martes, 22 de septiembre de 2020

 

Un manual contra incipientes dictadores

 Emilio Martínez Cardona

Ricardo Manuel Rojas (Buenos Aires, 1958) es un lúcido ensayista, con una larga trayectoria como docente de filosofía del derecho en varias universidades latinoamericanas y como investigador en las principales instituciones liberales del continente.

El pasado lunes, en el marco de una charla organizada por el Notoria Institute de Bolivia y apoyada por la Fundación Friedrich Naumann, tuve el gusto de ser el comentarista en la presentación virtual hecha por Rojas sobre Resistencia no violenta a regímenes autoritarios de base democrática, título de un libro que publicara en 2015 bajo el sello de Unión Editorial y cuyo contenido mantiene absoluta vigencia en estos días.

En su análisis, Rojas detalla los procedimientos utilizados por gobiernos nacidos de las urnas para copar las estructuras de poder de manera hegemónica y destruir la democracia desde adentro. Experiencia que en Bolivia hemos vivido de manera muy clara durante 14 años, incluyendo la elaboración de una “Constitución a la medida” del gobernante, la instrumentalización política del Poder Judicial, la captura de los organismos electorales y de contraloría pública, y la influencia financiera y represiva sobre la prensa.

Frente a este guión neo-autoritario, replicado en gran parte de América Latina, el ensayista argentino ha elaborado una acertada guía o contra-manual, para una organización defensiva de las sociedades democráticas que pueda evitar la consolidación de este tipo de proyectos, apuntando a la preservación del check and balance y a neutralizar la excesiva concentración del poder.    

“El precio de la libertad es su eterna vigilancia”, es la frase de Thomas Jefferson que Rojas bien nos recuerda, apuntando a la fiscalización civil que debe realizarse para el fortalecimiento de las instituciones por encima de sus temporales ocupantes.   

Ricardo Manuel Rojas remarca el aporte hecho a las metodologías no violentas por el estadounidense Gene Sharp, autor a quien también estudiamos en Bolivia durante las jornadas de protesta autonomista del 2008 y en la organización del movimiento ciudadano del 21F, afluentes que finalmente desembocaron en el formidable caudal emancipatorio de octubre y noviembre de 2019.

En el diálogo tocamos la actualidad referente a la Argentina, con un segundo kirchnerismo que apresta una “reforma de la justicia” tendiente a la impunidad de la ahora vicepresidenta y su corrupta camarilla.

“Alberto Fernández está mostrando ser más autoritario que Cristina”, subraya Rojas, mencionando el uso desmedido de instrumentos de excepción por parte del mandatario con la excusa de la pandemia.

Concluimos que el autoritarismo es un norte estratégico del populismo y no un simple resultado accidental, y que los frenos republicanos deben ser más fuertes que los caudillos encumbrados por las mayorías ocasionales. 

Ver video:  

https://www.facebook.com/Notorianos/videos/957586244726549

sábado, 19 de septiembre de 2020

Entrevista a Groucho Marx


Emilio Martínez Cardona

A pesar del barbijo, pude reconocerlo por la nariz protuberante y los gruesos lentes de aumento, caminando por las calles del Casco Viejo cruceño. Lo asalté con mi celular a modo de grabadora, con la correspondiente distancia social, y no tuvo más remedio que concederme la entrevista. Groucho Marx se quitó el barbijo, dejando ver su bigote postizo y encendió el puro infaltable.  

¿Cómo explica que los populistas sean reelegidos varias veces?

– El secreto del éxito es la honestidad. Si puedes evitarla, está hecho.

¿Ya ha llegado a comprender el verdadero trasfondo del socialismo del siglo XXI?

– Claro que lo entiendo. Incluso un niño de cinco años podría entenderlo. ¡Que me traigan un niño de cinco años!

¿Qué opina de la política de izquierda?

– Es el arte de buscar problemas, encontrarlos, hacer un diagnóstico falso y aplicar después los remedios equivocados.

Me dicen que estuvo en un congreso del MAS. ¿Qué les dijo?

– Disculpen si les llamo caballeros, pero es que no los conozco muy bien.

¿Y del ex ministro Carlos Romero, qué me dice?

– Nunca olvido una cara. Pero en su caso, estaré encantado de hacer una excepción.

¿Qué cree que le dijo Evo Morales a la joven N.M. al conocerla?

 No piense mal de mí, señorita, mi interés en usted es puramente sexual.

En el plano internacional, ¿qué opina sobre Nicolás Maduro?

– Él puede parecer un idiota y actuar como un idiota. Pero no se deje engañar. Es realmente un idiota.

¿Cómo definiría la línea ideológica de López Obrador?

– Damas y caballeros, estos son mis principios. Si no les gustan tengo otros.

Dicen que usted conoce los últimos consejos dados por Hugo Chávez a su hija…

– Hija mía, la felicidad está hecha de pequeñas cosas: un pequeño yate, una pequeña mansión, una pequeña fortuna.

¿Qué puede decirme del último libro de Carlos Mesa?

– Desde el momento en que tomé su libro me caí al suelo rodando de risa. Algún día espero leerlo.

En estos tiempos de pandemia, ¿cree que la televisión pueda desempeñar una función educativa?

– Yo encuentro la televisión bastante educativa. Cuando alguien la enciende en casa, me marcho a otra habitación y leo un buen libro.

¿Algo más que agregar?

