sábado, 2 de enero de 2021

Nuevo diccionario plurinacional


Emilio Martínez Cardona

En esta segunda fase del “proceso de cambio” surgen nuevos sentidos para los términos y expresiones, que vienen a engrosar la neolengua construida durante los últimos 14 años.  

Sillazo: metodología de democracia orgánica y desestalinización.

Sustitución de importaciones: que la gente pague más por productos peores, beneficiando a las empresas amigas del gobierno.

Gobierno de facto: el que quieren instalar en Chimoré (en pausa por el momento).

Pachamamismo: fetichismo de los recursos naturales.

Evo: era geológica pasada. Quedan sus capas sedimentarias.

Alba: espectro diplomático.

Déficit fiscal: agujero negro creado por las empresas públicas inviables, pero que achacamos al neoliberalismo de la transición.

Deuda externa: lo que inflamos durante 14 años, criticamos en el 2020 y retomaremos en el 2021.

Justicia: amnistía para unos, procesos para otros.

Argentina: nuevo modelo para el desastre, que viene a sustituir a Venezuela.

Coronavirus: invención imperialista a la que es invulnerable nuestro Chuñoman, gracias al consumo de supercoca y dióxido de cloro.

Chuñoman: “hombre nuevo” del lumpensocialismo.

Impuesto a las grandes fortunas: herramienta para espantar capitales.

Golpismo: efecto del sillismo.

Cupos de exportación: excusas para la coima.

Burocracia: élite del proceso de cambio.

Movimientos sociales: pongos de la burocracia.

Filemonismo: un fantasma que recorre el MAS y que tal vez pueda encarnarse en la vicepresidencia.

MAS: partido bien partido. Puede acabar siendo algo más parecido al peronismo que al chavismo.

Relato: cuento for export, donde no entran los francotiradores de las FARC.

 

martes, 22 de diciembre de 2020

Diez tesis sobre la transición boliviana


Emilio Martínez Cardona

Cerrando el 2020, se impone un balance del proceso vivido en el último año y tanto, para desmontar falacias y aportar elementos de juicio sobre aciertos y responsabilidades.

1. Objeción de conciencia. La rebelión popular contra el fraude no habría llegado a buen puerto sin la objeción de conciencia de los policías, que se negaron a reprimir las protestas, y sin la resistencia institucionalista de los militares a enfrentarse con las fuerzas policiales.  

2. Ni golpe ni junta: sucesión. Contra la estrategia de vacío de poder impulsada por Evo Morales, a través de las renuncias de sus inmediatos sucesores, y contra las tentaciones de una junta cívico-militar en una facción de extrema derecha (que habría sido funcional a la primera), se optó por la vía correcta, con una sucesión constitucional avalada por el Legislativo y por el TCP.

3. Mandos medios masistas. Si bien es comprensible, por motivos éticos y técnicos, que el gobierno de transición evitara despidos masivos en el sector público, debió procederse a una remoción quirúrgica de mandos medios estratégicos del MAS en los ministerios. Al conservar muchos de estos cuadros, se mantuvieron también ciertas redes de corrupción como la que generó el escándalo de los respiradores. 

4. Torpedeo del mesismo. Desde el sector liderado por el ex presidente Mesa se priorizó lo electoral sobre la gobernabilidad del proceso de transición, llevando a cabo un bombardeo mediático que magnificó los errores reales (respiradores) y procuró instalar otros inventados (reactivos). Actitud que contrasta con la tibieza mostrada en las últimas semanas por esa formación política en relación a la nueva administración del MAS.

5. Se frenó la debacle económica. Contra lo sugerido por la “leyenda del año negro” que promueve Arce, lo cierto es que la pérdida de reservas internacionales en plena pandemia fue menor que la del 2019, y que la recesión generada por el Covid en Bolivia también es inferior a la que se registra en Argentina, gobernada por el modelo “nacional-popular” que comparte el masismo.

6. No se avanzó en la autonomía. Aunque se alegará que esto no estaba dentro de las competencias de un gobierno de transición, se perdió la oportunidad histórica de impulsar medidas como el Pacto Fiscal, para distribuir buena parte de ese 85% del Presupuesto General del Estado que es manejado por el centralismo.    

7. Sacrificios y mezquindades. Si bien dos candidatos presidenciales (Añez y Quiroga) dieron correctamente un paso al costado para viabilizar la unidad de las fuerzas democráticas, los partidos que siguieron en carrera fueron incapaces de forjar acuerdos mínimos, siquiera a través del voto cruzado, que habría ampliado la representación opositora en la Cámara de Diputados.

8. Sin control electoral. Otra grave falencia de las alianzas opositoras que llegaron al 18 de octubre fue su débil aparato de control electoral, sin el cual es difícil confirmar las denuncias de irregularidades.

9. Misión tardía. Aún comprendiendo que la llegada de los expertos de la CIDH se demoró por las dudas en la imparcialidad de dos de ellos, habría sido preferible que el arribo de este grupo se diera en el marco del gobierno de transición, reduciendo las capacidades de manipulación de la verdad histórica del masismo.

10. El pos-evismo. Aunque la posibilidad de un cambio pleno de ciclo político quedó trunca, no todo fue en vano y el propio MAS parece vivir un proceso de “desestalinización”, con el fin de la dictadura personal de Evo Morales e incipientes tanteos hacia una democratización interna.  


miércoles, 16 de diciembre de 2020

El ingenio de los piratas


Emilio Martínez Cardona

No se trata de los corsarios y bucaneros imaginados por mi tocayo Salgari: Sandokán, Yáñez y Tremal-Naik, ni del afectado capitán Jack Sparrow de la saga cinematográfica. No son piratas de mar sino de tierra y están por todo el país, aunque alguna leyenda urbana sitúa su guarida principal en grandes talleres de imprenta de El Alto.

Hablamos de los piratas del libro, azote de la industria editorial pero al mismo tiempo, aunque suene herético, benefactores egoístas de la cultura popular.

Tales los sentimientos encontrados que tuve hace un par de días, cuando un amigo me trajo la versión en formato pocket de mi “X2: lo que Unasur no dijo”, originalmente publicado en el 2009 pero al parecer reeditado hace poco por los corsarios de la lectura.

