jueves, 12 de julio de 2018


El fracaso de la “Anti-OEA”



Emilio Martínez Cardona

Durante muchos años, la dictadura cubana convocó a formar una “OEA sin Estados Unidos”, fustigando al sistema interamericano como un supuesto “Ministerio de Colonias” dependiente de la Casa Blanca.

En la primera década del siglo XXI, la retórica castrista pareció encontrar finalmente una vía de concreción a través de la acción regional de Hugo Chávez, quien a punta de petro-dólares impulsó la creación de organismos como Unasur y la Celac, en los que parecía materializarse el anhelo de la tiranía caribeña.

Sin embargo, tras 14 años de existencia, la Unasur ha entrado en una crisis terminal que incluye un radical desfinanciamiento: sólo  Bolivia, Guyana y Surinam pagaron sus aportes del 2017, mientras que la mayoría de los países integrantes, incluyendo a la quebrada Venezuela, evitaron el pago.

La crisis estructural sería también de infraestructura, toda vez que el presidente de Ecuador, Lenin Moreno, ha pedido la devolución del edificio construido en ese país para el agonizante organismo.

De manera que los días de la “Anti-OEA” parecen contados, derrumbándose la fallida venganza histórica de los Castro.

La animadversión del estalinismo tropical contra la OEA proviene de los días en que el organismo suspendió a Cuba en aplicación de la lúcida “Doctrina Betancourt”, que procuraba la instalación de un cordón sanitario en torno a los regímenes totalitarios que se intentase imponer en el continente. 

Recordemos esta doctrina en palabras de su creador, el ex presidente venezolano Rómulo Betancourt: “Solicitaremos cooperación de otros Gobiernos democráticos de América para pedir, unidos, que la Organización de Estados Americanos excluya de su seno a los Gobiernos dictatoriales porque no sólo afrentan la dignidad de América, sino también porque el Artículo 1 de la Carta de Bogotá, acta constitutiva de la OEA, establece que sólo pueden formar parte de este organismo los Gobiernos de origen respetable nacidos de la expresión popular, a través de la única fuente legítima de poder que son las elecciones libremente realizadas. Regímenes que no respeten los derechos humanos, que conculquen las libertades de sus ciudadanos y los tiranice con respaldo de las políticas totalitarias, deben ser sometidos a riguroso cordón sanitario y erradicados mediante la acción pacífica colectiva de la comunidad jurídica internacional”.

La coherencia de este gran demócrata venezolano lo llevó, durante su gestión presidencial, a cortar relaciones con dictaduras de izquierda y derecha por igual, como la Cuba de Fidel, la República Dominicana de Trujillo y la España de Franco, y a ser objeto de intentos de magnicidio propiciados por los dos primeros autócratas mencionados.

Hoy en día, la “Doctrina Betancourt” está siendo actualizada por lo que se ha denominado como la “Doctrina Almagro”, en función de la cual se está aislando al narco-régimen de Nicolás Maduro y Diosdado Cabello.

Mientras tanto, la dictadura cubana sigue demostrando que es el auténtico “Ministerio de Colonias” de América Latina, operando –como lo hizo en el pasado con el imperio soviético- para facilitar la injerencia de potencias extra-continentales como Irán, Rusia y China.



jueves, 5 de julio de 2018


México, ¿en contra ruta de América Latina?

Emilio Martínez Cardona

La elección de Andrés Manuel López Obrador como presidente de México abrió un importante espacio de incertidumbre para la política continental. Mientras los países que se encontraban gobernados por populistas de izquierda salieron de ese modelo (Argentina, Brasil) o luchan por hacerlo (Nicaragua, Venezuela, Bolivia), el electorado mexicano optó en su mayoría por ir en contra ruta de América Latina, escogiendo como nuevo mandatario a un personaje que se ha caracterizado por sus posturas demagógicas, caudillistas y autoritarias.

Las felicitaciones enviadas por los narco-dictadores venezolanos, Nicolás Maduro y Diosdado Cabello, estimulan la desconfianza hacia alguien que tendrá la responsabilidad de manejar una nación sumergida en la violencia de los cárteles.

Un AMLO alineado con el socialismo del siglo XXI podría contribuir al debilitamiento del Grupo de Lima, que México integra junto a otros 11 países, dándole algo de oxígeno a la aislada Venezuela. Pero difícilmente se equipararía al peso geopolítico sudamericano de una Colombia reconquistada por el uribismo e integrada en la OTAN.

Podría influir negativamente de una manera más amplia en el caso de Nicaragua, donde el ex guerrillero sandinista Daniel Ortega parece dilatar el diálogo y preferir las demostraciones de fuerza, utilizando los “ejercicios militares” con tropas de Rusia, Cuba y Venezuela.

Por otra parte, hay cierto margen de duda para creer que las cosas podrían suceder de otra forma. López Obrador no es un outsider como lo fueron Hugo Chávez o Evo Morales al llegar al poder, sino una hechura del mismo sistema de partidos tradicionales a los que dice combatir (pasó por el PRI y el PRD antes de fundar Morena).

