jueves, 24 de mayo de 2018


Evo, más fama que cronopio



Emilio Martínez Cardona

El presidente Evo Morales fue pescado “manos en la masa” en un nuevo escándalo, que no sólo involucra a sus lugartenientes sino a él mismo, tal como se viera con el caso Zapata-Camc.

El reciente negociado podría titularse el “Caso Kronopios” o las “Olimpíadas de la Corrupción”, y tiene que ver con los 100 millones de bolivianos adjudicados de manera directa a empresas de dudosa idoneidad, para la provisión de servicios y equipamiento a los Juegos Sudamericanos 2018 (Odesur).

Buena parte del negocio fue realizado a través de la fantasmal firma Kronopios, de propiedad del ex ministro de culturas y cuñado del vicepresidente, Pablo Groux.

Más cerca del surrealismo cleptocrático que del cortazariano, el asunto incluyó “carpinterías que alquilan lanchas de esquí acuático, importadoras de equipos médicos que proveen equipos para deportes ecuestres, empresas de servicios que venden equipos de tiro deportivo…”, según tuits del senador denunciante.

Todo se complicó al conocerse que el mismísimo “Jefazo” se reunió con varios de los postulantes a adjudicatarios para definir los contratos, lo que podría configurar un gigantesco tráfico de influencias.

La cuestión no deja de despertar ecos literarios para quienes conocen el origen del término “cronopio”, nacido de la alter-lengua fraguada por Julio Cortázar en varios de sus mejores cuentos.

En éstos, como se recordará, se describe un mundo poblado por famas y cronopios, además de las intermedias esperanzas. Los famas son los representantes de un orden rígido y jerárquico, mientras que los cronopios son “esos seres desordenados y tibios” que “dejan los recuerdos sueltos por la casa, entre alegres gritos", representando el polo anárquico y creativo de la sociedad.

Aunque muchos de los seguidores urbanos del caudillo cocalero puedan haber aspirado al rango de cronopios en su juventud, lo cierto es que hoy en día apañan a uno de los peores famas de la historia boliviana, constructor de un sistema neo-autoritario basado en una movediza mezcla de coerción y manipulación.

Que no engañen la propensión presidencial al disparate ni su juerguismo consuetudinario: más de 1.000 exiliados y casi medio centenar de presos políticos no dejan margen para la incertidumbre. Hablamos de un despotismo nada lúcido ni lúdico, enmascarado tras formas democráticas residuales pero portador de una degradación ética que costará mucho reparar en los próximos años.

Del laberinto evista de la corrupción sólo se podrá salir con una normativa inteligente que establezca la obligatoriedad de las licitaciones públicas en toda compra importante del Estado, en combinación con una política de desregulaciones que elimine la frondosa cantidad de oportunidades para el soborno y la extorsión burocrática.

Terminemos con un párrafo ilustrativo de Historias de cronopios y de famas, de Cortázar: “Ahora pasa que las tortugas son grandes admiradoras de la velocidad, como es natural. Las esperanzas lo saben, y no se preocupan. Los famas lo saben, y se burlan. Los cronopios lo saben, y cada vez que encuentran una tortuga, sacan la caja de tizas de colores y sobre la redonda pizarra de la tortuga dibujan una golondrina”. La tortuga, en este caso, es el Estado.


jueves, 17 de mayo de 2018


Objeción de conciencia: el ejemplo de Nicaragua



Emilio Martínez Cardona

La brutal represión desatada en Nicaragua por el régimen de Daniel Ortega en las últimas semanas, principalmente dirigida contra los universitarios, superó en mucho a la del dictador Anastasio Somoza.

Si este último cargaba con 4 asesinados y 60 heridos en la masacre estudiantil de julio de 1959, Ortega ya lleva 63 muertos y más de 200 heridos en el conflicto reciente, siguiendo el camino de Venezuela y, por supuesto, de Cuba.

Lo interesante del caso es la postura adoptada por las Fuerzas Armadas nicaragüenses, que se han negado a ejercer la violencia contra la población civil y han conminado al presidente sandinista a unas negociaciones que podrían conducir a su salida del poder.

“No tenemos por qué reprimir. Creemos que el diálogo es la solución”, ha dicho el portavoz oficial de los militares, el coronel Manuel Guevara.

Desde su cuenta en Twitter, Diego Arria, ex embajador de Venezuela en las Naciones Unidas y uno de los principales dirigentes del exilio de ese país, ha señalado que “la Fuerza Armada Nica tiene mejor olfato de lo que se le puede venir encima (Trump) que la cúpula criminal local”, refiriéndose con esto último al estamento castrense venezolano.

Lúcidamente, Arria alude al reordenamiento mundial puesto en marcha por el equipo Trump-Pence-Bolton-Pompeo, que incluye una “doblada de brazo” histórica a la tiranía estalinista de Corea del Norte, un obligado giro pragmático de Rusia que parece alejarse de Irán y, previsiblemente, una próxima entrada en cintura de los ayatolas en un nuevo acuerdo de control nuclear, con los rigores que Barack Hussein Obama no pudo o no quiso imponerle a Teherán (inspectores en las bases y fin del programa de misiles balísticos intercontinentales).