Con esto, serían al menos cuatro de mis títulos los que han sido objeto del paradójico homenaje de la piratería, junto a “El caudillo ilustrado” (2019), “La masacre del Hotel Las Américas” (2009) y “Ciudadano X” (2008), este último el más profusamente reproducido por los asaltantes de la propiedad intelectual.

Su ingenio debe reconocerse: a las seis ediciones formales de “Ciudadano X”, con portadas negra, roja y amarilla, los Sandokanes del libro agregaron una “séptima edición” con tapa dorada, incluyendo en la contratapa un DVD (conteniendo mis entrevistas en televisión, que yo no tenía) y un CD, donde una voz robotizada leía el texto de la obra en su totalidad.

Por supuesto que la competencia desleal de los piratas afecta a los autores, editoriales y libreros, pero creo que su ingenio no debe ser contrarrestado tanto con una improbable coerción o persecución, sino con ingenio liberal, buscando modos inteligentes para que el Estado deje de “desincentivar” al mercado formal del libro.

La eliminación del IVA sobre el libro fue un paso interesante pero insuficiente y pueden encontrarse otras vías adicionales para bajar el peso tributario del sector público, que de manera directa o indirecta encarece las actividades del sector.

Pienso, por ejemplo, en el caso de los centros históricos de las ciudades, en modificaciones a la contribución inmobiliaria, con reducciones significativas que beneficien a las edificaciones donde funcionen librerías, cafés culturales, salas de teatro o galerías de exposición, y que tendrían un efecto positivo sobre el costo de los arrendamientos.

O en una ley de mecenazgo que permita descontar varios puntos del Impuesto a las Utilidades a las empresas que hagan donaciones a la producción literaria o a otras ramas del arte.

Recordemos que el mayor filibustero es el Estado, aunque suela camuflarse de filántropo. Y mientras tanto, no dejemos de visitar periódicamente las narraciones aventureras de Stevenson, Verne, Conrad o Barrie. En ediciones originales, no piratas.


jueves, 10 de diciembre de 2020

 La profecía de Ignazio Silone

 Emilio Martínez Cardona

“La batalla final será entre comunistas y ex comunistas”. La frase, dicha jocosamente al líder del Partido Comunista Italiano (PCI), Palmiro Togliatti, pertenece al escritor Ignazio Silone, fundador y luego disidente de esa fuerza política.

Mitad broma y mitad profecía, el aserto de Silone hacía referencia a la importante contribución a la causa de la libertad hecha por intelectuales ex partidarios del marxismo, entre los que se cuentan figuras de la talla de André Gide, Arthur Koestler, George Orwell, Stephen Spender o James Burnham.

En América Latina podemos citar los casos de Octavio Paz y de Mario Vargas Llosa, quienes supieron evolucionar desde la izquierda revolucionaria a un liberalismo crítico hacia toda forma de autoritarismo.

Tal vez la clave para esta contribución estribe en que los ex marxistas llegaron a conocer en profundidad los perversos mecanismos de distorsión de la realidad y de anulación de la individualidad, puestos en práctica por la dictadura soviética o por sus facsímiles chinos y cubanos.

“Nosotros, los ex comunistas, somos las únicas personas que sabemos de qué se trata”, dijo en su momento Koestler.

Varios de estos autores convergieron en una obra colectiva editada en 1949, “El Dios que fracasó”, de lectura altamente recomendable (además de los mencionados Silone, Gide, Koestler y Spender, se incluían ensayos de Richard Wright y Louis Fischer).

El laborista inglés Richard Crossman, compilador del libro, señala en su prólogo que entre las razones profundas para la desilusión de estos autores con la URSS (por entonces único espécimen de la familia ideológica en cuestión) estuvieron “la renuncia a la libertad de opinión”, la entrega en cuerpo y alma al “altar de la revolución mundial”, el acatamiento de los dogmas de la “ley canónica del Kremlin” y la obediencia ciega a los jerarcas del omnisciente Partido.

Una iniciativa similar, más reciente y enciclopédica, es la del “Libro negro del comunismo”, publicado en 1997. Obra de 800 páginas dirigida por el ex maoísta Stéphane Courtois, director del CNRS francés (Centro Nacional para la Investigación Científica), con las colaboraciones de historiadores e investigadores como Nicolas Werth, Jean-Louis Panné, Andrzej Paczkoski, Karel Bartosek y Jean-Louis Margolin.

Allí se hace una estimación sobre el número de víctimas de los experimentos sociales en la República Popular China, Unión Soviética, Corea del Norte, Camboya, Europa del Este, América Latina, África y la zona controlada por el estalinismo en la guerra civil española, acercándose a la cifra de 100 millones.

Posiblemente no haya una “batalla final”, como no habrá un fin de la historia, y la tentación totalitaria deba ser conjurada cíclicamente. Pero en esa tarea el ejemplo de quienes supieron romper con las fuerzas liberticidas -aún a costa de la descalificación y el vituperio- servirá como fuente de inspiración permanente.


domingo, 29 de noviembre de 2020

 Distopías latinoamericanas

 Emilio Martínez Cardona

En un artículo anterior (“Lecturas de pandemia: las distopías”) hicimos una somera introducción a las sociedades imaginarias de tipo pesadillesco, que John Stuart Mill agrupó bajo el término distopía, cuya etimología aproximada sería “mal lugar”, por contraposición a las sociedades utópicas, de pretendida perfección.

El inventario de narraciones distópicas suele iniciarse con la novela “Nosotros” del autor ruso Yevgueni Zamiatin, publicada en 1924, continuando luego el canon habitual con “Un mundo feliz” de Aldous Huxley, editada en 1932, y con “1984” de George Orwell, escrita hacia 1948.

Sin embargo, una revisión bibliográfica más reciente permite inferir que el primer ejemplo de este subgénero de la literatura fantástica podría haberse dado en América Latina, con el libro “Eugenia: esbozo novelesco de costumbres futuras”, publicado en 1919 en México por el escritor de origen cubano Eduardo Urzaiz, emigrado a Yucatán.

