y comienza a olvidar el latín, el francés y el alemán. En 1914 vuelve con su familia a Buenos Aires, donde su padre retoma el ejercicio de la abogacía y la enseñanza de la psicología. Por esos años, su padre le hablará por última vez de Baruch Spinoza y del anarquismo filosófico de Spencer.

El año 1908 es particularmente creativo para Borges, que traduce “El príncipe feliz” de Oscar Wilde y escribe sobre mitología griega.

Su estatura se reduce y su voz se vuelve más aguda. Durante los siguientes ocho años se recluye cada vez más en su casa paterna, donde lee y recita poesía junto a su hermana Norah.

Son años marcados por las conversaciones en inglés con su abuela Fanny Haslam. Pero ya se evidencia la declinación de las facultades mentales de Borges, ocaso que hacia 1900 lo lleva a la pérdida del habla y luego a una virtual inconciencia.

La familia se muda desde su quinta en Palermo al centro porteño, a una casa de patio y aljibe. El 24 de agosto de 1899, Jorge Luis Borges entra a la seguridad del vientre materno y ocho meses después a la nada, o al Todo, que podría ser un sinónimo.

Ahora Borges ya no es Borges, sino la sangre de sus ancestros. Su influencia literaria se reflejará en autores como Chesterton, Coleridge, De Quincey y Emerson. Se dice que su Pierre Menard sirvió de inspiración a Cervantes y que algunas de las ideas expuestas en su obra tuvieron eco en las doctrinas de los heresiarcas del siglo II de nuestra era.

*Escritor y ensayista. Premio de Literatura de Montevideo y Premio Nacional de Literatura “Santa Cruz de la Sierra”. El presente texto es parte de su libro “De Orwell a Vargas Llosa”.