Complementando esta explicación basada en la disuasión, no descartemos un componente ético en la decisión de los militares nicaragüenses, profesionalizados por el acuerdo entre Humberto Ortega (el hermano inteligente de Daniel) y Violeta Chamorro, que condujo a la transición democrática en 1990.

Podríamos estar ante un ejemplo de institucionalismo y de objeción de conciencia frente a órdenes ilegales, que ojalá cundiera entre sus pares de otros países, especialmente en esa Venezuela desangrada y hambreada por el chavo-madurismo. Pero no solamente allí.

Y no se trata de postular ninguna variante de golpismo, sino de la sujeción de los uniformados a sus mandatos constitucionales y al principio republicano de neutralidad partidaria, por encima de los intentos de alineamiento ideológico promovidos por quienes buscan convertir a las Fuerzas Armadas en sus guardias pretorianas.

En Bolivia, de confirmarse las denuncias hechas por el prestigioso periodista brasileño Leonardo Coutinho sobre los “vuelos de la droga”, está claro que los militares estarían en la obligación de desobedecer cualquier instructiva de participación en la denominada Ruta del ALBA.

jueves, 10 de mayo de 2018


Complicaciones grouchomarxistas con Incahuasi



Emilio Martínez Cardona

El gran Groucho Marx solía decir que “la política es el arte de buscar problemas, encontrarlos, hacer un diagnóstico falso y aplicar después los remedios equivocados”.

El régimen evista parece haber seguido esa definición al pie de la letra, a manera de guión estratégico y sin una pizca del humor de Groucho, al buscar un conflicto interregional en Incahuasi para después tratar de aparecer como falso componedor del embrollo, a través de unos parlamentarios oficialistas que presentaron un recurso ante esa justicia que obedece a sus mismos jefes.

Pero el desbarajuste fue tal que el conflicto escaló más allá de lo previsto, ocasionando la renuncia obligada del principal artífice del entuerto, el ex ministro y ahora ex viceministro de autonomías Hugo Siles, implacable dilatador del Pacto Fiscal y sofista del neo-centralismo.

En el camino, el partido de gobierno ha minado sus apoyos en los departamentos “jocheados” por el conflicto, Santa Cruz y Chuquisaca, donde en gran parte de la población se ha elevado el malestar con el masismo: en el primer caso, por el congelamiento de un 50% de los ingresos por regalías, llegando a poner en peligro el pago de ítems de salud; y en el segundo por la promoción de falsas expectativas de recursos, provocadas por esa demagogia divisora que no sabe cómo salir del enredo autogenerado.

El “divide e impera” le ha estallado al oficialismo en las manos y es previsible que eso se refleje en las próximas encuestas de intención de voto, en esos sondeos que rozan la apología del delito al incluir la pre-candidatura inconstitucional de Evo Morales.

Cualquiera que sea la salida que se encuentre al conflicto, lo cierto es que el principal resultado para el Movimiento Al Socialismo será una pérdida de proyección electoral en dos departamentos, algo que al ser debidamente calibrado podría derivar en nuevas cabezas ministeriales rodando fuera del Palacio Quemado.

Entretanto, sería recomendable que en Santa Cruz y Chuquisaca se recuerde que el asunto de fondo respecto a la renta pública es la necesidad de descentralizarla (ya en otro momento hablaremos sobre la urgencia de emancipar a los ciudadanos de tanta carga tributaria).

De modo que ambas regiones deberían considerarse como aliadas contra un régimen concentrador, que acapara el 85% de los ingresos estatales sin mostrar la mínima intención de revisar dicho esquema, funcional a la corrupción y al despilfarro en obras fantasmagóricas e inversiones irracionales.

Esa sería una manera más productiva de enfocar las cóleras errantes de la época contra quien realmente lo merece, evitando el discurso fratricida.

Para finalizar, habría que dedicarles a los aprendices de brujos que fungen como estrategas en el gobierno central otra frase punzo-cortante de Groucho Marx: “Perdonen que les llame caballeros, pero es que no los conozco muy bien”. 

viernes, 4 de mayo de 2018


Un nuevo “caso Ostreicher”

Emilio Martínez Cardona

El lector recordará los abusos judiciales, económicos y carcelarios sufridos por el empresario estadounidense de origen judío, Jacob Ostreicher, que condujeron a un escándalo internacional ventilado incluso ante el Congreso norteamericano.

En aquella ocasión, el atropello llevó a que el “embajador de la coca” Sean Penn pasara al flanco crítico contra el régimen evista, y forzó a una limpieza intragubernamental que acabó con la caída en desgracia del llamado “gabinete de la extorsión”.

El asunto dejó el sabor amargo, además de la consabida corrupción, de cierto antisemitismo, sobre todo teniendo en cuenta que se produjo en el marco de un liderazgo que se ha caracterizado por un sesgo marcadamente contrario al Estado de Israel.