– He pasado una tarde estupenda. Pero no ha sido esta…


jueves, 10 de septiembre de 2020

 El “Regreso a las Américas”

 Emilio Martínez Cardona

 Las elecciones para la presidencia del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), a realizarse en próximos días, podrían ser cruciales para abrirle el camino a una iniciativa estratégica que tiene el potencial de crear empleo a gran escala en los países americanos.

Si se concreta la victoria del candidato Mauricio Claver-Carone, el BID puede convertirse en una plataforma de apoyo para el plan de “Regreso a las Américas”, que busca generar inversiones de entre 30.000 y 50.000 millones de dólares en la región, apalancadas por incentivos fiscales del gobierno de Estados Unidos para que las empresas de ese país muden sus fábricas de China a nuestro subcontinente.

Claver-Carone indica que la infraestructura, la energía y el transporte podrían ser las primeras áreas de enfoque, y aclara que el proyecto no se centraría en la mano de obra barata, sino que funcionaría bajo estándares de protección laboral similares a los introducidos en el nuevo acuerdo comercial entre Estados Unidos, México y Canadá.

Como asesor del Consejo de Seguridad Nacional de EEUU, Claver-Carone ha desempeñado un importante rol en la adopción de sanciones contra las nomenklaturas dictatoriales de Venezuela y Cuba, y se estima que podría contar con el respaldo de una veintena de naciones en su nominación. Entre ellas Bolivia, país que visitó en enero de este año y que sería uno de los receptores clave del flujo de inversiones del proyecto. 

Sin duda, la iniciativa estratégica del “Regreso a las Américas” será duramente cuestionada por los aliados y satélites de China en el hemisferio, bajo la acusación de “monroísmo”.

La doctrina de política exterior formulada por James Monroe en 1823 bajo la consigna de “América para los americanos” ha sido sistemáticamente demonizada por casi dos siglos, primero por conservadores nostálgicos del imperio español, luego por populistas filo-fascistas y finalmente por la izquierda pro-soviética durante la Guerra Fría.

Desde estas distintas posturas se ha intentado reducir la doctrina Monroe a un manifiesto imperial, cuando en rigor fue exactamente lo contrario: la búsqueda de una solidaridad entre las repúblicas americanas para evitar la restauración colonialista, en momentos en que la Santa Alianza hacía planes en este sentido.

Ejemplo de la aplicación de esa doctrina fue la intervención de la administración de Andrew Johnson en 1865 en favor del gobierno mexicano de Benito Juárez, verdadero primer presidente indígena del continente (provenía de la etnia zapoteca), asediado por las tropas francesas enviadas por Napoleón III, auxiliadas por fuerzas españolas, belgas y austríacas. De no haber mediado esta ayuda, probablemente la soberanía de México habría desaparecido por completo.

Fue precisamente durante esa época de ambiciones bonapartistas en la región que se difundió el término “América Latina”, acuñado por Michel Chevalier, tanto para incluir a Francia, que no encajaba en el concepto de Iberoamérica, como para dividir y reinar, contraponiendo las repúblicas del sur a la federación del norte.

Hoy en día, la libertad de las repúblicas americanas sigue amenazada por la acción neocolonialista de potencias extrarregionales como Irán, Rusia y China, que han tutelado, con ayuda del subimperialismo cubano, la instalación de regímenes títeres funcionales a sus intereses como los de Venezuela y Nicaragua, mientras que Ecuador y Bolivia han comenzado el camino de la liberación.


viernes, 4 de septiembre de 2020

 “No hay muchas balas”

 

Emilio Martínez Cardona

El tirano fugitivo se hizo escribir sus memorias en Buenos Aires, tituladas “Volveremos y seremos millones”, en una variante de la frase dudosamente atribuida a Túpac Katari y que tiene una fuente más segura en la novela de 1951 de Howard Fast, “Espartaco”.

Allí, Evo Morales da su particular versión sobre sus últimos días en el poder, tratando de construirse una imagen como “defensor de la vida” que “no quería muertos”. Un alegato que, ciertamente, no es consistente con la experiencia de sus 14 años de gobierno, que indica todo lo contrario: matanza de estudiantes universitarios en La Calancha, militarización de Pando, cerco a Santa Cruz y masacre del Hotel Las Américas, entre otros eventos, que totalizaron un centenar de fallecidos a manos de la fuerza pública y de los “movimientos sociales” (secciones de asalto de su partido totalitario).

Pero es interesante el pasaje, divulgado como adelanto del libro, donde Morales cita una supuesta conversación con el general Kalimán, entonces comandante en jefe del Ejército, en la que se habrían evaluado las chances de imponerse a través de un Estado de Sitio y de la represión violenta al motín policial generado por el fraude electoral.

“No hay muchas balas”, sería la respuesta dada por el jefe militar ante el tanteo del autócrata. Luego Morales (o su ghostwriter) trata de endulzar el relato, señalando que eso lo disuadió “porque sólo estaban pensando en matar”, y se le escapa la verdad agregando “y porque cuando tuvieran que actuar, dirían: ¡No tengo bala!”.

En definitiva, aunque el caudillo cocalero intenta achacarle a un subordinado la tentación represiva, todo parece indicar que Morales no es que no buscó esa vía, sino que simplemente no estuvo en “condiciones objetivas” de implementarla.

Esta triquiñuela para descargar en otros los planes represivos ante la “memoria histórica” me hizo acordar a otra muy similar, incluida por el ex presidente Carlos Mesa en su libro “Presidencia sitiada”.

En un apartado que dramáticamente titula “Al borde del abismo”, Mesa cuenta la preocupación que le produjo el cabildo de comienzos del 2005, señalando que los cruceños “amenazaron con elegir un gobernador e ir a las autonomías de facto”, por lo que “el 21 de enero a las 12:00, recibí al Alto Mando Militar”.