También el pragmatismo negociador de Donald Trump, que en otras latitudes está moviendo fronteras ideológicas que parecían inamovibles por medio siglo, puede acabar conduciendo a AMLO por una senda más sensata. Las declaraciones de López Obrador tras su victoria parecen denotar la intención de hacer buena letra con su vecino del norte, con miras a concretar la reingeniería del TLCAN lo más pronto posible.

Recordemos como antecedente el caso de Ollanta Humala en Perú, de quien se temía un alineamiento con el populismo y que terminó haciendo una administración regular, salpicada de corrupción pero que no desmontó el sistema democrático de ese país ni el libre mercado.

Dudas aparte, un dato especialmente preocupante es la mayoría parlamentaria en ambas cámaras lograda por Morena, algo que podría abrir paso a la siempre riesgosa reescritura constitucional. Es poco probable que, de darse esto, se incluya la reelección, grabada como algo negativo en la memoria histórica de los mexicanos desde la revolución contra Porfirio Díaz. Pero sí puede llevar a algún tipo de concentración extraordinaria de poderes en la primera magistratura, reconstruyendo aquella “presidencia imperial” del viejo PRI, que Mario Vargas Llosa calificó como “la dictadura perfecta”.

viernes, 29 de junio de 2018


Odiar la corrupción

Emilio Martínez Cardona

En la reciente presentación de mi libro “Enero Negro”, realizada en la University of North America en Washington, estuvieron presentes entre el público los Laprida, padre e hijo, quienes impulsan en México un proyecto editorial a gran escala para enseñarle a los niños a “odiar la corrupción”.

La idea de estos editores mexicanos me pareció muy acertada, como uno de los puntos centrales a ser abordados para una efectiva lucha contra la cleptocracia, que particularmente carcome a nuestros países latinoamericanos.

Desde la enseñanza primaria, los niños deberían ser prevenidos contra prácticas como el cohecho y la colusión, con el mismo énfasis con el que son aleccionados contra el racismo o el bullying. Sólo cuando tengamos una generación formada ideológicamente contra la corrupción podremos enfrentar con éxito este flagelo social.

Por supuesto, el frente educativo es uno de los muchos ángulos desde los cuales se debe trabajar esta problemática, entre los que cuento a los siguientes:

Desregulación. El barón de Montesquieu decía que “las leyes inútiles debilitan a las necesarias”, advirtiendo sobre el peligro de las normativas frondosas. Deben eliminarse las sobrerregulaciones que dan oportunidades de discrecionalidad a los funcionarios, facilitando la extorsión y el soborno. 

Contrataciones transparentes. La práctica de las adjudicaciones directas, tan común en el régimen evista, debe estar severamente restringida a compras pequeñas o de urgencia, siendo erradicada de los grandes contratos de obra pública y en general de todas las contrataciones de las empresas estratégicas del Estado.

Contrapesos institucionales. La corrupción suele extenderse cuando todos los poderes se concentran en una sola mano y desaparece lo que los anglosajones denominan el “check and balance”. Reconstruir la división republicana de poderes es una de las principales tareas para los próximos años.

Reingeniería de los organismos de contralor. Es evidente que un Ministerio de Transparencia (ahora degradado a viceministerio), dependiente de la cabeza del Ejecutivo, no es la instancia más imparcial para impulsar la lucha contra la corrupción, a la que suele aplicar la llamada “ley del embudo” (ancha para los oficialistas y angosta para los opositores). En vez de esto, debería plantearse una Oficina de Transparencia independiente, conformada mediante mayorías parlamentarias calificadas superiores a los dos tercios, procedimientos de selección meritocráticos y supervisión de organismos internacionales como Naciones Unidas y la OEA.

Democracia digital. Mucho se habla sobre el gobierno electrónico o e-government, como vía para transparentar las cuentas públicas ante la población. El error estriba en esperar que el rol activo para efectivizar esta democratización digital provenga de esferas gubernamentales, cuando en realidad este papel debería ser asumido por la sociedad civil.

Lo cierto es que la lucha contra la corrupción deberá estar entre las principales ofertas programáticas que las fuerzas alternativas al régimen populista planteen a la ciudadanía en el 2019.


jueves, 28 de junio de 2018


Emilio Martínez presentó “Enero Negro” en Estados Unidos





El escritor Emilio Martínez Cardona presentó el pasado viernes el libro “Enero Negro” en la University of North America, en Estados Unidos.

Entrevistado por el programa de TV “En Directo” que se emite en Washington, el autor señaló que el libro “habla sobre sucesos de la historia reciente de Bolivia, que marcaron el rumbo del país”.

“El subtítulo es El primer golpe regional de Evo Morales, en referencia a que, una vez conquistado el gobierno central, el régimen se dedicó a dar una serie de mini-golpes de Estado regionales para tumbar gobernadores y alcaldes”, indicó.