De ahí que sea inevitable atar cabos ante un nuevo “caso Ostreicher” que parece estar desarrollándose en la actualidad.

Hablamos del israelí-francés David Cabessa, quien peregrina desde hace años ante cámaras y tribunales en demanda por un operativo gerencial de una compañía pública que, de acuerdo a su testimonio, no sólo le habría ocasionado daños económicos de importancia a su propia empresa sino a todo el Estado boliviano.

Como otros emprendedores, fue víctima del “favoritismo rentado” que lleva a los convocantes de licitaciones a tener ganadores predeterminados, en este caso con el agravante de haberse anulado arbitrariamente una adjudicación previa a su firma, para hacerles campo a los pagadores chinos.

Después de varias cartas a la Presidencia del Estado Plurinacional (da algo de pena el uso de las mayúsculas), Cabessa consiguió que se iniciara una investigación a cargo del entonces Ministerio de Transparencia, que sin embargo resultó ser un mero simulacro.

Las que sí avanzaron fueron las pesquisas privadas del israelí, que lo condujeron a descubrir una increíble saga de negociados al interior de la empresa estatal en cuestión, protagonizada por la Máxima Autoridad Ejecutiva de la compañía.

Revelaciones que no llevaron, como correspondería en un ordenamiento legal racional, a la suspensión del funcionario sospechado, sino muy por el contrario, a la imposición de una mordaza judicial contra el empresario devenido en investigador, a quien un magistrado de la sede de gobierno le prohibió volver a hablar del tema con la prensa.

Sucede que lo averiguado por el empresario, respecto a los manejos irregulares del gerente general de marras, incluiría desde la presunta recepción de inmuebles lujosos como regalo de las compañías beneficiadas por las licitaciones dirigidas -a la manera del Lava Jato- hasta múltiples casos de nepotismo con sobrinos, yernos y cuñados del “ejecutivo”, cuya única calificación para el ejercicio del cargo sería el hecho de ser amigo de confianza del primer mandatario.

Como es previsible, el asunto llegará a foros internacionales, única vía demostrada para que el régimen evista corrija en algo sus abusos, ante el evidente desprecio de los contrapesos internos, anulados por un sistemático hegemonismo autoritario.
    

jueves, 26 de abril de 2018


Hacia el Estado Paria


Emilio Martínez Cardona

Que seis países latinoamericanos hayan comunicado su salida de Unasur, tras la asunción por Bolivia de la presidencia pro témpore del bloque, no debería sorprender a nadie. Después de todo, la barbárica “diplomacia del tuit” practicada por Evo Morales ha buscado la confrontación con todo gobierno de la región que no formase parte del club de dictaduras y regímenes híbridos encabezado por Cuba y Venezuela, por lo que este resultado tenía que materializarse tarde o temprano.

Morales creyó que se podía “hacer diplomacia a martillazos” -parafraseando a Friedrich Nietzsche-, abusando del tipo de intimidaciones y descalificaciones que han sido su método recurrente desde que comenzó a expandir el autoritarismo sindical del Chapare hacia toda Bolivia.

También es cierto que hay, más allá de los desaciertos en comunicación del caudillo cocalero y de su canciller-shaolín, una crisis en ciernes de toda la arquitectura diplomática del socialismo del siglo XXI, con la cual el extinto coronel Hugo Chávez Frías trató de hacer realidad el viejo proyecto castrista de “una OEA sin Estados Unidos”.

La OEA goza de mucha mejor salud que la tambaleante Unasur, con lo que el anhelo de finiquitar el sistema interamericano tendrá que ser archivado hasta nuevo aviso, para decepción de las potencias extra-regionales como Rusia, China e Irán, que veían la posibilidad de medrar con el “divide e impera”.

Mientras tanto, de la mano de Evo Morales, Bolivia parece encaminada a convertirse en una suerte de Estado Paria, cuyos únicos vínculos sólidos serían los tejidos con tiranías cada vez más lejanas.

Y no es sólo la descontrolada verborrea presidencial, de tufillo ideológico obsoleto, lo que complica las cosas con los países del entorno. Pesa mucho, junto con la indefendible defensa de la autocracia madurista en diversos foros internacionales, la transformación de Bolivia en un territorio permeable al accionar de los cárteles del narcotráfico, como ese Primer Comando de la Capital (PCC) que, a juzgar por lo aseverado desde la prensa brasileña, tiene ahora su centro de dirección en el “Psico-Trópico” de Cochabamba.

Igualmente, restringe las probabilidades de entendimiento con los vecinos la vocación prorroguista, que coloca al régimen evista fuera del orbe de las naciones democráticas y constitucionales. 

No mejora para nada las cosas el estricto alineamiento de Morales con las prioridades de política internacional de Teherán, evidenciado en las destempladas intervenciones tuiteras del caudillo tras la reacción de occidente contra la guerra química de Bashar Al Assad, sátrapa protegido por los ayatolas.