“El general Peña y Lillo, comandante de la VIII División con sede en Santa Cruz, estaba preparado y dispuesto a salir a las calles en caso de necesidad. (…) Si la negociación fracasaba, ellos iban a intervenir militarmente la ciudad”, dice, revelando las opciones violentas que se barajaban pero -anticipando el método evista- marcando sutil distancia con ellas.

Felizmente, ambos planes de represión (2005 y 2019) fueron abortados, pero son muestra tanto de mentalidades antidemocráticas similares como de una parecida inclinación a la reescritura falsaria de la historia.


jueves, 27 de agosto de 2020

 Sobre una nota en The Washington Post

 

Emilio Martínez Cardona

El lobby mediático del chavismo en Estados Unidos ataca de nuevo. Esta vez para tratar de instalar la falacia de que el caso de violación de menores contra Evo Morales es una persecución gubernamental, aunque para llegar al punto realiza primero una serie de rodeos alegando la existencia en Bolivia de una “brutal dictadura de derecha”.

La nota en cuestión, autoría del sociólogo Gabriel Hetland, fue publicada por The Washington Post, bajo el extenuante título de “Si se restablece la democracia en Bolivia, agradezca a los manifestantes y no a Estados Unidos ni a la OEA”. Texto donde se incurre en omisiones deliberadas, flagrantes distorsiones y simples ficciones ideológicas, algunas de las cuales voy a enumerar.

Para empezar, Hetland intenta sostener su afirmación temeraria sobre el “autoritarismo” del gobierno democrático señalando que “los abusos están documentados en recientes informes” de organizaciones de derechos humanos, como Amnistía Internacional (AI). El autor no da más detalles, quizás ante la necesidad de obviar que el reporte más reciente de AI sobre Bolivia, “Para sanar la pandemia de la inmunidad”, pone seriamente en tela de juicio la actuación del régimen de Evo Morales en las jornadas de octubre y noviembre del año pasado, evidenciando que convocó al enfrentamiento civil y movilizó milicias armadas en un intento por sostener su manipulación de los comicios.

“El expresidente Morales y sectores afines a él emitieron declaraciones que contenían llamados a ejercer acciones violentas y amenazas de cercar ciudades si los paros continuaban”, añade el informe, que además detalla los ataques sufridos por defensores de los derechos humanos que sostenían una postura crítica hacia el régimen evista, como Waldo Albarracín, a las periodistas Casimira Lema y Ximena Galarza, y al informático Edgar Villegas, uno de los principales denunciantes del fraude electoral.          

En otro pasaje, el artículo de Hetland asegura que “Jeanine Añez ha pospuesto las elecciones. Dos veces”, haciendo ver como si el Órgano Electoral obedeciera a algún diktat presidencial y ocultando el hecho de que casi todos los magistrados del TSE fueron designados con el voto de la mayoría calificada de 2/3 que el partido de Morales, el Movimiento Al Socialismo, aún mantiene en la Asamblea Legislativa Plurinacional.

Repite luego los lugares comunes del guión chavista sobre un supuesto sesgo en el informe del sistema interamericano acerca del fraude, ya ampliamente contestados desde la Organización de Estados Americanos con el respaldo de la Unión Europea.

“Los servidores ocultos, la falta de cadena de custodia, la falsificación de actas o inconsistencias inexplicables en el número de votos emitidos, sólo por nombrar algunos de los hallazgos, no deberían ser ignorados por ningún especialista en integridad electoral”, dijo en su momento Gonzalo Koncke, jefe de gabinete de la Secretaría General de la OEA, ante los “estudios” promocionados por el lobby de los socialistas del siglo XXI.

Ya hacia el final de su texto, Hetland deja caer como al pasar que “los bolivianos no están fuera de peligro” por las denuncias penales del Ministerio de Justicia contra Evo Morales en el caso pedofilia, dejando entrever el verdadero centro y propósito de un artículo deshonesto.      

Publicado en:

https://estotambiensucede.net/index.php/2020/08/27/sobre-una-nota-en-the-washington-post/

https://eju.tv/2020/08/sobre-una-nota-en-the-washington-post/

jueves, 20 de agosto de 2020

 

Mesa y la UDP: crónica de una renuncia anunciada

Emilio Martínez

En un ejercicio de futurología, Carlos Mesa dijo que “el próximo gobierno enfrentará una crisis peor que la de la UDP”, operación discursiva que podría tener un efecto boomerang sobre el ex mandatario.

Sucede que la visión económica del también candidato, favorable a la emisión inorgánica de moneda, coincide bastante con la aplicada en los años ´80 por la UDP, por lo que él sería uno de los peores capitanes posibles para navegar ese tipo de tormenta.

Para el economista Mauricio Ríos García, “con lo que pretende Mesa en materia de política monetaria podría provocar fácilmente una inflación de dos dígitos, que no sólo no soluciona ningún problema, sino que agrava los que ya tenemos”.

Otro economista que ha advertido sobre los “especialistas en keynesianismo” que rodean a Carlos Mesa es Hugo Balderrama, quien remarca que “si el próximo gobierno no deja al sector privado producir riqueza, que es lo que sabe hacer, todos sus planes llevarán al fracaso”.

Balderrama alertó sobre una eventual continuidad de las “políticas que el MAS usó durante 14 años y que nos llenaron de elefantes blancos”, que a su juicio son las que podrían llevar al país a una crisis como la de los ´80.