En la obra se describe una sociedad sometida a una reingeniería total bajo los dictados de la eugenesia, con un Estado que domina las funciones reproductivas para, obviamente, “perfeccionar” a la humanidad. Bajo la parafernalia tecnológica de la ciudad ideada por Urzaiz, Villautopía, con sus aceras deslizantes y bicicletas voladoras, se esconde la crisis trágica inducida por la eliminación de los vínculos emocionales y familiares. Aspectos que parecen anticiparse en más de una década a la novela de Huxley antes mencionada. ¿La primera distopía sería cubano-mexicana?

Continuando con este canon latinoamericano de las distopías podría incluirse también al cuento “Utopía de un hombre que está cansado” (“El libro de arena”, 1975), donde el maestro Jorge Luis Borges imagina una incursión en un futuro melancólico, en el que se han suprimido la cronología, la historia, las estadísticas y hasta los nombres propios.

Aunque el anfitrión del viajero del tiempo da un relato idealizado de la sociedad futura, con algunos rasgos ciertamente deseables (“los gobiernos fueron cayendo gradualmente en desuso”, ya que “nadie en el planeta los acataba”), los elementos distópicos van aflorando de la mano de la sutil ironía borgeana, dejando entrever un sistema de cámaras de gas de ingreso voluntario pero indefectible.

Ya en el siglo presente y en Bolivia, tenemos un ejemplo de distopía en la novela “El viaje”, de Rodrigo Antezana Patton (año 2002), con un recorrido por los mundos vacíos de un futuro apocalíptico donde la destrucción no ha sido obra de la conflagración atómica que requiere el cliché, sino de una suerte de entropía social, que lleva a la humanidad a escindirse en dos especies en combate mortal.

Igualmente, pueden rastrearse rasgos distópicos en la probable trilogía de Edmundo Paz Soldán conformada por “Sueños digitales” (2000), “El delirio de Turing” (2003) y “Palacio Quemado” (2006), con personajes dedicados –como el Winston Smith de “1984”- a la reinvención de la historia a través de la manipulación de imágenes, discursos y criptografías, al servicio de “un Estado paranoico, generador de ficciones”.    


domingo, 22 de noviembre de 2020

 El evismo “interplanetario”

 


Emilio Martínez Cardona

“Esta lucha no solamente es interna, es una lucha internacional, una lucha interplanetaria”. Con estas palabras, el ex “Jefazo” Evo Morales selló su retorno a la capital de su feudo cocalero en El Chapare, Chimoré.

¿Simple lapsus de quien anteriormente había destacado la lucha de los aymaras contra el imperio romano y el británico? ¿O se trató de una búsqueda deliberada de exposición mediática, en vista de que los sucesos en la sede de gobierno no lo tienen por principal protagonista?

En todo caso, es posible que lo primero haya sucedido en el marco general de lo segundo, más aún cuando tanto Luis Arce como David Choquehuanca eligieron no participar en el acto de recepción chapareño. De hecho, Arce apenas le dedicó a su regreso un tuit vergonzante a medianoche, mientras que Choquehuanca prefirió el silencio absoluto.

Cosas del nuevo poder dual que se va configurando, podría decirse.

También llama la atención que el evismo “interplanetario” esté bastante circunscrito a cierta territorialidad específica, con desplazamientos restringidos a las regiones y localidades donde el Movimiento Al Socialismo logró mayorías holgadas, evitando el paso por ciudades marcadamente antievistas (es el caso del reciente Ampliado en Colcapirhua, donde Evo finalmente “logró” la presencia de Arce).

Cabe pensar, entonces, que del liderazgo nacional Evo Morales ha pasado, al menos de momento, a un caudillaje territorial, a convertirse en el principal líder regional del MAS.

Volviendo a su nueva perla discursiva, que sin duda pasará a engrosar su frondosa e involuntaria antología del disparate, podría temerse que en los largos meses de aburrimiento en la mansión de San Isidro, sin compañías quinceañeras, el ex “Jefazo” haya sido iniciado en los misterios esotéricos del posadismo, ese extraño marxismo ufológico que postula la existencia de extraterrestres socialistas.

Ese bizarro cóctel ideológico fue creado hacia 1968 por el trotskista argentino J. Posadas (seudónimo de Homero Rómulo Cristali Frasnelli), con la publicación de un libro de título extenuante: Platillos voladores, el proceso de la materia y la energía, la ciencia, la lucha revolucionaria y de la clase trabajadora y el futuro socialista de la humanidad.

Allí, este curioso personaje alegaba que el proletariado debía pedirle ayuda a los alienígenas comunistas para “sentar las bases de la fraternidad humana”. También hay que indicar su entusiasmo por una pronta guerra nuclear, que sembraría al planeta de “Estados obreros”.

Por absurdo que parezca, en torno a él llegó a erigirse la “Cuarta Internacional Posadista”, donde se unían las seudociencias del materialismo dialéctico y de la especulación ufológica.

¿El posadismo es la fase superior del evismo? ¿En la nueva etapa “interplanetaria” se pasará del “horizonte etnocomunista” al ufomarxismo? ¿Bajarán los cosmonautas en Chimoré?

jueves, 5 de noviembre de 2020

La sombra que viene de Buenos Aires


Emilio Martínez Cardona

Evo Morales anuncia su regreso a Bolivia para uno o dos días después de la transmisión de mando, con una “gran caravana” que iría desde Villazón hasta El Chapare. Esta pirotecnia política tiene una razón: busca reafirmar su centralidad dentro del Movimiento Al Socialismo, algunas de cuyas alas han dado señales de querer prescindir de su lastre autoritario para reinventar el partido.

Tal vez acabemos diciendo: “Volvió, pero debemos recordar su condición de sombra”, como escribió Jorge Luis Borges acerca de uno de sus personajes en el cuento “La otra muerte” (El Aleph).

La sombra que viene de Buenos Aires querrá ser de nuevo el “Jefazo”, pero es probable que su caudillaje se limite ahora al feudo territorial del Trópico de Cochabamba y parcialmente al Soviet del Senado, que encabezarán sus pupilos Andrónico y Loza.

Seguirá siendo pródigo en shows mediáticos, pero habrá que ver, con el tiempo, hasta donde alcanzará su poder fáctico.