En el rubro que sea, el “Jefazo” aparece manipulado por fuerzas negativas en el concierto mundial, que tienen el único denominador común de consentir su ambición de reproducción indefinida en el poder. 

La ecuación decadente de perpetuación/aislamiento tendrá que ser sustituida por otra renovadora, de alternancia/reinserción. Es eso, o el Estado Paria.

jueves, 19 de abril de 2018


El corporativismo de Mussolini a Evo



Emilio Martínez Cardona

El caudillo cocalero Evo Morales acaba de proponer que el “Estado Mayor” de los movimientos sociales adscritos a su partido, la Coordinadora Nacional para el Cambio (CONALCAM), se constituya en un Consejo de Estado, de manera que las principales políticas públicas emanen, real o aparentemente, de su seno.

Esto implicaría un nuevo paso en el proceso de estatización de los sindicatos y de sindicalización del Estado que lleva a cabo el régimen evista, experimento que en términos universales tiene el nombre de corporativismo.

Aunque es conocida la afinidad del MAS con uno de los dos socialismos totalitarios del siglo XX, el marxista, evidenciada sobre todo por el alineamiento con la dictadura castrista, también son remarcables las similitudes prácticas con el otro engendro socialista del siglo pasado, el nacionalista y corporativista.

A quien le parezca extraña esta caracterización del fascismo habrá que recordarle que Benito Mussolini fue uno de los principales dirigentes del Partido Socialista Italiano, antes de crear su propia formación política, inspirada en el sindicalismo revolucionario de Georges Sorel y orientada por la máxima “Todo dentro del Estado, nada fuera de él”.

La praxis mussoliniana durante sus más de veinte años en el poder fue el dirigismo, con una economía subordinada al mando gubernamental y encuadrada en el esquema sindical que culminaba en la Cámara de las Corporaciones. En el fascismo tardío de la República de Saló, Il Duce llegó a intentar la “socialización”, consistente en el cogobierno de los trabajadores en los directorios de las empresas.

Estos hechos pueden sonar muy extraños para quienes han sido adoctrinados en el relato marxista, según el cual el fascismo era un fenómeno de “extrema derecha” y no lo que en realidad fue: un competidor por las banderas del anticapitalismo y antiliberalismo.

Volviendo al Estado Plurinacional, el corporativismo evista está, por una parte, anulando gran parte de la autonomía sindical, proponiendo incluso la erradicación del histórico “pluralismo ideológico” de la Central Obrera Boliviana (COB), que dentro de la tradicional orientación colectivista de esa entidad suponía cierto vestigio positivo de liberalismo político.

Por otra parte, es notoria la intención de sindicalizar el Estado, dándole cada vez mayores parcelas de poder a organizaciones que no ostentan una representatividad surgida del voto universal ciudadano.  

Tal vez el trasfondo de esto sea la idea de emular a la Asamblea Nacional Constituyente del madurismo, elegida según criterios corporativos, con miras a que sea el aberrante “Consejo de Estado” el que lleve adelante la batalla por la perpetuación en el evismo terminal.

Una muestra más de la creciente caída de las máscaras democráticas del régimen, que a medida que ve acercarse la hora de la rendición de cuentas ante la justicia -como está sucediendo en Brasil y Argentina- devela su verdadero rostro autoritario, en el intento de aferrarse al poder a como dé lugar.

jueves, 12 de abril de 2018


La lista de Odebrecht

Emilio Martínez Cardona

Un amigo, Premio Nacional de Periodismo y una de las mentes más lúcidas de Bolivia, lanzó la hipótesis de que la empresa Odebrecht, una vez descubierta su maquinaria de sobornos y al quedar fuera de juego en el campo de las licitaciones de construcción, encontró un nuevo rubro casi tan rentable como el anterior: la venta de indulgencias.

Esta sería una explicación creíble para que algunos políticos latinoamericanos figuren en la lista negra de los comprados por Odebrecht, mientras que otros, estrechamente vinculados al cleptócrata Lula da Silva, no aparecen implicados con claridad en el escándalo de las comisiones multimillonarias.

Dicho de otra forma: según la tesis de mi amigo, la empresa en cuestión podría tener una suerte de tarifario que aseguraría al pagador la exclusión de menciones sobre sus negocios turbios en las investigaciones en curso o a realizarse (“Kuczynski no pagó”, sería una de las derivaciones posibles de la premisa).

Para desgracia de los tarifados que sí lograron excluirse de la lista de Odebrecht, esa compañía no es ni por asomo la única en el pool de firmas que hacían parte de la red de corrupción encabezada por Lula. En el caso de Bolivia, todo parece apuntar a la también constructora OAS, que logró del gobierno de Evo Morales grandes contratos directamente apalancados por el ahora prisionero de Curitiba.