Martínez dijo que el primer ensayo de golpe regional fue el realizado en Cochabamba en enero de 2007, “descrito en este libro como lo que fue: parte de una metodología, un guión que después de aplicó en otras partes del país”.


miércoles, 27 de junio de 2018


"Reinvenciones" ya está a la venta en Lewy Libros (Junín casi 21 de mayo) y Amigos del Libro/Rayuela (Ballivián casi Chuquisaca), en 35 Bs.

La brújula de América Latina

Emilio Martínez Cardona

¿Hacia dónde va, política e ideológicamente, el continente? La salida del poder, en años recientes, de las cleptocracias kirchnerista y lulista, indicaba un rumbo de salida del populismo, algo que se confirmó con el giro dado por el delfín de Rafael Correa en Ecuador, Lenin Moreno, con su viraje centrista.

De la misma forma, la sustitución de la socialista Michelle Bachelet por Sebastián Piñera en Chile y la victoria en la segunda vuelta colombiana del uribista Iván Duque sobre Petro (probable alfil chavista) confirman esa percepción.   

Este proceso podría tener un nuevo capítulo en Nicaragua, donde el sandinista Daniel Ortega ya estaría hablando de adelantar las elecciones para el próximo año (estaban previstas para el 2021), mientras que los opositores exigen la renuncia inmediata del “matrimonio presidencial”.

En Uruguay, existe una chance relativamente alta de que la coalición de izquierda del Frente Amplio, que no es tan “vegetariana” como se cree, sea desplazada del gobierno por un candidato del Partido Nacional, apoyado en un ballotage por el Partido Colorado y otras fuerzas menores.

Pero las cosas nunca son tan simples. En México, es muy posible que en los comicios que tendrán lugar en menos de dos semanas se imponga el caudillista Andrés Manuel López Obrador (AMLO), con lo cual ese país corre el riesgo de volver a caer en lo que Enrique Krauze ha denominado “la presidencia imperial”. Es decir, un intento de reedición del estatismo priísta que dominó México durante casi todo el siglo XX.

Mientras tanto, en Venezuela, continúa el desangramiento económico y demográfico provocado por el socialismo chavista, con sus estatizaciones, su emisión monetaria descontrolada y su tipo de cambio múltiple, manipulado para enriquecer a la nomenklatura gobernante.

Aunque la presión internacional para una transición democrática se ha intensificado, todavía no es visible el final de esta película, que podría prolongarse demasiado en base al represivo guión cubano seguido por la dictadura de Nicolás Maduro.

En Bolivia, las encuestas muestran un creciente cansancio ciudadano con los abusos del régimen evista, lo que abre una expectable oportunidad para las elecciones del 2019, a condición de que los opositores encuentren mecanismos razonables de unificación.

Por supuesto, los antecedentes del Movimiento Al Socialismo permiten prever una serie de artimañas destinadas a asegurarse la reproducción en el poder, lo que puede ir desde el voto electrónico en el extranjero (por ahora descartado, pero al que hay que considerar como una carta en la manga) hasta eventuales medidas prebendalistas a instrumentar el año próximo, a costa del erario público.

El repertorio también podría incluir el adelantamiento del cronograma electoral, para afectar el timming de la oposición, además de los consabidos “voto zombi, turista y clon”, por el cual los muertos se levantan de sus tumbas para sufragar junto a visitantes de países vecinos y a ciudadanos múltiplemente carnetizados.

Estamos avisados, por lo que el control electoral será tan importante como las alianzas a construir entre las fuerzas democráticas.

jueves, 14 de junio de 2018

YPFB, por el mal rumbo de PDVSA

Emilio Martínez Cardona

Días atrás se denunció que Yacimientos Petrolíferos Fiscales Bolivianos (YPFB) sólo tendría utilidades del 3%, recibiendo apenas 250 millones de dólares de margen sobre un total de ingresos de 8.300 millones.

De confirmarse estas cifras, YPFB sería una de las petroleras estatales peor manejadas del continente, sólo superada por el desastre histórico de Petróleos de Venezuela (PDVSA), empresa que en este 2018 estaría por cuadruplicar su déficit, pasando de 2.500 millones de dólares en pérdidas en su gestión anterior a nada menos que 10.000 millones. Así lo revela un estudio de Ecoanalítica y de la Universidad Católica Andrés Bello.

En contraste, las petroleras públicas en manos de gobiernos no populistas exhiben un cuadro de claro crecimiento y recuperación. Es el caso de Petróleo Brasileiro S.A. (Petrobras), que liberada del grupo cleptocrático del lulismo anunció utilidades de 6.961 millones de dólares al primer trimestre de este año. Este es su máximo en todo un lustro.

Igualmente, Petróleos Mexicanos (PEMEX) registró un crecimiento del 29% en sus utilidades, del primer trimestre del 2017 al mismo periodo del 2018, alcanzando los 5.569 millones de dólares.