Hay elementos suficientes para suponer que Luis Arce Catacora no será el Cámpora que buscaba Evo Morales, un mayordomo que le transfiera dócilmente el sillón presidencial a corto plazo, aunque tampoco sería un Lenin Moreno, que opere una ruptura total con el ex mandatario.

Todo apunta a que la relación entre ambos será más compleja, de política florentina, más parecida a la de Alberto y Cristina Fernández, no tanto desde una cohabitación intragubernamental como la que existe en Argentina, sino de tensiones y negociaciones entre el Poder Ejecutivo y el partido-sindicato. Una especie de poder dual del siglo XXI.

Habrá que estar atentos también al rol que pueda desempeñar David Choquehuanca, quien reagrupó en la campaña a los indígenas no cocaleros, lo que insinúa algún distanciamiento entre el pachamamismo y el Cártel del Chapare.

Se dice que el vicepresidente electo es el más decidido a una renovación de las prácticas partidarias, pero una piedra de toque fundamental para saber si esto va en serio será la actitud que tome como presidente nato del Congreso, respecto al atropello a la democracia que eliminó el requisito de los 2/3 para gran parte de los procedimientos parlamentarios. 

Sobre el punto, habrá que recordar que la oposición no es una “minoría bien minoría”, como infelizmente dijo Arce, sino casi la mitad del electorado, y que la estabilidad política en los próximos años dependerá de la capacidad de incorporar este dato de la realidad a las políticas gubernamentales.

Otra cosa es que esa mitad del electorado insista en fragmentarse, facilitándole el “divide e impera” al masismo y, lo que es peor, a la sombra que viene de Buenos Aires. Algo que habrá que revisar para las elecciones autonómicas en puertas, donde se juegan tanto espacios de gestión como la chance de generar contrapesos republicanos.


jueves, 22 de octubre de 2020

 

Un nuevo proyecto basado en el capitalismo popular


Emilio Martínez Cardona

Resultado. Más allá de errores en las ingenierías electorales opositoras, que también incidieron en la derrota, el resultado del domingo pasado en Bolivia pone de manifiesto un problema mucho más profundo: la incomprensión sobre la composición social real del país, que limita los proyectos políticos de centroderecha a la ciudadanía que vive de la economía formal, que podríamos catalogar como clase media tradicional.

Empresariado popular. Mientras no se genere un nuevo proyecto político, capaz de incorporar plenamente a los emprendedores de origen popular que lideran ese 70% informal de la economía boliviana (llámese nueva clase media, burguesía chola o cunumi), el Movimiento Al Socialismo puede seguir ganando elecciones.    

Cuatro economías. Enseña el teórico del agorismo, Samuel Konkin, que la economía puede en realidad subdividirse en cuatro: blanca (legal), gris (combinando prácticas formales e informales), negra (extralegal pero no basada en delitos de daño a terceros) y roja (actividades del crimen organizado). La habilidad del Cártel del Chapare radicó en hegemonizar, desde la economía roja, a la negra y la gris, mientras que los representantes de la economía blanca o formal no tuvieron la capacidad de tender puentes suficientes hacia la gris y porciones de la economía negra.

Prácticas de mercado, chip socialista. Todo esto ha generado la paradoja de que este empresariado popular, con evidentes prácticas de economía de mercado, se asocia en sindicatos que tienen la imagen del Che Guevara en su logo y que votan (contranatura) por un proyecto socialista que suele extorsionarlos.

Descriminalizar. Debe dejar de pensarse en esta economía extralegal como criminal. Se trata de ciudadanos que fueron expulsados de la formalidad por un Estado sobrerregulador.

El misterio del capital. En el libro de ese título, el economista peruano Hernando de Soto señala que “en Asia, África, el Medio Oriente y América Latina, la mayoría de los pobres ya posee los activos que precisa para hacer del capitalismo un éxito. Hasta en los países menos desarrollados, los pobres ahorran. El volumen juntado por los pobres es inmenso: 40 veces toda la ayuda exterior del mundo desde 1945. (…) Pero se trata de una posesión defectuosa: las casas de los pobres están construidas sobre lotes con derechos de propiedad inadecuadamente definidos, sus empresas no están constituidas con obligaciones claras y sus industrias se ocultan donde los financistas e inversionistas no pueden verlas. Sin derechos adecuadamente documentados, estas posesiones resultan activos difíciles de convertir en capital, no pueden ser comercializados fuera de los estrechos círculos locales donde la gente se tiene confianza mutua, no sirven como garantía para un préstamo ni como participación en una inversión”.

Derecho natural. Para corregir esa posesión defectuosa en Bolivia, para reconocer ese Capital Popular, tiene que empezarse por subrayar que la propiedad es un derecho natural, reconociendo jurídicamente los derechos adquiridos. Líneas de buses que hacen su recorrido desde hace treinta años, pero no tienen una concesión pública de largo plazo, y cooperativistas mineros que explotan vetas de larga data, pero están sujetos a autorizaciones temporales y precarias de la burocracia, son algunos de los casos de estudio.

Lo liberal y lo popular. En suma, se trata de entroncar lo liberal y lo popular, fortaleciendo derechos de propiedad en círculos sociales periféricos. En Perú, Hernando de Soto ya anuncia su candidatura presidencial, mientras que en Argentina surgen varias alternativas liberales de cara a las elecciones legislativas del año próximo, incluyendo a un neomenemismo “popular-capitalista”. ¿Qué haremos al respecto en Bolivia?


martes, 13 de octubre de 2020

Breviario electoral

 

Emilio Martínez Cardona

*Gane quien gane, habrá que oponerse a cualquier intento de: amnistiar a Evo, acercarse al Grupo de Puebla, estatizar, emitir inorgánicamente, devaluar la moneda, subir impuestos, controlar los precios.

*Kit básico de votación para el domingo: un gancho de ropa y doble dosis de antiácido.

*Un consejo a CC: más Pedraza y menos Paz Ballivián.

*¿El debate de candidatos sobre la Biblia sería con enfoque filológico o hermenéutico?

*Recordemos que existe la posibilidad, mediante el Voto Cruzado, de unificar fuerzas democráticas manteniendo bancadas fiscalizadoras.