Si el iceberg cuya punta divisó José María Bakovic termina de emerger, la OAS podría acabar siendo la nueva CAMC, el caso de mega-corrupción que vertebre buena parte del debate político nacional en el 2018 y 2019, engrosando el ya frondoso prontuario de ilícitos que han caracterizado al régimen evista.      

La insistencia oficialista en restringir las pesquisas de contratos al viejo Servicio Nacional de Caminos, sin tener en cuenta a la Administradora Boliviana de Carreteras, es casi una confesión de culpabilidad.

Mientras tanto, el caudillo cocalero se “solidariza” con los ex presidentes corruptos de Brasil y Argentina, evidenciando el creciente aislamiento internacional de su régimen, cada vez más solo a medida que van cayendo los distintos integrantes de ese verdadero club de ladrones que resultó ser el socialismo del siglo XXI.

Difícil, muy difícil que un gobierno paria pueda gestionar con éxito un eventual proceso de diálogo con Chile pos-La Haya, que inevitablemente se volvería multilateral por el candado peruano al norte de Arica y por los intereses comerciales y geopolíticos de la Alianza del Pacífico.

Una razón más para la alternancia partidaria en el Palacio Quemado. Esa que tanto teme la nomenklatura masista, precisamente por miedo a seguir el camino al banquillo del acusado que ha llevado al procesamiento judicial de Cristina Fernández de Kirchner y al magnate ex sindicalista fundador del PT.

Alternancia para reinsertar a Bolivia en el mundo democrático versus perpetuación aislacionista será uno de los ejes en la controversia electoral del próximo año. Otro será el que opondrá opacidad y transparencia en el manejo de los contratos estratégicos del Estado.


jueves, 5 de abril de 2018


Odebrecht, OAS y Bolivia




Emilio Martínez Cardona

El caso Lava Jato es un tsunami que ya tumba presidentes en América Latina. No se trata simplemente de una gran empresa concesionaria de obras públicas que hubiese usado su poder económico para beneficiarse de mega-contratos en distintos países.

Es todo un pool de compañías, algunas privadas y otras estatales, que han funcionado de acuerdo a un esquema de tráfico de influencias encabezado por el entonces presidente de la República Federativa del Brasil, el socialista Luiz Inácio Lula da Silva, según las artimañas descritas por Netflix en la serie “El mecanismo”, ya denunciada por el ex mandatario y su fiel sucesora Dilma Rousseff.

Hablamos de un pool de al menos cuarenta empresas, reales o fantasmagóricas, que no sólo intercambiaron sobornos multimillonarios con gobernantes latinoamericanos sino que también sirvieron de colchón financiero para las campañas electorales del Partido de los Trabajadores y sus aliados, intencionales o funcionales.

Hasta el momento, el Lava Jato ha salpicado principalmente a terceros países, pero era inevitable que recalara en tierras bolivianas, dado el vínculo notorio entre las administraciones lulista y evista, evidenciada en numerosas ocasiones.

Sin embargo, los “spin doctors” de la media pro-oficialista están tratando de enfocar las investigaciones en presidentes de gobiernos anteriores, en lo que podría interpretarse como una puñalada por la espalda a quienes han funcionado como agentes de Bolivia en la demanda marítima ante La Haya.

Ya se trate de un simple desvío de atención o de una estrategia para neutralizar políticamente a quienes podrían “compartir” un eventual triunfo diplomático ante la CIJ, lo cierto es que la intoxicación mediática está evitando con cuidado que se toquen los casos de otras empresas del pool, como la constructora OAS, que detentaron contratos clave con el Estado Plurinacional.

Citemos, por ejemplo, a la adjudicación de la polémica carretera al TIPNIS, arreglo celebrado en persona por Lula y Evo en un mitin donde el primero además comprometió la financiación del BNDES (Banco Nacional de Desarrollo Económico y Social) para lo que su adversario José Serra definió como “la autopista de la cocaína”.

Recordemos también que el ex presidente del Servicio Nacional de Caminos, José María Bakovic, murió en prisión luego de haber denunciado en 2011 un sobreprecio significativo en esa carretera, cuyo costo real debía ser de 200 millones de dólares, pero que fue concesionada por 415 millones.

Como en otros casos, la excusa oficial será que la arteria aún no ha sido construida y que el contrato con la OAS fue rescindido, olvidando que esto sólo se produjo después de que mediaran pagos iniciales y de que las denuncias por presunta corrupción se difundieran ampliamente.

Existen también investigaciones periodísticas como la de Estadâo (Brasil), que incluye un mensaje donde los ejecutivos de Odebrecht aconsejan a Lula da Silva usar su influencia sobre Evo Morales para la concreción de un proyecto petroquímico; así como otro reportaje que subraya la “amistad” entre el gobernante boliviano y el máximo directivo de la OAS, Augusto César Ferreira e Uzeda.


lunes, 2 de abril de 2018


¿Un pos-chavismo dirigido por Cuba?

Emilio Martínez Cardona

El analista internacional Moisés Naím acaba de publicar un ingenioso artículo de política-ficción en el País de Madrid, donde transcribe los párrafos de un “memorando secreto” enviado por un operador cubano desde Caracas al dictador Raúl Castro.