Pero la comparación entre el mesismo y la UDP no se agota en la política económica inflacionista, sino que también se presta a paralelismos históricos entre el acortamiento de mandato de Siles Zuazo y las reiteradas renuncias de Mesa a la presidencia de la república.

Y es que ante una perspectiva de situaciones críticas se necesita un liderazgo capaz de asegurar estabilidad, lo que en el siempre convulso panorama nacional implica resiliencia: la capacidad de gestionar y superar las crisis, reinventándose periódicamente.

El desmontaje –gradual pero sistemático- de las estructuras de poder de la dictadura sindical será uno de los principales desafíos para los próximos años. En ese contexto, la gobernabilidad la forjarán los que resisten y no los que declinan (y que además tienen la irresponsable tentación de echar a andar la máquina de imprimir billetes).

El evismo estará buscando las oportunidades para desestabilizar la democracia y frente a eso hay dos tipos de experiencias muy distintas a tener en cuenta: la positiva de las pacificaciones de noviembre y agosto, o la catastrófica del bienio 2003-2005.       

Así las cosas, el ejercicio futurológico aplicado a Carlos Mesa sería la crónica de una renuncia anunciada.


martes, 11 de agosto de 2020

 El evismo es un fascismo de izquierda

 Emilio Martínez Cardona

A fines de los años ´60, en un contexto de radicalización del movimiento estudiantil alemán, el sociólogo y filósofo Jürgen Habermas fustigó a quienes emprendían la deriva hacia la lucha armada con el epíteto de “fascistas de izquierda”.

Contemplando el accionar de los bloqueadores desplegados por el Movimiento Al Socialismo en los últimos días, se me ocurrió pensar que el mote se aplica a cabalidad a las tropas de choque que Evo Morales teledirige desde su mansión de Buenos Aires.

Ha sido muy visible, por ejemplo, la violencia organizada, para nada espontánea, de grupos de élite vestidos de negro y encapuchados, autoidentificados como Policía Sindical. Una suerte de SA (Secciones de Asalto) que en movilizaciones anteriores solía aparecer portando brazaletes.

Pero el evismo también es un “fascismo de izquierda” por su personalismo caudillista, el vaciamiento institucional que practica sistemáticamente en las entidades democráticas por las que logra pasar y su creciente abandono de la discusión racional.

Con esto último vuelvo a Habermas, heterodoxo incómodo para la izquierda autoritaria, en el fondo más weberiano que marxista crítico, quien ponía en el centro de su sistema a la acción comunicativa, la ética del discurso y la defensa de la democracia deliberativa, como elementos de una esfera pública donde fuera posible “identificar y reconstruir las condiciones universales de posible comprensión mutua”.

Mientras el MAS real practica los controles territoriales mediante la dictadura sindical e impulsa el obstruccionismo legislativo a la transición democrática, se trata de construir un MAS aparente, negociador y distanciado de la violencia de las bases.

Este desdoblamiento estratégico incluye la comedia de un Evo Morales “pidiendo sensatez a los compañeros” que previamente azuzó al conflicto.   

De nuevo don Jürgen: inteligibilidad, verdad, rectitud y veracidad son las condiciones para el diálogo. Peras que difícilmente pueden pedirse al olmo del evismo.

Cuando esta columna es escrita, los mediadores internacionales de la Unión Europea y de Naciones Unidas tratan de estructurar un acuerdo sobre el horizonte electoral, mientas las bases “autoconvocadas e independientes” buscan dar un salto cualitativo hacia el derrocamiento.

Por su parte, el gobierno de Añez ha evitado con inteligencia caer en la trampa de la violencia, con una paciencia digna del general romano Quinto Fabio Máximo, llamado Cunctator o “el que retrasa”, por sus tácticas de dilación del conflicto durante la segunda guerra púnica.   

Veremos en las próximas jornadas si la controversia puede resolverse con las armas de la crítica o si el país será empujado irresponsablemente hacia la crítica de las armas.

 

jueves, 6 de agosto de 2020

Los Barones del Chapare atacan de nuevo

Emilio Martínez Cardona

El Chapare perdió su vieja hegemonía política en noviembre del 2019, pero todavía tiene fuerza suficiente para entorpecer el surgimiento de una nueva hegemonía de las fuerzas democráticas y republicanas. De manera sucinta, esta podría ser la descripción del panorama general que se vive por estos días en Bolivia.

A partir de esas “condiciones objetivas”, desde el Movimiento Al Socialismo se procuran construir las “condiciones subjetivas” para un segundo asalto al poder, impulsando la inducción de un Síndrome de Estocolmo colectivo como al que ya apelaron en el 2005 (“no hay gobernabilidad sin los movimientos sociales”, García Linera dixit).

Más repetición que creatividad. Algo también visible en la reiteración de la estrategia de convulsión desde la periferia hacia el centro, promovida luego del fracaso de su arremetida directa a La Paz de la semana pasada. Se vuelve entonces al guión de los bloqueos provinciales y las tácticas del foquismo rural, un marco en el que se desempolva al “Mallku”, posiblemente tratando de agitar los fantasmas del 2003. Así que no sería raro volver a oír hablar acerca de los planes “hormiga”, “pulga” y “tarajchi”.

En el eje de ese anacronismo histórico está el núcleo duro del MAS, los Barones del Chapare cartelizados en torno a las actividades ilícitas, de aquella “economía roja” de la que hablaba Samuel Konkin. La lumpen-burguesía que durante los 14 años del régimen se constituyó en un “Super-Estado” que se niega a desaparecer.