*El dilema está entre ser resistencia (con Arce a cargo de un régimen autoritario) u oposición (con Mesa al frente de una democracia frágil).

*Todas las regiones tendrán que hacer su parte para evitar el regreso y el mejor posicionado deberá dejar la soberbia para pedir ayuda.

*Un aplauso de pie a Ronald MacLean Abaroa por el esfuerzo de unidad (planteó una coalición Mesa-Quiroga-Camacho). Manfred Reyes Villa y Virginio Lema también han hecho su parte en los últimos días para tratar de unificar.

*Por supuesto, la pionera fue Jeanine Añez con su histórico paso al costado. Pero debió haber conservado una bancada uninominal.

*Parafraseando al filósofo de Tréveris: en Mesa, posicionamiento sin plan; en Tuto, plan sin posicionamiento. Aquí podría replicarse lo sucedido en los años ´80 con el Pacto Por la Democracia, cuando Paz Estenssoro acabó aplicando el programa de los técnicos de Banzer para la estabilización.

*Una solución es que Mesa sea un presidente ceremonial, a la manera de las repúblicas parlamentarias, con Tuto como primer ministro a cargo efectivamente del gobierno. En las funciones protocolares no se puede hacer mucho daño.

*Ojalá que en las siguientes elecciones nacionales, que sucederán en menos de cinco años, se pueda ir a las urnas con estándares democráticos más altos: sin amenazas sistémicas, votos consigna ni caudillos fanatizados.


sábado, 10 de octubre de 2020

 Concertación Democrática

 Emilio Martínez Cardona

 La experiencia histórica universal indica que los grandes procesos de transición democrática han requerido de amplias coaliciones electorales, como lo demuestra el caso de la Concertación chilena, que viabilizó una salida sin accidentes del pinochetismo. Sucede que las dimensiones de la tarea requieren del concurso de muchas fuerzas y sobrepasan a los proyectos unipersonales.

En contrarruta a este sentido común, en Bolivia no se ha sabido o no se ha querido construir una política de Frente Democrático, apostando en cambio, únicamente, al denominado voto útil como herramienta para “arañar” la posibilidad de una segunda vuelta, cuando la otra vía podría haber conducido a una victoria nítida en primera ronda de las fuerzas contrarias al populismo autoritario.

Habría que remontarse a la foto de los ex presidentes y otros líderes del 2017, cuando Carlos Mesa, Tuto Quiroga, Víctor Hugo Cárdenas, Rubén Costas, Luis Revilla y Samuel Doria Medina esbozaron lo que podría haber sido, y que se rompió al año siguiente con la jugada en solitario del primero.

En la postura reacia al Frente Democrático han pesado tanto el personalismo como cierta concepción “antipolítica”, o más precisamente antipartidos, que desconoce la lógica de todo sistema democrático, buscando un endoso incondicional a un líder supuestamente “ciudadano” o extrapartidario.

Y así llegamos a una recta final donde el Movimiento Al Socialismo aparece situado a sólo 1,3 puntos de la victoria en primera vuelta. Queda apenas una semana para evitarlo y la pregunta es si sólo el voto útil será suficiente, teniendo en cuenta que, con un resultado estrecho, las fuerzas cocaleras y sus aliados verán la ocasión para desestabilizar la democracia.

Urge entonces la difícil pero necesaria tarea de intentar un acuerdo. Son siete días para que, por ejemplo, Mesa pida ayuda a los Demócratas para un control electoral en gran escala y se comprometa a impulsar un Pacto Fiscal autonómico; para que el plan económico de Tuto sea incluido como una de las columnas vertebrales de la próxima gestión de gobierno; para que Camacho ceda la franja superior de la papeleta y conserve a sus uninominales como bancada fiscalizadora.

Es posible que las ideas de este artículo disgusten a casi todo el mundo y está bien que así sea: los buenos acuerdos son los que dejan a todos un poco inconformes.

De no procederse de esta manera, no quedará más que esperar a que la coerción del voto resignado asegure el tránsito al balotaje, en un final de infarto. Que el 18 de octubre nos encuentre confesados.

 

martes, 22 de septiembre de 2020

 

Un manual contra incipientes dictadores

 Emilio Martínez Cardona

Ricardo Manuel Rojas (Buenos Aires, 1958) es un lúcido ensayista, con una larga trayectoria como docente de filosofía del derecho en varias universidades latinoamericanas y como investigador en las principales instituciones liberales del continente.

El pasado lunes, en el marco de una charla organizada por el Notoria Institute de Bolivia y apoyada por la Fundación Friedrich Naumann, tuve el gusto de ser el comentarista en la presentación virtual hecha por Rojas sobre Resistencia no violenta a regímenes autoritarios de base democrática, título de un libro que publicara en 2015 bajo el sello de Unión Editorial y cuyo contenido mantiene absoluta vigencia en estos días.

En su análisis, Rojas detalla los procedimientos utilizados por gobiernos nacidos de las urnas para copar las estructuras de poder de manera hegemónica y destruir la democracia desde adentro. Experiencia que en Bolivia hemos vivido de manera muy clara durante 14 años, incluyendo la elaboración de una “Constitución a la medida” del gobernante, la instrumentalización política del Poder Judicial, la captura de los organismos electorales y de contraloría pública, y la influencia financiera y represiva sobre la prensa.

Frente a este guión neo-autoritario, replicado en gran parte de América Latina, el ensayista argentino ha elaborado una acertada guía o contra-manual, para una organización defensiva de las sociedades democráticas que pueda evitar la consolidación de este tipo de proyectos, apuntando a la preservación del check and balance y a neutralizar la excesiva concentración del poder.    

“El precio de la libertad es su eterna vigilancia”, es la frase de Thomas Jefferson que Rojas bien nos recuerda, apuntando a la fiscalización civil que debe realizarse para el fortalecimiento de las instituciones por encima de sus temporales ocupantes.   

Ricardo Manuel Rojas remarca el aporte hecho a las metodologías no violentas por el estadounidense Gene Sharp, autor a quien también estudiamos en Bolivia durante las jornadas de protesta autonomista del 2008 y en la organización del movimiento ciudadano del 21F, afluentes que finalmente desembocaron en el formidable caudal emancipatorio de octubre y noviembre de 2019.