No por imaginaria la invención es menos real, funcionando aquí a la perfección aquello de las “mentiras verdaderas” en la literatura (extensibles al periodismo narrativo) de las que habla Mario Vargas Llosa.

El memorando detalla la propuesta de permitirle una victoria condicionada al candidato presidencial Henri Falcón, ex integrante del PSUV, devenido desde hace algunos años en representante del ala más dialoguista –algunos dirían colaboracionista- de la oposición venezolana.

Esto, en vistas de la incapacidad de Nicolás Maduro para hacer sostenible el coloniaje cubano en tierras de Bolívar, dado el proceso de implosión en marcha. La alternativa, según el memo-tesis de Naím, sería remozar la dominación del castrismo sobre Venezuela cambiando elencos, estilos y formalidades, sin tocar lo esencial, que es el gigantesco subsidio petrolero a la isla caribeña, además de ciertos nombramientos clave que garanticen la docilidad ante la tutela.     

El plan tendría el beneficio de facilitar el levantamiento de las sanciones internacionales impuestas al régimen de Caracas, reincorporando a Venezuela, así sea de manera nominal o aparente, al concierto de las naciones democráticas.

¿Se habla realmente de esto en La Habana? El hecho de que el analista comentado suela estar muy bien informado permite suponer que esto podría ser bastante más que una simple especulación. En todo caso, como señala el viejo adagio italiano, “si non è vero, è ben trovato”.

A la ecuación manejada por Moisés Naím habría que sumar potencias extra-regionales como Irán, Rusia y China, que juegan sus propias cartas e intereses en el asunto: la consolidación de una cabecera de puente en América Latina para la expansión de las redes narco-terroristas de Hezbollah en el caso de la República Islámica, así sea a costa de la manipulación de un Estado fallido como en Siria; el mantenimiento de posiciones geopolíticas para que el Kremlin siga disputando su ajedrez mundial antinorteamericano; y el despliegue del expansionismo económico de China, probablemente la menos interesada de las tres potencias citadas en seguir comprometiéndose en el caos madurista.

Un pos-chavismo dirigido por Cuba podría ser conveniente, o al menos aceptable, para algunos de estos jugadores, sobre todo si el camuflaje implica mantener ciertos alineamientos internacionales, así sea con perfil bajo, o no investigar operativos como el que dotó de pasaportes venezolanos a 15.000 milicianos chiítas para que se diseminen por el continente.

Si Cuba logra darle nuevos bríos a su normalización diplomática con esta maniobra, sería la cuadratura del círculo. Pero Pompeo y Bolton pueden ser grandes obstáculos para la estratagema.

jueves, 22 de marzo de 2018


Venecia sin ti

Emilio Martínez Cardona

La canción de Charles Aznavour que da título a esta nota podría servir como música de fondo para el serio revés internacional sufrido por el régimen “pos-democrático” de Evo Morales, a manos de un órgano legal consultivo del Consejo de Europa.

A pedido de la Organización de Estados Americanos (OEA), la Comisión de Venecia dictaminó que, contra lo resuelto por el cooptado Tribunal Constitucional Plurinacional (TCP), no hay un “derecho a la reelección” que deba ser precautelado como derecho humano.

La Comisión también fue tajante al señalar que “limitar los mandatos presidenciales en los sistemas presidencial y semipresidencial apunta a garantizar la democracia y no equivale a discriminación”.

Más claro, agua. La precisión, además, echa por tierra las falacias masistas que manipulan realidades políticas muy distintas, como la vivida en los sistemas parlamentarios.

Para mayor información, la Comisión de Venecia fue creada después de la caída del infame Muro de Berlín, para ayudar a la construcción de estructuras constitucionales democráticas en el Este europeo, pasando luego a cooperar en otros ámbitos geográficos. Sus recomendaciones suelen ser incorporadas a las legislaciones afectadas, al menos por gobiernos seriamente comprometidos con la protección de las libertades ciudadanas.  

Por supuesto, el dictamen provocó la furia del probable arquitecto del fallo del TCP, el ministro de justicia Héctor Arce Zaconeta, quien sólo atinó a decir que la resolución veneciana “no tiene efectos vinculantes” para Bolivia. Más o menos una clonación de la argumentación esgrimida en La Haya por la delegación chilena, en el caso de la controversia marítima.

Efectos vinculantes o no, lo cierto es que el pronunciamiento del citado panel de expertos será tenido muy en cuenta por la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), a la hora de responder a las consultas hechas por opositores y representantes de la sociedad civil boliviana.

Esperemos que, tras producirse el posible dictamen del sistema interamericano contra la torcida sentencia constitucional “tecepista”, la respuesta de Zaconeta no imite una vez más a Chile, que por boca de José Miguel Insulza acaba de manifestar que la OEA “no es un organismo supranacional que pueda darle instrucciones a países”.