La excusa elegida para el despliegue de sus bases y aliados es la movilidad de la fecha electoral por razones epidemiológicas, pero en el fondo late la intención de blindar al “instrumento político” ante la eventualidad de que el TSE ose aplicarle la ley en calidad de igualdad con los demás partidos. Y si la ola crece hasta lo insurreccional, tanto mejor, deben pensar en cierta mansión de Buenos Aires.

De cualquier manera, debe tenerse en cuenta que la estrategia de asediar ciudades desde el campo puede pasarle factura al Movimiento Al Socialismo, en cuanto al voto blando de clase media. Pérdida que podría ser aún mayor en caso de que una inhabilitación personal desemboque en la sustitución de Luis Arce Catacora por David Choquehuanca como postulante presidencial.

Mientras tanto, persiste la desagregación de fuerzas democráticas, que deberían acumularse de modo natural en el espacio habitado por alianzas como Juntos, Libre21 y Creemos. El mesismo es otro cantar: apuesta a una suerte de neutralidad, quizás aspirando a heredar alguna fracción del voto moderado del MAS (recordemos también que la coyuntura del año pasado se volvió realmente revolucionaria a partir del “Ni Evo ni Mesa”, manifestado en los cabildos de finales de octubre).

Ante la arremetida realizada desde los fragmentos de la vieja hegemonía, es imperativo avanzar en las articulaciones políticas del nuevo bloque histórico, que ya demostró su capacidad de imponerse ante el populismo despótico.       


miércoles, 29 de julio de 2020


Economía popular de mercado



Emilio Martínez Cardona

Durante toda la historia de Bolivia, élites político-económicas han utilizado la maquinaria del Estado para concentrar la riqueza en pocas manos. A veces, esto ha sido encubierto bajo un discurso seudo-liberal, aunque la práctica de un aparato público puesto al servicio de unos en detrimento de otros deba recibir en realidad el nombre de patrimonialismo.

En otras ocasiones, la concentración de la riqueza por la vía estatal se ha realizado bajo ropajes socialistas y con supuestos propósitos igualitarios, originando burocracias todopoderosas y corruptas.

Pero la mayor parte del tiempo ambos procedimientos se han mezclado, como sucedió en los recientes 14 años, con un gobierno burocrático-estatista que pactaba negociados con grandes grupos económicos.

Los mecanismos utilizados iban desde las concesiones restringidas a muy pocas empresas hasta la expropiación de pequeños y medianos emprendedores, pasando por las reglas desiguales y la captura de los órganos reguladores.

Y siempre, las víctimas de ese estado de cosas han sido los ciudadanos de a pie, que se vieron obligados a construir una economía paralela, fuera de las reglas opresivas del Estado y al margen de la institucionalidad formal.

Hoy en día, el 70% de la economía de Bolivia pertenece al llamado sector informal, una economía popular de mercado en la que millones de ciudadanos practican el libre intercambio de bienes y servicios, desplegando su iniciativa y creatividad.

Sin embargo, nunca el sistema político interpretó y recogió esta realidad elemental, siendo una de las causas fundamentales por las que el enorme potencial de creación de riqueza que duerme en esa economía popular no ha podido ser despertado.

Despertar ese potencial requiere mecanismos de seguridad jurídica accesibles para todos los ciudadanos; un régimen de concesiones basado en el derecho natural, reconociendo formalmente lo que de hecho está en manos de los ciudadanos desde tiempo atrás; facilitar y promover la creación de nueva propiedad privada en manos de los ciudadanos que aún no han podido desarrollarla, mediante la educación productiva; y romper los esquemas ideológicos tradicionales para dar paso a una amplia experiencia de capitalismo popular.

En suma, construir un nuevo modelo económico, ajeno tanto a la oligarquía burocrática como al capitalismo de camarilla.

Para despertar el capital popular dormido debe dotárselo de reconocimiento legal, mediante programas de titulación de la propiedad inmobiliaria urbana, dando propiedad privada a los campesinos e indígenas, plasmando en concesiones claras y de largo plazo los derechos económicos de ciudadanos que operan en el sector informal, protegiendo el derecho de las cooperativas y los mineros libres a explotar el fruto de sus descubrimientos, y construyendo un nuevo sistema tributario que facilite la formalización.

Manipulados con pequeñas prebendas durante años por el poder burocrático del MAS, los emprendedores populares también han sido ignorados –o incorporados muy secundariamente- por los demás partidos, cuando la articulación de un proyecto político que los tenga por eje debería ser vertebral para la construcción de una nueva democracia.

miércoles, 22 de julio de 2020


¿Qué fue el evismo?



Emilio Martínez Cardona

Distintos análisis han intentado definir las características centrales del régimen que Evo Morales encabezó durante 14 años. La mayoría de estas opiniones ponen seriamente en entredicho la vocación democrática del evismo.

Régimen híbrido: La publicación británica The Economist publica un índice anual donde ubica a los países en cuatro categorías: “democracias plenas”, “democracias imperfectas”, “regímenes híbridos” y “dictaduras”. En el periodo 2006-2019, Bolivia fue clasificada reiteradamente entre los híbridos, combinando formas democráticas y autoritarias.

Proyecto de Estado fallido: Para el periodista Humberto Vacaflor, Bolivia bajo Evo Morales se encaminaba a ser un “Estado fallido”, donde el gobierno no controlaba la totalidad del territorio nacional como fruto de una decisión estratégica, orientada a favorecer a ciertos sectores de la economía ilícita como el narcotráfico.