En el diálogo tocamos la actualidad referente a la Argentina, con un segundo kirchnerismo que apresta una “reforma de la justicia” tendiente a la impunidad de la ahora vicepresidenta y su corrupta camarilla.

“Alberto Fernández está mostrando ser más autoritario que Cristina”, subraya Rojas, mencionando el uso desmedido de instrumentos de excepción por parte del mandatario con la excusa de la pandemia.

Concluimos que el autoritarismo es un norte estratégico del populismo y no un simple resultado accidental, y que los frenos republicanos deben ser más fuertes que los caudillos encumbrados por las mayorías ocasionales. 

Ver video:  

https://www.facebook.com/Notorianos/videos/957586244726549

sábado, 19 de septiembre de 2020

Entrevista a Groucho Marx


Emilio Martínez Cardona

A pesar del barbijo, pude reconocerlo por la nariz protuberante y los gruesos lentes de aumento, caminando por las calles del Casco Viejo cruceño. Lo asalté con mi celular a modo de grabadora, con la correspondiente distancia social, y no tuvo más remedio que concederme la entrevista. Groucho Marx se quitó el barbijo, dejando ver su bigote postizo y encendió el puro infaltable.  

¿Cómo explica que los populistas sean reelegidos varias veces?

– El secreto del éxito es la honestidad. Si puedes evitarla, está hecho.

¿Ya ha llegado a comprender el verdadero trasfondo del socialismo del siglo XXI?

– Claro que lo entiendo. Incluso un niño de cinco años podría entenderlo. ¡Que me traigan un niño de cinco años!

¿Qué opina de la política de izquierda?

– Es el arte de buscar problemas, encontrarlos, hacer un diagnóstico falso y aplicar después los remedios equivocados.

Me dicen que estuvo en un congreso del MAS. ¿Qué les dijo?

– Disculpen si les llamo caballeros, pero es que no los conozco muy bien.

¿Y del ex ministro Carlos Romero, qué me dice?

– Nunca olvido una cara. Pero en su caso, estaré encantado de hacer una excepción.

¿Qué cree que le dijo Evo Morales a la joven N.M. al conocerla?

 No piense mal de mí, señorita, mi interés en usted es puramente sexual.

En el plano internacional, ¿qué opina sobre Nicolás Maduro?

– Él puede parecer un idiota y actuar como un idiota. Pero no se deje engañar. Es realmente un idiota.

¿Cómo definiría la línea ideológica de López Obrador?

– Damas y caballeros, estos son mis principios. Si no les gustan tengo otros.

Dicen que usted conoce los últimos consejos dados por Hugo Chávez a su hija…

– Hija mía, la felicidad está hecha de pequeñas cosas: un pequeño yate, una pequeña mansión, una pequeña fortuna.

¿Qué puede decirme del último libro de Carlos Mesa?

– Desde el momento en que tomé su libro me caí al suelo rodando de risa. Algún día espero leerlo.

En estos tiempos de pandemia, ¿cree que la televisión pueda desempeñar una función educativa?

– Yo encuentro la televisión bastante educativa. Cuando alguien la enciende en casa, me marcho a otra habitación y leo un buen libro.

¿Algo más que agregar?

– He pasado una tarde estupenda. Pero no ha sido esta…


jueves, 10 de septiembre de 2020

 El “Regreso a las Américas”

 Emilio Martínez Cardona

 Las elecciones para la presidencia del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), a realizarse en próximos días, podrían ser cruciales para abrirle el camino a una iniciativa estratégica que tiene el potencial de crear empleo a gran escala en los países americanos.

Si se concreta la victoria del candidato Mauricio Claver-Carone, el BID puede convertirse en una plataforma de apoyo para el plan de “Regreso a las Américas”, que busca generar inversiones de entre 30.000 y 50.000 millones de dólares en la región, apalancadas por incentivos fiscales del gobierno de Estados Unidos para que las empresas de ese país muden sus fábricas de China a nuestro subcontinente.

Claver-Carone indica que la infraestructura, la energía y el transporte podrían ser las primeras áreas de enfoque, y aclara que el proyecto no se centraría en la mano de obra barata, sino que funcionaría bajo estándares de protección laboral similares a los introducidos en el nuevo acuerdo comercial entre Estados Unidos, México y Canadá.

Como asesor del Consejo de Seguridad Nacional de EEUU, Claver-Carone ha desempeñado un importante rol en la adopción de sanciones contra las nomenklaturas dictatoriales de Venezuela y Cuba, y se estima que podría contar con el respaldo de una veintena de naciones en su nominación. Entre ellas Bolivia, país que visitó en enero de este año y que sería uno de los receptores clave del flujo de inversiones del proyecto. 

Sin duda, la iniciativa estratégica del “Regreso a las Américas” será duramente cuestionada por los aliados y satélites de China en el hemisferio, bajo la acusación de “monroísmo”.

La doctrina de política exterior formulada por James Monroe en 1823 bajo la consigna de “América para los americanos” ha sido sistemáticamente demonizada por casi dos siglos, primero por conservadores nostálgicos del imperio español, luego por populistas filo-fascistas y finalmente por la izquierda pro-soviética durante la Guerra Fría.

Desde estas distintas posturas se ha intentado reducir la doctrina Monroe a un manifiesto imperial, cuando en rigor fue exactamente lo contrario: la búsqueda de una solidaridad entre las repúblicas americanas para evitar la restauración colonialista, en momentos en que la Santa Alianza hacía planes en este sentido.

Ejemplo de la aplicación de esa doctrina fue la intervención de la administración de Andrew Johnson en 1865 en favor del gobierno mexicano de Benito Juárez, verdadero primer presidente indígena del continente (provenía de la etnia zapoteca), asediado por las tropas francesas enviadas por Napoleón III, auxiliadas por fuerzas españolas, belgas y austríacas. De no haber mediado esta ayuda, probablemente la soberanía de México habría desaparecido por completo.