Palabras de un ex secretario general de esa organización, quien nunca alcanzó una mínima fracción de la estatura ética y política demostrada por Luis Almagro en el desempeño del mismo cargo.

Las curiosas clonaciones del Ministro de Justicia a la lógica argumental trasandina dan cuenta de las paradojas y contradicciones que implica el buscar acuerdos internacionales de “buena fe”, mientras ésta es olímpicamente ignorada a nivel interno a través de las “estrategias envolventes” que desconocen la voluntad popular expresada en el referéndum del 21F. Sería más fácil y coherente trabajar por la causa marítima respetando la democracia.

El Día


jueves, 15 de marzo de 2018


Acupuntura urbana

Emilio Martínez Cardona

Debemos al genio de Jaime Lerner, revolucionario ex alcalde de Curitiba, el desarrollo del concepto de acupuntura urbana, también teorizado por el finlandés Marco Casagrande.

Se trata de una intervención no invasiva sobre el cuerpo de la ciudad, enfocada en reformas puntuales sobre diminutos nodos de presión urbana, que no obstante su aparente modestia acaban produciendo resultados importantes en el conjunto del espacio público.

Explica Lerner: “El principio de recuperar la energía de un punto enfermo o cansado por medio de un simple pinchazo tiene que ver con la revitalización de ese punto y del área que hay a su alrededor. Creo que podemos y debemos aplicar algunas magias de la medicina a las ciudades, pues muchas están enfermas, algunas casi en estado terminal. Del mismo modo en que la medicina necesita la interacción entre el médico y el paciente, en el urbanismo también es necesario hacer que la ciudad reaccione”.

Esta física de la ciudad nos habla de una estructura nodal, con puntos neurálgicos capaces de producir ondas de cambio o efectos dominó, ya sea sobre el sistema de transporte urbano, las redes de mercados u otros espacios vitales.

Es un enfoque radicalmente distinto del tradicional faraonismo de la obra pública, apostando a la eficiencia más que a la visibilidad, y a la resolución real de problemas urbanos antes que a la oportunidad para el sobreprecio. 

El milagro de Cutiriba operado por Lerner no estuvo basado en un gran derroche de recursos económicos, sino en un cambio conceptual, en un repensar la ciudad concentrado en pequeños programas autofinanciados, de “sostenibilidad infinita” al decir del arquitecto-alcalde.

Ante el congestionamiento vehicular, en vez de un costoso metro o de un ensanchamiento de calles y avenidas que habría afectado el tejido urbano circundante, Lerner y su equipo apostaron por la reforma puntual: la creación de carriles exclusivos para autobuses en vías ya existentes, con estaciones tubo donde se paga al ingresar y se pueden hacer conexiones múltiples sin abonar más de un boleto.

En la misma escuela de la acupuntura urbana, Medellín ha implementado soluciones con beneficios múltiples sobre el empleo, la seguridad y el transporte.

El caso emblemático es el de la comuna 13, erigida sobre una ladera alejada de las zonas de alta ocupación de mano de obra e incluso de los sistemas de transporte público que podían acercar a sus habitantes hacia las potenciales fuentes de empleo.

Los pobladores de la comuna debían caminar a través de 28 niveles por caminos escarpados para poder acceder al transporte público, lo que implicaba grandes pérdidas de tiempo además de importantes riesgos de seguridad, con preocupantes índices de asaltos combinados con una lacerante desocupación.

La solución propuesta a la alcaldía por el arquitecto Carlos Escobar fue un shock de ingenio: una escalera mecánica de 384 metros y con techo que escala la montaña en tan solo seis minutos.

El resultado fue un desplome de los índices de desempleo y criminalidad, y una renovada expectativa de progreso para la comuna 13.

De nuevo: la clave no está en el gasto masivo sino en el pensamiento innovador, en el capital intangible de la creatividad humana.

El Día





sábado, 10 de marzo de 2018


La entrevista al dictador

Emilio Martínez Cardona

La película “La entrevista” (The Interview, 2014), protagonizada por Seth Rogen y James Franco, ensaya una ingeniosa crítica de la tiranía de Kim Jong-un en Corea del Norte.

En esta recomendable pieza humorística, que incluso motivó ataques cibernéticos de los hackers norcoreanos contra la productora de la película, se muestra la seducción que el déspota ejerce sobre un entrevistador occidental, a quien inicialmente convence sobre las bondades del socialismo zuche, versión del estalinismo heredada de su abuelo, Kim Il-sung.

En la segunda parte del largometraje, los sucesos dan un giro y el presentador de TV Dave Skylark descubre la realidad detrás de la fachada: feroz violencia de Estado y crónico desabastecimiento alimentario.

Como a veces la realidad imita a la ficción, la primera mitad de la historia parece haberse repetido en Bolivia, con la entrevista hecha por el actor Morgan Freeman a Evo Morales, quien preside lo que algunos expertos internacionales califican de “régimen híbrido” y otros de “autoritarismo competitivo”, pero que definitivamente ya no puede definirse como una democracia plena, ni siquiera imperfecta.