Estas diferencias de rendimiento no son casuales. Por una parte, tenemos las empresas sometidas al modelo del socialismo del siglo XXI, altamente politizadas y sujetas a un manejo clientelista y prebendal, caracterizadas por una sistemática opacidad en sus contrataciones.

Del otro lado, vemos compañías que han apostado a la modernización, la meritocracia la transparencia y la alianza público-privada. PEMEX, por ejemplo, que en los últimos 4 años atrajo 80.000 millones de dólares en inversiones de 67 empresas, adjudicando decenas de bloques petroleros.        

Esperemos que un eventual gobierno del populista Andrés López Obrador no eche por tierra estos avances, con el habitual despilfarro y degradación institucional que suelen acompañar a ese tipo de administraciones.

En Bolivia vemos una situación muy diferente, a raíz del congelamiento de la exploración de hidrocarburos por una década. Parálisis provocada por el sobreajuste tributario del 2006 que venía a “llover sobre mojado”, sumando nuevos gravámenes adicionales por encima del IDH.

Hasta el momento, la petroquímica estatal también parece ser un bluf, con “exportaciones” de urea al Brasil no registradas en el país receptor y con la apertura de puntos de venta en el feudo de la coca excedentaria del Chapare, algo que abre legítimas interrogantes sobre cuáles serían los cultivos beneficiados con los fertilizantes producidos por la planta de YPFB.

Una reorientación de la política sectorial podría partir de la formación de un grupo de expertos, a través de un Consejo Nacional de Hidrocarburos, como vienen proponiendo desde el año pasado varios entendidos del rubro, sin que hasta el momento el gobierno dé la más mínima muestra de dejarse aconsejar en lo que considera un botín político de uso discrecional.


miércoles, 13 de junio de 2018


“Reinvenciones”: universos fantásticos, brevedad e irreverencia



El pasado sábado 9 de junio se presentó en la Feria del Libro de Santa Cruz una nueva obra narrativa de Emilio Martínez Cardona, “Reinvenciones: una historia alternativa de la literatura universal”, publicada por la Editorial 3600.

El comentario del libro estuvo a cargo de la presidenta de la Sociedad Cruceña de Escritores, Biyú Suárez, quien señaló que “al leer a Martínez encontramos en su obra universos fantásticos, brevedad e irreverencia”.

“Siguiendo su estilo, reinventa el mundo (…) El escritor reinicia, da cuerda y sitúa a sus personajes en nuevos contextos, en nuevos mundos. Martínez pisa fuerte en la historia de la literatura contrafactual, en esa historia alterna o virtual por donde nos conduce y que es el resultado de una gimnasia de abstracción sobre los acontecimientos de la historia de la literatura universal”, dijo Suárez.

“Al igual que Gianni Rodari en su ´Gramática de la fantasía`, al crear sus  narraciones, Emilio Martínez propone juegos en el lenguaje (…) claves para llevar al lector a crear, a repensar conceptos potentes para ser capaces de responder a la pregunta: ¿Qué hubiera pasado si...?”.

“Recientemente ha surgido un nuevo término: nanofilología, que encaja con el trabajo de Martínez. La filología nano se ocupa de textos minúsculos, explora el mundo de la narrativa abreviada, reducida y condensada. (…) Los invito a comprar el libro para deleitarse con estas micro-ficciones”, concluyó la comentadora.

viernes, 8 de junio de 2018


Libertad de crítica y perfectibilidad

Emilio Martínez Cardona

Una diferencia fundamental entre los diversos sistemas políticos, sociales y económicos es la capacidad de auto-corrección ante los errores u horrores generados por su funcionamiento.

En aquellos donde imperan élites portadoras de una ortodoxia ideológica esta corrección se torna difícil, dada la autosuficiencia de esas oligarquías decisionales, para las cuales la preservación del relato fundante de su poder es más importante que el contacto con la realidad. De ahí que repriman toda crítica emanada desde fuera del establishment e incluso de los disidentes surgidos al interior de él.

El resultado es que estos sistemas refractarios a la crítica tienden a profundizar sus errores, que al agravarse impulsan a su vez a una espiral represiva de todo pensamiento independiente.

Esta lógica perversa es muy visible en regímenes socialistas de orientación autoritaria, donde las tesis centrales de interpretación y manejo de la economía están radicalmente erradas, conllevando de manera inequívoca a un caos creciente que las élites dirigistas sólo pueden atribuir a floridas ficciones conspirativas.

Así, el enemigo externo o sus “agentes” internos se vuelven piezas indispensables a la hora de apuntalar un discurso seudocientífico, apenas sostenible a través de una fe obligatoria que niega todas las experiencias demostrativas de su fracaso.

Muy distinto es el funcionamiento de las democracias liberales (aunque esta expresión sea en rigor un pleonasmo, ya que sólo son democracias las liberales, mientras que aquellas que llevan los apelativos de “populares” o “comunitarias” se han revelado siempre como máscaras de una tiranía).