Fue precisamente durante esa época de ambiciones bonapartistas en la región que se difundió el término “América Latina”, acuñado por Michel Chevalier, tanto para incluir a Francia, que no encajaba en el concepto de Iberoamérica, como para dividir y reinar, contraponiendo las repúblicas del sur a la federación del norte.

Hoy en día, la libertad de las repúblicas americanas sigue amenazada por la acción neocolonialista de potencias extrarregionales como Irán, Rusia y China, que han tutelado, con ayuda del subimperialismo cubano, la instalación de regímenes títeres funcionales a sus intereses como los de Venezuela y Nicaragua, mientras que Ecuador y Bolivia han comenzado el camino de la liberación.


viernes, 4 de septiembre de 2020

 “No hay muchas balas”

 

Emilio Martínez Cardona

El tirano fugitivo se hizo escribir sus memorias en Buenos Aires, tituladas “Volveremos y seremos millones”, en una variante de la frase dudosamente atribuida a Túpac Katari y que tiene una fuente más segura en la novela de 1951 de Howard Fast, “Espartaco”.

Allí, Evo Morales da su particular versión sobre sus últimos días en el poder, tratando de construirse una imagen como “defensor de la vida” que “no quería muertos”. Un alegato que, ciertamente, no es consistente con la experiencia de sus 14 años de gobierno, que indica todo lo contrario: matanza de estudiantes universitarios en La Calancha, militarización de Pando, cerco a Santa Cruz y masacre del Hotel Las Américas, entre otros eventos, que totalizaron un centenar de fallecidos a manos de la fuerza pública y de los “movimientos sociales” (secciones de asalto de su partido totalitario).

Pero es interesante el pasaje, divulgado como adelanto del libro, donde Morales cita una supuesta conversación con el general Kalimán, entonces comandante en jefe del Ejército, en la que se habrían evaluado las chances de imponerse a través de un Estado de Sitio y de la represión violenta al motín policial generado por el fraude electoral.

“No hay muchas balas”, sería la respuesta dada por el jefe militar ante el tanteo del autócrata. Luego Morales (o su ghostwriter) trata de endulzar el relato, señalando que eso lo disuadió “porque sólo estaban pensando en matar”, y se le escapa la verdad agregando “y porque cuando tuvieran que actuar, dirían: ¡No tengo bala!”.

En definitiva, aunque el caudillo cocalero intenta achacarle a un subordinado la tentación represiva, todo parece indicar que Morales no es que no buscó esa vía, sino que simplemente no estuvo en “condiciones objetivas” de implementarla.

Esta triquiñuela para descargar en otros los planes represivos ante la “memoria histórica” me hizo acordar a otra muy similar, incluida por el ex presidente Carlos Mesa en su libro “Presidencia sitiada”.

En un apartado que dramáticamente titula “Al borde del abismo”, Mesa cuenta la preocupación que le produjo el cabildo de comienzos del 2005, señalando que los cruceños “amenazaron con elegir un gobernador e ir a las autonomías de facto”, por lo que “el 21 de enero a las 12:00, recibí al Alto Mando Militar”.

“El general Peña y Lillo, comandante de la VIII División con sede en Santa Cruz, estaba preparado y dispuesto a salir a las calles en caso de necesidad. (…) Si la negociación fracasaba, ellos iban a intervenir militarmente la ciudad”, dice, revelando las opciones violentas que se barajaban pero -anticipando el método evista- marcando sutil distancia con ellas.

Felizmente, ambos planes de represión (2005 y 2019) fueron abortados, pero son muestra tanto de mentalidades antidemocráticas similares como de una parecida inclinación a la reescritura falsaria de la historia.


jueves, 27 de agosto de 2020

 Sobre una nota en The Washington Post

 

Emilio Martínez Cardona

El lobby mediático del chavismo en Estados Unidos ataca de nuevo. Esta vez para tratar de instalar la falacia de que el caso de violación de menores contra Evo Morales es una persecución gubernamental, aunque para llegar al punto realiza primero una serie de rodeos alegando la existencia en Bolivia de una “brutal dictadura de derecha”.

La nota en cuestión, autoría del sociólogo Gabriel Hetland, fue publicada por The Washington Post, bajo el extenuante título de “Si se restablece la democracia en Bolivia, agradezca a los manifestantes y no a Estados Unidos ni a la OEA”. Texto donde se incurre en omisiones deliberadas, flagrantes distorsiones y simples ficciones ideológicas, algunas de las cuales voy a enumerar.

Para empezar, Hetland intenta sostener su afirmación temeraria sobre el “autoritarismo” del gobierno democrático señalando que “los abusos están documentados en recientes informes” de organizaciones de derechos humanos, como Amnistía Internacional (AI). El autor no da más detalles, quizás ante la necesidad de obviar que el reporte más reciente de AI sobre Bolivia, “Para sanar la pandemia de la inmunidad”, pone seriamente en tela de juicio la actuación del régimen de Evo Morales en las jornadas de octubre y noviembre del año pasado, evidenciando que convocó al enfrentamiento civil y movilizó milicias armadas en un intento por sostener su manipulación de los comicios.

“El expresidente Morales y sectores afines a él emitieron declaraciones que contenían llamados a ejercer acciones violentas y amenazas de cercar ciudades si los paros continuaban”, añade el informe, que además detalla los ataques sufridos por defensores de los derechos humanos que sostenían una postura crítica hacia el régimen evista, como Waldo Albarracín, a las periodistas Casimira Lema y Ximena Galarza, y al informático Edgar Villegas, uno de los principales denunciantes del fraude electoral.          

En otro pasaje, el artículo de Hetland asegura que “Jeanine Añez ha pospuesto las elecciones. Dos veces”, haciendo ver como si el Órgano Electoral obedeciera a algún diktat presidencial y ocultando el hecho de que casi todos los magistrados del TSE fueron designados con el voto de la mayoría calificada de 2/3 que el partido de Morales, el Movimiento Al Socialismo, aún mantiene en la Asamblea Legislativa Plurinacional.

Repite luego los lugares comunes del guión chavista sobre un supuesto sesgo en el informe del sistema interamericano acerca del fraude, ya ampliamente contestados desde la Organización de Estados Americanos con el respaldo de la Unión Europea.