El reportaje de National Geographic mostró a un Freeman (curiosa ironía en el nombre) siguiendo un diálogo previamente pactado, donde se resaltaba la “rebelión socialista” llevada por Morales a “la escena mundial”. Si esto fue logrado a través de la seducción ideológica o del vil metal no lo sabemos a ciencia cierta, aunque también podría tratarse de una combinación de ambos factores.

Lo que también ignoramos es si más adelante le sobrevendrá al entrevistador -excelente actor pero por lo visto mal periodista- el desencanto. Una campaña de cartas de ciudadanos de Bolivia a NatGeo señalando los atropellos del régimen evista podría ayudar en algo.

Tampoco estaría de más que algún parlamentario de oposición pida informes al Ministerio de Comunicación sobre posibles aportes publicitarios al canal citado, a manera de fiscalizar los abusos que se hacen con el dinero de los contribuyentes bolivianos. 

Por supuesto, no estamos ante ningún fenómeno nuevo: la cooptación de artistas, intelectuales y “periodistas estrella” es una vieja práctica totalitaria, aplicada de manera sistemática por dictaduras de izquierda desde que Willi Münzenberg fuera enviado por Lenin a la caza de la intelligentzia europea.

Claro que podríamos mencionar como precedentes célebres las fallidas colaboraciones de Platón con el tirano de Siracusa y de Voltaire con Federico el Grande, que ejemplifican tanto la tentación por el despotismo ilustrado que suele asaltar a los intelectuales cuando claudican de su función crítica, como lo problemática e inestable que suele ser la asociación con los dictadores.

Quien quiera ahondar en el tema puede consultar mi libro, “De Orwell a Vargas Llosa”, publicado en el año 2015 por el Interamerican Institute for Democracy y prologado por el escritor cubano Armando Valladares.


El Día




viernes, 2 de marzo de 2018


El relativismo jurídico de Qananchiri

Emilio Martínez Cardona

Qananchiri –nombre de guerra de Álvaro García Linera en el terrorista EGTK- acaba de enriquecer el acervo de sofisterías con las que tanto ha contribuido al discurso oficial por más de una década.

Según la frase recogida por los medios de prensa y viralizada en memes de toda laya por el ingenio popular, el vicepresidente se habría preguntado: “¿Creen que vamos a rifar la repostulación de Evo por un apego abstracto a la norma?”.

Obviamente, el petardo verbal pertenece a la misma artillería del disparate de donde salieron el “le meto nomás aunque sea ilegal” de Evo Morales, o aquel “lo político antes que lo jurídico” de otro representante del populismo de izquierda regional, José Mujica, ducho embaucador de incautos.

Lo cierto es que la salvajada del vice pone en evidencia la fibra antidemocrática del régimen que co-dirige, echando por tierra uno de los pilares centrales de la república, como es el principio de igualdad ante la ley.

Aquel que los antiguos griegos llamaron “isonomía”, consagrado en las reformas constitucionales de Clístenes de los años 508 y 507 antes de Cristo, y que, de acuerdo a Heródoto, incluía la obligación de que los magistrados rindieran cuentas de sus acciones ante el demos (pueblo) al término de su mandato.

Y ahí nos acercamos al núcleo del asunto: la intención de perpetuarse en el poder, personalmente o como camarilla, para evitar el posterior escrutinio de sus abusos y latrocinios, una vez que la alternancia los haya desalojado del comando del Estado.

Sin “apego abstracto” no hay norma alguna, sino mera discrecionalidad, campo en el que prosperan déspotas y burócratas.

Pero este relativismo jurídico no es una simple barrabasada individual, sino que proviene de la adscripción ideológica profunda de García Linera, el “horizonte comunista” del que ha hablado en reiteradas ocasiones.    

En el libro “Su moral y la nuestra”, León Trotsky indicaba que “moral es todo lo que ayuda a la revolución, e inmoral todo lo que la combate”, descalificando como “moral burguesa” los cuestionamientos que mencheviques y eseristas hacían del terror de Estado implantado por el Ejército Rojo y la Cheka. 

Entonces, para esta mentalidad totalitaria la normativa ética y jurídica no pasa de ser una caja de herramientas optativas, que se pueden hacer o no operativas en función del interés táctico o estratégico de la nomenklatura revolucionaria en una coyuntura dada.

Al fin y al cabo, el socialismo no había sido otra cosa que una involución: en el plano político, hacia una monarquía que ni siquiera es limitada sino absoluta, y en el económico, hacia una servidumbre semi-feudal. Sobre esto último, bastaría con preguntarle a cualquier trabajador chino, sin derechos sindicales de ninguna especie, o a los médicos cubanos, obligados a entregar la mayor parte de sus salarios como tributo al Leviatán castrista.

La tríada capitalismo liberal-gobierno limitado-Estado de Derecho sigue configurando el sistema más progresista, abierto e incluyente de toda la historia universal.

El Día