Narco-Estado: Coincidentemente, el analista norteamericano Douglas Farah dijo que Bolivia bajo Evo se contaba entre los “Estados criminalizados” de América Latina o “Narco-Estados”, donde las organizaciones del narcotráfico habían penetrado altas esferas de gobierno.

Democracia aparente: Por su parte, el sociólogo José Mirtenbaum definía al régimen evista como una “democracia aparente”, es decir, un gobierno autoritario que mantenía una fachada democrática.

Decisionismo presidencial: Para el politólogo Fernando Mayorga, el sistema de gobierno del Estado Plurinacional estaba centrado en “una concentración de poder terminada en una cúspide, el decisionismo presidencial, sometiendo (voluntariamente o no) los demás espacios de la política institucional”.

País parcialmente libre: La organización internacional Freedom House calificó a Bolivia como un país “parcialmente libre”, donde se combinaban la hostilidad hacia la prensa, las detenciones indebidas y la crisis en el sistema judicial.

Régimen totalitario: Una de las definiciones más duras fue la del diario paraguayo ABC Color, que adjudicó al evismo el carácter de “régimen totalitario” que convirtió a Bolivia en un “país cárcel”, en alusión a los prisioneros políticos.

Democracia comunitaria: Por último, tenemos la autocalificación hecha por el régimen por boca de su principal ideólogo, el ex vicepresidente Álvaro García Linera, quien habló de una “democracia comunitaria” contrapuesta a la democracia liberal.

Incluso en la edulcorada autodefinición, queda en evidencia que la Bolivia evista se aventuró en una zona borrosa más allá de los límites del Estado de Derecho y de las libertades republicanas, aproximándose peligrosamente al hegemonismo dictatorial.

Es bueno recordar, siguiendo la conocida máxima de George Santayana sobre los pueblos que olvidan su historia y acaban condenados a repetirla.

jueves, 9 de julio de 2020


Los cuatro jinetes del Democalipsis

Emilio Martínez Cardona

En medio de la confusión y el caos de estos tiempos, tratemos de establecer cuáles son las fuerzas que mayormente contribuyen a la turbulencia nacional, cerniendo nubes de tormenta sobre la frágil democracia boliviana. Propongo como hipótesis la existencia de cuatro jinetes del Democalipsis, a saber: 

1. Pandemia. El jinete global de la peste habría puesto en jaque a cualquier gobierno; basta imaginar un contrafactual con el MAS aún en el poder, para deducir que podríamos estar en una situación mucho peor. Una rápida mirada comparativa a la generalidad de los países vecinos (con las excepciones de Uruguay y Paraguay)  también indica que aquí se actuó con celeridad para la contención inicial y que se evitó más de un millón de contagios. Sin embargo, lo dantesco de la realidad epidemiológica sigue induciendo a una percepción de insuficiencia de cualquier medida que pueda tomarse.

2. Reunificación del masismo. Hasta fines de enero, el sector moderado del MAS en el Parlamento jugaba a la gobernabilidad y se mostraba distante del grupo asilado en Buenos Aires. Pero hacia el mes de marzo esto comenzó a cambiar, conduciendo a una reunificación del Movimiento Al Socialismo, que ahora actúa con una estrategia dual para la obstrucción parlamentaria y la desestabilización territorial. ¿No se operó debidamente para incorporar al sector de Eva Copa en el nuevo ecosistema de partidos políticos? Es posible, aunque la senadora tampoco ha dado señales claras de tener un compromiso con una reinvención socialdemócrata o centrista de al menos un ala del masismo. 

3. Sabotaje interno. El gobierno constitucional surgido en noviembre evitó una masacre blanca en el aparato público, algo razonable ante la necesidad de preservar la funcionalidad institucional. Sin embargo, faltaron cambios quirúrgicos en mandos medios estratégicos, los que terminaron conspirando con el evismo en los casos respiradores y YPFB, potenciando irregularidades para diluir por contraste la imagen de hipercorrupción que signó al régimen de los 14 años.   

4. Oportunismos electorales. En el campo no masista, Bolivia no tuvo la suerte de contar con una oposición responsable como la del PDS de Portugal, que le puso el hombro a la gestión de su adversario en el oficialismo en medio de la pandemia. Aquí, en cambio, han sobrado la mezquindad, el cálculo miope y la crítica microscópica que, de manera conciente o no, pueden tapizar el camino de regreso del evismo al poder.

Empezar a cambiar esto último exigiría un mínimo marco unitario de consenso, impulsando concertación programática para las políticas de Estado de los próximos cinco años, acuerdos sobre postulaciones en las circunscripciones uninominales y una suerte de pacto de no agresión entre los frentes democráticos.

jueves, 2 de julio de 2020


Borges y la filosofía

Emilio Martínez Cardona

Una de las obsesiones capitales de la filosofía contemporánea ha sido la demolición de la metafísica, tarea emprendida con las herramientas del análisis del lenguaje (Wittgenstein) y de la hermenéutica (Heidegger). Curiosamente, será la literatura borgeana el campo desde el cual se retomará de forma lúdica la metafísica, celebrando su carácter de inagotable materia prima para la invención de ficciones.

Fernando Báez ha dicho que “los mejores momentos de la historia del espíritu no son otros que los que refieren la relación clandestina, infiel e indiscreta entre la filosofía y la literatura”. Podemos agregar que uno de esos mejores momentos es, justamente, el de los textos de Borges.

Es conocido el comentario borgeano de que “la filosofía y la teología son dos especies de la literatura fantástica”. Y es que Borges admitió que la antología de la literatura fantástica que había compilado estaba incompleta, por no haber incluido las creaciones de Parménides, Platón, Juan Escoto Erígena, Alberto Magno, Spinoza, Leibniz y Kant.