En éstas la libertad de crítica es un engranaje insustituible del sistema político, que se concibe permanentemente perfectible o reformable. Más allá de las iras eventuales del gobernante de turno ante molestas interpelaciones, lo cierto es que una institucionalidad democrática fuerte no sólo tolera los cuestionamientos, sino que los incorpora a la información necesaria para la toma de decisiones y, en caso de llegar a cierta “masa crítica”, cambia el rumbo de las políticas de Estado.

Los autoritarios suelen denostar a la democracia liberal calificándola de “corrupta”, por los múltiples escándalos que acostumbra ventilar la prensa. Aquí el error estriba en considerar vicio lo que en realidad es virtud: la transparencia, contrapuesta a la opacidad despótica que oculta los abusos detrás de la censura o de maquinarias judiciales cooptadas.

Precisamente, la disyuntiva transparencia/opacidad puede constituirse en uno de los ejes principales del debate político en el siglo XXI, donde los escenarios emergentes creados por las Tecnologías de la Comunicación e Información (TICs) apuntan a confrontaciones entre ciber-totalitarios y tecno-libertarios. 

En nuestra coyuntura nacional, los primeros son aquellos que propugnan “guerras contra las redes sociales”, muchas veces teledirigidos desde el poder, mientras que los segundos representan un nuevo ejercicio de la ciudadanía, refundando esa libertad de crítica indispensable para la auto-corrección pacífica de una sociedad abierta.



jueves, 31 de mayo de 2018


Entre las “relaciones peligrosas” y el efecto Trump

Emilio Martínez Cardona

Desde hace años, venimos definiendo como “relaciones peligrosas” a los vínculos tejidos por el gobierno de Evo Morales con la teocracia de los ayatolas en Irán. La expresión tiene una razón de ser muy simple: se trata del único régimen del mundo que ha manifestado explícitamente su voluntad de “borrar del mapa” a otro país, en este caso Israel, mediante el uso de armamento nuclear.
                                                                                                     
El peligro se vuelve evidente cuando sabemos que Bolivia tiene importantes yacimientos de uranio, que serían muy útiles para el programa bélico atómico de Irán, y que los gobiernos de ambos países firmaron años atrás un memorándum de cooperación para la “prospección geológica y mineralógica” en el territorio nacional.

El riesgo, entonces, es nada menos que el de embarcar al país en una descabellada aventura protagonizada por un régimen medieval que se procura armas del siglo XXI.

Todo esto es historia conocida, pero volvió a ponerse sobre el tapete en las semanas recientes, con la reunión en Teherán entre los altos mandos militares de Bolivia e Irán. Allí, el general Mohamad Husein Baqeri y el almirante Yamil Borda coincidieron en hablar de la “lucha contra el dominio colonialista”, lo que en buen castellano significa combatir a las democracias occidentales.

El asunto tuvo una segunda parte, con declaraciones hechas algunos días después por el ministro de defensa iraní, Amir Hatami, quien manifestó que su país está listo para “transferir su experiencia” a Bolivia en el campo militar y de defensa.

Lo interesante fue la rápida respuesta de su homólogo boliviano, Javier Zavaleta, quien se apresuró a aclarar ante la prensa que agradecía la oferta pero que Bolivia “no tiene ningún acuerdo militar con Irán”.

¿Cómo explicarse este repentino brote de cautela diplomática en un régimen tan acostumbrado a las bravuconadas anti-norteamericanas?

La clave para desentrañar este misterio puede estar en la dureza y efectividad de la política de reordenamiento mundial asumida por Donald Trump que, sanciones y presiones mediante, le ha doblado el brazo al estalinista Kim Jong Un y le acaba de arrancar a Nicolás Maduro la liberación de un rehén estadounidense capturado en tiempos de Barack Obama.

En el mismo contexto, la reinstalación de sanciones a Irán le debe haber hecho pensar dos veces a los asesores del régimen evista, sobre el riesgo de que éstas se extiendan a países que colaboren de alguna manera con los proyectos militares de Teherán cuestionados por la comunidad internacional.

El apaciguamiento –que nunca ha funcionado con los totalitarios- terminó y  eso impone nuevas reglas de juego globales.

Por supuesto, la recién estrenada prudencia del gobierno boliviano no ha de ser mucho más que un mero intento de “guardar las apariencias”, sin que esto implique un cambio real en sus alineamientos con el bloque de los países más autoritarios del planeta, ni con las organizaciones paraestatales que éstos financian.



miércoles, 30 de mayo de 2018


Enero Negro y X2 son algunos de los títulos de mi autoría que estarán a la venta en los stands de Lewy Libros y Amigos del Libro/Rayuela, en la FIL Santa Cruz que se inaugura hoy.



jueves, 24 de mayo de 2018


Evo, más fama que cronopio



Emilio Martínez Cardona

El presidente Evo Morales fue pescado “manos en la masa” en un nuevo escándalo, que no sólo involucra a sus lugartenientes sino a él mismo, tal como se viera con el caso Zapata-Camc.