“Los servidores ocultos, la falta de cadena de custodia, la falsificación de actas o inconsistencias inexplicables en el número de votos emitidos, sólo por nombrar algunos de los hallazgos, no deberían ser ignorados por ningún especialista en integridad electoral”, dijo en su momento Gonzalo Koncke, jefe de gabinete de la Secretaría General de la OEA, ante los “estudios” promocionados por el lobby de los socialistas del siglo XXI.

Ya hacia el final de su texto, Hetland deja caer como al pasar que “los bolivianos no están fuera de peligro” por las denuncias penales del Ministerio de Justicia contra Evo Morales en el caso pedofilia, dejando entrever el verdadero centro y propósito de un artículo deshonesto.      

Publicado en:

https://estotambiensucede.net/index.php/2020/08/27/sobre-una-nota-en-the-washington-post/

https://eju.tv/2020/08/sobre-una-nota-en-the-washington-post/

jueves, 20 de agosto de 2020

 

Mesa y la UDP: crónica de una renuncia anunciada

Emilio Martínez

En un ejercicio de futurología, Carlos Mesa dijo que “el próximo gobierno enfrentará una crisis peor que la de la UDP”, operación discursiva que podría tener un efecto boomerang sobre el ex mandatario.

Sucede que la visión económica del también candidato, favorable a la emisión inorgánica de moneda, coincide bastante con la aplicada en los años ´80 por la UDP, por lo que él sería uno de los peores capitanes posibles para navegar ese tipo de tormenta.

Para el economista Mauricio Ríos García, “con lo que pretende Mesa en materia de política monetaria podría provocar fácilmente una inflación de dos dígitos, que no sólo no soluciona ningún problema, sino que agrava los que ya tenemos”.

Otro economista que ha advertido sobre los “especialistas en keynesianismo” que rodean a Carlos Mesa es Hugo Balderrama, quien remarca que “si el próximo gobierno no deja al sector privado producir riqueza, que es lo que sabe hacer, todos sus planes llevarán al fracaso”.

Balderrama alertó sobre una eventual continuidad de las “políticas que el MAS usó durante 14 años y que nos llenaron de elefantes blancos”, que a su juicio son las que podrían llevar al país a una crisis como la de los ´80.

Pero la comparación entre el mesismo y la UDP no se agota en la política económica inflacionista, sino que también se presta a paralelismos históricos entre el acortamiento de mandato de Siles Zuazo y las reiteradas renuncias de Mesa a la presidencia de la república.

Y es que ante una perspectiva de situaciones críticas se necesita un liderazgo capaz de asegurar estabilidad, lo que en el siempre convulso panorama nacional implica resiliencia: la capacidad de gestionar y superar las crisis, reinventándose periódicamente.

El desmontaje –gradual pero sistemático- de las estructuras de poder de la dictadura sindical será uno de los principales desafíos para los próximos años. En ese contexto, la gobernabilidad la forjarán los que resisten y no los que declinan (y que además tienen la irresponsable tentación de echar a andar la máquina de imprimir billetes).

El evismo estará buscando las oportunidades para desestabilizar la democracia y frente a eso hay dos tipos de experiencias muy distintas a tener en cuenta: la positiva de las pacificaciones de noviembre y agosto, o la catastrófica del bienio 2003-2005.       

Así las cosas, el ejercicio futurológico aplicado a Carlos Mesa sería la crónica de una renuncia anunciada.


martes, 11 de agosto de 2020

 El evismo es un fascismo de izquierda

 Emilio Martínez Cardona

A fines de los años ´60, en un contexto de radicalización del movimiento estudiantil alemán, el sociólogo y filósofo Jürgen Habermas fustigó a quienes emprendían la deriva hacia la lucha armada con el epíteto de “fascistas de izquierda”.

Contemplando el accionar de los bloqueadores desplegados por el Movimiento Al Socialismo en los últimos días, se me ocurrió pensar que el mote se aplica a cabalidad a las tropas de choque que Evo Morales teledirige desde su mansión de Buenos Aires.

Ha sido muy visible, por ejemplo, la violencia organizada, para nada espontánea, de grupos de élite vestidos de negro y encapuchados, autoidentificados como Policía Sindical. Una suerte de SA (Secciones de Asalto) que en movilizaciones anteriores solía aparecer portando brazaletes.

Pero el evismo también es un “fascismo de izquierda” por su personalismo caudillista, el vaciamiento institucional que practica sistemáticamente en las entidades democráticas por las que logra pasar y su creciente abandono de la discusión racional.

Con esto último vuelvo a Habermas, heterodoxo incómodo para la izquierda autoritaria, en el fondo más weberiano que marxista crítico, quien ponía en el centro de su sistema a la acción comunicativa, la ética del discurso y la defensa de la democracia deliberativa, como elementos de una esfera pública donde fuera posible “identificar y reconstruir las condiciones universales de posible comprensión mutua”.

Mientras el MAS real practica los controles territoriales mediante la dictadura sindical e impulsa el obstruccionismo legislativo a la transición democrática, se trata de construir un MAS aparente, negociador y distanciado de la violencia de las bases.

Este desdoblamiento estratégico incluye la comedia de un Evo Morales “pidiendo sensatez a los compañeros” que previamente azuzó al conflicto.   

De nuevo don Jürgen: inteligibilidad, verdad, rectitud y veracidad son las condiciones para el diálogo. Peras que difícilmente pueden pedirse al olmo del evismo.

Cuando esta columna es escrita, los mediadores internacionales de la Unión Europea y de Naciones Unidas tratan de estructurar un acuerdo sobre el horizonte electoral, mientas las bases “autoconvocadas e independientes” buscan dar un salto cualitativo hacia el derrocamiento.

Por su parte, el gobierno de Añez ha evitado con inteligencia caer en la trampa de la violencia, con una paciencia digna del general romano Quinto Fabio Máximo, llamado Cunctator o “el que retrasa”, por sus tácticas de dilación del conflicto durante la segunda guerra púnica.   

Veremos en las próximas jornadas si la controversia puede resolverse con las armas de la crítica o si el país será empujado irresponsablemente hacia la crítica de las armas.