El amor por la filosofía fue una herencia de su padre, en cuya biblioteca leyó a George Berkeley, David Hume y Francis Bradley. Durante su permanencia en Europa conoció los escritos de Nietzsche, lo que supuso su acceso a la doctrina del Eterno Retorno, y a Schopenhauer, cuyo libro central, “El mundo como voluntad y como representación”, citó cientos de veces a lo largo de su vida.

Otros filósofos le interesaron: Aristóteles, Plotino, Séneca. Son múltiples los intentos por determinar qué tendencia filosófica profesó Borges: para Jaime Rest era un nominalista, platonista para Juan Nuño, panteísta nihilista para Ana María Barrenechea, panteísta spinoziano para Jaime Alazraki.

Entre nosotros, H.C.F. Mansilla ha escrito que en Borges aparece “la probabilidad de una arbitrariedad fundamental como rasgo constitutivo del universo. Lo que a primera vista parece ser una amable ocurrencia literaria, burlona y al mismo tiempo inofensiva, resulta ser el compendio de una visión para nada inocua. Su núcleo fundamental reza que en el fondo todo es intercambiable con todo”.

Es plausible creer que no fue adepto de ninguna de estas vías. Borges buscaba sugerir misterios, no explicarlos. En “Pierre Menard, autor del Quijote”, anota: “No hay ejercicio intelectual que no sea finalmente inútil. Una doctrina filosófica es al principio una descripción verosímil del universo; giran los años y es un mero capítulo -cuando no un párrafo o un nombre- de la historia de la filosofía”.

Para despejar todas las dudas y en diálogo con María Esther Vázquez, Borges puntualiza: “No soy filósofo ni metafísico; lo que he hecho ha sido explotar, o explorar -es una palabra más noble-, las posibilidades literarias de la filosofía”.

Fernando Savater ha dicho que “por ser capaz de convertir los fríos conceptos filosóficos en protagonistas de prodigiosas narraciones literarias; por ser capaz de crear, con los viejos materiales procedentes de la abstracción metafísica, la abrumadora riqueza de sus ensayos, Borges estaría ubicado en una categoría intermedia entre aquellos escritores que piensan por imágenes y aquellos que lo hacen mediante abstracciones. Borges es un peculiar escritor capaz de imaginar abstracciones y de dar vida imaginativa a filosofemas”.

jueves, 25 de junio de 2020


Sobre el progresismo



Emilio Martínez Cardona

Como bien apuntó Hannah Arendt, la humanidad no conoció la idea de progreso tal como la concebimos actualmente hasta bien entrado el siglo XVIII.

En realidad, el punto de partida para el progresismo moderno sería el marqués de Condorcet, reformador moderado o girondino quien, a salto de mata mientras escapaba a la persecución de Maximiliano Robespierre, escribió su célebre “Bosquejo de un cuadro histórico de los progresos del espíritu humano”.

Allí afirmaba su credo optimista sobre la infinita perfectibilidad de la humanidad, algo que, como buen iluminista, desarrollaba mediante una tensión agonista entre la superstición y el conocimiento.

En el otro extremo, tenemos la refutación sarcástica plasmada por Edgar Allan Poe en uno de sus mejores cuentos humorísticos, “Conversación con una momia,” donde un conde del Antiguo Egipto reanimado por medio del galvanismo, Allamistakeo, demostraba la superioridad de su civilización sobre la moderna, derribando de paso varios mitos: “Mandamos buscar un ejemplar de un libro llamado The Dial, y le leímos en alta voz uno o dos capítulos acerca de algo no muy claro, pero que los bostonianos denominaban el Gran Movimiento del Progreso. El conde se limitó a decir que los Grandes Movimientos eran cosas tristemente vulgares en sus días; en cuanto al Progreso, en cierta época había sido una verdadera calamidad, pero nunca llegó a progresar”.

En el fondo, la oposición entre Condorcet y Poe es la de los partidarios de una visión lineal de la historia, que va de un estado primitivo a otro idílico, y la de quienes sostienen la existencia de ciclos civilizatorios, muchas veces recurrentes.

“Adolecen de linealidad -en mayor o menor medida- los sistemas de Hegel, Marx y Comte: el primero con su culminación de la Idea en el Estado Absoluto; el segundo con sus etapas inexorables del esclavismo, feudalismo, capitalismo y comunismo; y el tercero con sus gradaciones de las eras teológica, metafísica y positiva”.

Entre los cíclicos destaca el napolitano Giambattista Vico con su corsi e ricorsi, donde la historia atraviesa la edad divina (teocrática y sacerdotal), la edad heroica (guerrera) y la edad humana (racional), para remontarse una vez más al punto de partida.

Apuntemos también entre los cíclicos a Arnold Toynbee y Oswald Spengler, quienes plantearon una morfología organicista de la historia y de las civilizaciones, con presupuestos algo más optimistas el británico y francamente fatalistas el germano.

Pero es sin duda en Friedrich Nietzsche donde la recurrencia es llevada al paroxismo con la doctrina del Eterno Retorno, expresión tanto de una inmanencia radical como del vitalismo del filósofo-poeta.

Más cerca en el tiempo, el historiador ruso-americano Peter Turchin ha buscado matematizar la teoría de los ciclos, bosquejando una nueva disciplina a la que denomina cliodinámica (“Clío” por la musa de la historia, “dinámica” por el estudio de los movimientos en el tiempo).