El reciente negociado podría titularse el “Caso Kronopios” o las “Olimpíadas de la Corrupción”, y tiene que ver con los 100 millones de bolivianos adjudicados de manera directa a empresas de dudosa idoneidad, para la provisión de servicios y equipamiento a los Juegos Sudamericanos 2018 (Odesur).

Buena parte del negocio fue realizado a través de la fantasmal firma Kronopios, de propiedad del ex ministro de culturas y cuñado del vicepresidente, Pablo Groux.

Más cerca del surrealismo cleptocrático que del cortazariano, el asunto incluyó “carpinterías que alquilan lanchas de esquí acuático, importadoras de equipos médicos que proveen equipos para deportes ecuestres, empresas de servicios que venden equipos de tiro deportivo…”, según tuits del senador denunciante.

Todo se complicó al conocerse que el mismísimo “Jefazo” se reunió con varios de los postulantes a adjudicatarios para definir los contratos, lo que podría configurar un gigantesco tráfico de influencias.

La cuestión no deja de despertar ecos literarios para quienes conocen el origen del término “cronopio”, nacido de la alter-lengua fraguada por Julio Cortázar en varios de sus mejores cuentos.

En éstos, como se recordará, se describe un mundo poblado por famas y cronopios, además de las intermedias esperanzas. Los famas son los representantes de un orden rígido y jerárquico, mientras que los cronopios son “esos seres desordenados y tibios” que “dejan los recuerdos sueltos por la casa, entre alegres gritos", representando el polo anárquico y creativo de la sociedad.

Aunque muchos de los seguidores urbanos del caudillo cocalero puedan haber aspirado al rango de cronopios en su juventud, lo cierto es que hoy en día apañan a uno de los peores famas de la historia boliviana, constructor de un sistema neo-autoritario basado en una movediza mezcla de coerción y manipulación.

Que no engañen la propensión presidencial al disparate ni su juerguismo consuetudinario: más de 1.000 exiliados y casi medio centenar de presos políticos no dejan margen para la incertidumbre. Hablamos de un despotismo nada lúcido ni lúdico, enmascarado tras formas democráticas residuales pero portador de una degradación ética que costará mucho reparar en los próximos años.

Del laberinto evista de la corrupción sólo se podrá salir con una normativa inteligente que establezca la obligatoriedad de las licitaciones públicas en toda compra importante del Estado, en combinación con una política de desregulaciones que elimine la frondosa cantidad de oportunidades para el soborno y la extorsión burocrática.

Terminemos con un párrafo ilustrativo de Historias de cronopios y de famas, de Cortázar: “Ahora pasa que las tortugas son grandes admiradoras de la velocidad, como es natural. Las esperanzas lo saben, y no se preocupan. Los famas lo saben, y se burlan. Los cronopios lo saben, y cada vez que encuentran una tortuga, sacan la caja de tizas de colores y sobre la redonda pizarra de la tortuga dibujan una golondrina”. La tortuga, en este caso, es el Estado.


jueves, 17 de mayo de 2018


Objeción de conciencia: el ejemplo de Nicaragua



Emilio Martínez Cardona

La brutal represión desatada en Nicaragua por el régimen de Daniel Ortega en las últimas semanas, principalmente dirigida contra los universitarios, superó en mucho a la del dictador Anastasio Somoza.

Si este último cargaba con 4 asesinados y 60 heridos en la masacre estudiantil de julio de 1959, Ortega ya lleva 63 muertos y más de 200 heridos en el conflicto reciente, siguiendo el camino de Venezuela y, por supuesto, de Cuba.

Lo interesante del caso es la postura adoptada por las Fuerzas Armadas nicaragüenses, que se han negado a ejercer la violencia contra la población civil y han conminado al presidente sandinista a unas negociaciones que podrían conducir a su salida del poder.

“No tenemos por qué reprimir. Creemos que el diálogo es la solución”, ha dicho el portavoz oficial de los militares, el coronel Manuel Guevara.

Desde su cuenta en Twitter, Diego Arria, ex embajador de Venezuela en las Naciones Unidas y uno de los principales dirigentes del exilio de ese país, ha señalado que “la Fuerza Armada Nica tiene mejor olfato de lo que se le puede venir encima (Trump) que la cúpula criminal local”, refiriéndose con esto último al estamento castrense venezolano.

Lúcidamente, Arria alude al reordenamiento mundial puesto en marcha por el equipo Trump-Pence-Bolton-Pompeo, que incluye una “doblada de brazo” histórica a la tiranía estalinista de Corea del Norte, un obligado giro pragmático de Rusia que parece alejarse de Irán y, previsiblemente, una próxima entrada en cintura de los ayatolas en un nuevo acuerdo de control nuclear, con los rigores que Barack Hussein Obama no pudo o no quiso imponerle a Teherán (inspectores en las bases y fin del programa de misiles balísticos intercontinentales).

Complementando esta explicación basada en la disuasión, no descartemos un componente ético en la decisión de los militares nicaragüenses, profesionalizados por el acuerdo entre Humberto Ortega (el hermano inteligente de Daniel) y Violeta Chamorro, que condujo a la transición democrática en 1990.

Podríamos estar ante un ejemplo de institucionalismo y de objeción de conciencia frente a órdenes ilegales, que ojalá cundiera entre sus pares de otros países, especialmente en esa Venezuela desangrada y hambreada por el chavo-madurismo. Pero no solamente allí.

Y no se trata de postular ninguna variante de golpismo, sino de la sujeción de los uniformados a sus mandatos constitucionales y al principio republicano de neutralidad partidaria, por encima de los intentos de alineamiento ideológico promovidos por quienes buscan convertir a las Fuerzas Armadas en sus guardias pretorianas.

En Bolivia, de confirmarse las denuncias hechas por el prestigioso periodista brasileño Leonardo Coutinho sobre los “vuelos de la droga”, está claro que los militares estarían en la obligación de desobedecer cualquier instructiva de participación en la denominada Ruta del ALBA.

jueves, 10 de mayo de 2018


Complicaciones grouchomarxistas con Incahuasi



Emilio Martínez Cardona

El gran Groucho Marx solía decir que “la política es el arte de buscar problemas, encontrarlos, hacer un diagnóstico falso y aplicar después los remedios equivocados”.

El régimen evista parece haber seguido esa definición al pie de la letra, a manera de guión estratégico y sin una pizca del humor de Groucho, al buscar un conflicto interregional en Incahuasi para después tratar de aparecer como falso componedor del embrollo, a través de unos parlamentarios oficialistas que presentaron un recurso ante esa justicia que obedece a sus mismos jefes.

Pero el desbarajuste fue tal que el conflicto escaló más allá de lo previsto, ocasionando la renuncia obligada del principal artífice del entuerto, el ex ministro y ahora ex viceministro de autonomías Hugo Siles, implacable dilatador del Pacto Fiscal y sofista del neo-centralismo.

En el camino, el partido de gobierno ha minado sus apoyos en los departamentos “jocheados” por el conflicto, Santa Cruz y Chuquisaca, donde en gran parte de la población se ha elevado el malestar con el masismo: en el primer caso, por el congelamiento de un 50% de los ingresos por regalías, llegando a poner en peligro el pago de ítems de salud; y en el segundo por la promoción de falsas expectativas de recursos, provocadas por esa demagogia divisora que no sabe cómo salir del enredo autogenerado.

El “divide e impera” le ha estallado al oficialismo en las manos y es previsible que eso se refleje en las próximas encuestas de intención de voto, en esos sondeos que rozan la apología del delito al incluir la pre-candidatura inconstitucional de Evo Morales.

Cualquiera que sea la salida que se encuentre al conflicto, lo cierto es que el principal resultado para el Movimiento Al Socialismo será una pérdida de proyección electoral en dos departamentos, algo que al ser debidamente calibrado podría derivar en nuevas cabezas ministeriales rodando fuera del Palacio Quemado.

Entretanto, sería recomendable que en Santa Cruz y Chuquisaca se recuerde que el asunto de fondo respecto a la renta pública es la necesidad de descentralizarla (ya en otro momento hablaremos sobre la urgencia de emancipar a los ciudadanos de tanta carga tributaria).

De modo que ambas regiones deberían considerarse como aliadas contra un régimen concentrador, que acapara el 85% de los ingresos estatales sin mostrar la mínima intención de revisar dicho esquema, funcional a la corrupción y al despilfarro en obras fantasmagóricas e inversiones irracionales.

Esa sería una manera más productiva de enfocar las cóleras errantes de la época contra quien realmente lo merece, evitando el discurso fratricida.

Para finalizar, habría que dedicarles a los aprendices de brujos que fungen como estrategas en el gobierno central otra frase punzo-cortante de Groucho Marx: “Perdonen que les llame caballeros, pero es que no los conozco muy bien”. 

viernes, 4 de mayo de 2018


Un nuevo “caso Ostreicher”

Emilio Martínez Cardona

El lector recordará los abusos judiciales, económicos y carcelarios sufridos por el empresario estadounidense de origen judío, Jacob Ostreicher, que condujeron a un escándalo internacional ventilado incluso ante el Congreso norteamericano.

En aquella ocasión, el atropello llevó a que el “embajador de la coca” Sean Penn pasara al flanco crítico contra el régimen evista, y forzó a una limpieza intragubernamental que acabó con la caída en desgracia del llamado “gabinete de la extorsión”.

El asunto dejó el sabor amargo, además de la consabida corrupción, de cierto antisemitismo, sobre todo teniendo en cuenta que se produjo en el marco de un liderazgo que se ha caracterizado por un sesgo marcadamente contrario al Estado de Israel.

De ahí que sea inevitable atar cabos ante un nuevo “caso Ostreicher” que parece estar desarrollándose en la actualidad.

Hablamos del israelí-francés David Cabessa, quien peregrina desde hace años ante cámaras y tribunales en demanda por un operativo gerencial de una compañía pública que, de acuerdo a su testimonio, no sólo le habría ocasionado daños económicos de importancia a su propia empresa sino a todo el Estado boliviano.

Como otros emprendedores, fue víctima del “favoritismo rentado” que lleva a los convocantes de licitaciones a tener ganadores predeterminados, en este caso con el agravante de haberse anulado arbitrariamente una adjudicación previa a su firma, para hacerles campo a los pagadores chinos.

Después de varias cartas a la Presidencia del Estado Plurinacional (da algo de pena el uso de las mayúsculas), Cabessa consiguió que se iniciara una investigación a cargo del entonces Ministerio de Transparencia, que sin embargo resultó ser un mero simulacro.

Las que sí avanzaron fueron las pesquisas privadas del israelí, que lo condujeron a descubrir una increíble saga de negociados al interior de la empresa estatal en cuestión, protagonizada por la Máxima Autoridad Ejecutiva de la compañía.

Revelaciones que no llevaron, como correspondería en un ordenamiento legal racional, a la suspensión del funcionario sospechado, sino muy por el contrario, a la imposición de una mordaza judicial contra el empresario devenido en investigador, a quien un magistrado de la sede de gobierno le prohibió volver a hablar del tema con la prensa.

Sucede que lo averiguado por el empresario, respecto a los manejos irregulares del gerente general de marras, incluiría desde la presunta recepción de inmuebles lujosos como regalo de las compañías beneficiadas por las licitaciones dirigidas -a la manera del Lava Jato- hasta múltiples casos de nepotismo con sobrinos, yernos y cuñados del “ejecutivo”, cuya única calificación para el ejercicio del cargo sería el hecho de ser amigo de confianza del primer mandatario.

Como es previsible, el asunto llegará a foros internacionales, única vía demostrada para que el régimen evista corrija en algo sus abusos, ante el evidente desprecio de los contrapesos internos, anulados por un sistemático hegemonismo autoritario.
    

jueves, 26 de abril de 2018


Hacia el Estado Paria


Emilio Martínez Cardona

Que seis países latinoamericanos hayan comunicado su salida de Unasur, tras la asunción por Bolivia de la presidencia pro témpore del bloque, no debería sorprender a nadie. Después de todo, la barbárica “diplomacia del tuit” practicada por Evo Morales ha buscado la confrontación con todo gobierno de la región que no formase parte del club de dictaduras y regímenes híbridos encabezado por Cuba y Venezuela, por lo que este resultado tenía que materializarse tarde o temprano.

Morales creyó que se podía “hacer diplomacia a martillazos” -parafraseando a Friedrich Nietzsche-, abusando del tipo de intimidaciones y descalificaciones que han sido su método recurrente desde que comenzó a expandir el autoritarismo sindical del Chapare hacia toda Bolivia.

También es cierto que hay, más allá de los desaciertos en comunicación del caudillo cocalero y de su canciller-shaolín, una crisis en ciernes de toda la arquitectura diplomática del socialismo del siglo XXI, con la cual el extinto coronel Hugo Chávez Frías trató de hacer realidad el viejo proyecto castrista de “una OEA sin Estados Unidos”.

La OEA goza de mucha mejor salud que la tambaleante Unasur, con lo que el anhelo de finiquitar el sistema interamericano tendrá que ser archivado hasta nuevo aviso, para decepción de las potencias extra-regionales como Rusia, China e Irán, que veían la posibilidad de medrar con el “divide e impera”.

Mientras tanto, de la mano de Evo Morales, Bolivia parece encaminada a convertirse en una suerte de Estado Paria, cuyos únicos vínculos sólidos serían los tejidos con tiranías cada vez más lejanas.

Y no es sólo la descontrolada verborrea presidencial, de tufillo ideológico obsoleto, lo que complica las cosas con los países del entorno. Pesa mucho, junto con la indefendible defensa de la autocracia madurista en diversos foros internacionales, la transformación de Bolivia en un territorio permeable al accionar de los cárteles del narcotráfico, como ese Primer Comando de la Capital (PCC) que, a juzgar por lo aseverado desde la prensa brasileña, tiene ahora su centro de dirección en el “Psico-Trópico” de Cochabamba.

Igualmente, restringe las probabilidades de entendimiento con los vecinos la vocación prorroguista, que coloca al régimen evista fuera del orbe de las naciones democráticas y constitucionales. 

No mejora para nada las cosas el estricto alineamiento de Morales con las prioridades de política internacional de Teherán, evidenciado en las destempladas intervenciones tuiteras del caudillo tras la reacción de occidente contra la guerra química de Bashar Al Assad, sátrapa protegido por los ayatolas.

En el rubro que sea, el “Jefazo” aparece manipulado por fuerzas negativas en el concierto mundial, que tienen el único denominador común de consentir su ambición de reproducción indefinida en el poder. 

La ecuación decadente de perpetuación/aislamiento tendrá que ser sustituida por otra renovadora, de alternancia/reinserción. Es eso, o el Estado Paria.