Sin embargo, hay matices entre ambas posturas, con progresistas lineales que admiten algún tipo de recurrencia histórica, aunque sea de modo jocoso, como la que apunta Marx en “El 18 Brumario de Luis Bonaparte” (la repetición de los hechos primero como tragedia y luego como farsa). O con teóricos de la historia cíclica como el mismo Vico, quien se cuida en su “Scienza nuova” de aclarar que no se trata de un movimiento cerrado, sino de una suerte de ascenso en espiral.

jueves, 18 de junio de 2020


El Golpe de Puebla

Emilio Martínez Cardona

Varias señales indican que Bolivia está ante una ofensiva externa e interna, que busca la desestabilización del gobierno democrático. El Grupo de Puebla pide que se valide a Evo Morales como “presidente electo” en octubre de 2019, a partir de un refrito de informes elucubrados por la izquierda norteamericana, y define como “gobierno de facto” a la actual administración boliviana.
                             
Por su parte, el ex mandatario y ex agente del régimen evista en La Haya, Eduardo Rodriguez Veltzé, nomina a Jeanine Añez como una “presidenta autoproclamada”, mientras Eva Copa y Carlos Mesa coinciden en buscar la deslegitimación del gobierno alegando que “no está cumpliendo su función constitucional”. Se equivocan ambos, claro, porque la misión gubernamental no es “convocar comicios” (para eso está el TSE) sino “gobernar el país hasta el traspaso de mando”.

Esa estrategia discursiva se da en el marco de una violencia incremental en territorios de fuerte implantación del Movimiento Al Socialismo, que puede llevar a una mayor convulsión, amparada por un instrumento jurídico (Ley que regula el Estado de Excepción) que no sólo ata las manos a las fuerzas policiales y militares, sino que también crea una especie de incentivo o “seguro para la sedición” (indemnizaciones a quienes participen en confrontaciones y resulten afectados por la respuesta estatal).    

Por supuesto, la convulsión podría ser un bluff para asustar y presionar por las elecciones apuradas en pleno pico de la pandemia, con el consiguiente ausentismo electoral, sobre todo en las zonas más afectadas por el contagio (que en su mayoría no benefician en intención de voto a los partidos de Morales y Mesa).

Pero la desestabilización también puede apuntar a dos escenarios: a) convulsión para llegar a una sucesión constitucional que ponga a un(a) senador(a) evista en la presidencia, para conducir el proceso electoral de manera favorable a su partido; b) una vez producida la sucesión, la ALP reconoce a Evo Morales como presidente electo en octubre del 2019, así como al Parlamento que surgiría de esos comicios viciados. De esta forma el MAS se asegura una amplia mayoría para los próximos cuatro o cinco años y el mesismo recibe cerca del 40% de las bancas (que no lograría en un nuevo proceso electoral). ¿Se explicarían así tantas coincidencias?

Lo cierto es que, en noviembre del año pasado, la hegemonía institucional del MAS perdió su núcleo (el Ejecutivo) pero no su periferia (Legislativo, Judicial y otros enclaves públicos estratégicos). Y el gobierno de Añez es, por ahora, un núcleo sin periferia. Hay una vieja hegemonía que no termina de irse y todavía no acaba de forjarse una nueva.

La lucha por la democratización del Estado está a medio hacer, y la conciencia de esta realidad debería servir para reorientar luchas y críticas en función de un criterio de unidad.  

jueves, 11 de junio de 2020


Conversando sobre literatura y libertad



Emilio Martínez Cardona

Días atrás, tuve el gusto de ser entrevistado vía Zoom por los amigos de Notoria, un think tank con sede en la ciudad de La Paz, con quienes conversamos sobre literatura y libertad.

Con la presentación de Silvia Aleman Menduinna (principal impulsora de Notoria) y las preguntas de Carlos Manuel Ledezma (activista de importante participación en las jornadas de los 21 días), nos adentramos en el análisis de las relaciones entre la inteligencia y el poder, siguiendo el hilo conductor del libro “De Orwell a Vargas Llosa”, publicado en Estados Unidos por el Interamerican Institute for Democracy a fines del 2015.

En el diálogo, señalé que la elección de los nombres incluidos en el título se debía a la coherencia ejemplar demostrada por ambos escritores (George Orwell/Eric Blair y Mario Vargas Llosa) en la lucha contra los totalitarismos, fuesen de derecha o de izquierda, fascistas o comunistas.

En el caso de Orwell, esto le llevó a combatir al franquismo en Cataluña, donde paradójicamente descubrió la represión estalinista contra los anarquistas y los marxistas disidentes del POUM. Su novela más emblemática, “1984”, de alguna manera fusiona a Hitler y Stalin en la figura del Gran Hermano.

Por su parte, Vargas Llosa comenzó su periplo ideológico en la simpatía hacia Fidel Castro, con quien rompió a raíz de la persecución al escritor Heberto Padilla, encabezando la primera gran fisura entre la intelectualidad latinoamericana y el régimen cubano. De igual manera, su semblanza del general Trujillo en “La fiesta del Chivo” es uno de los retratos críticos más implacables del tradicional despotismo militar. 

También comentamos con los amigos de Notoria que esta coherencia ha estado ausente muchas veces de nuestra América Latina, donde con demasiada frecuencia se condenó a los autoritarismos conservadores mientras se exculpaban sistemáticamente los abusos de la dictadura castrista.

Sobre la genealogía de este sesgo favorable por los autócratas “progresistas”, identificamos un posible origen en la tentación por el despotismo ilustrado, en la idea equívoca de que el intelectual puede conducir al tirano a la instauración del Estado ideal.

Tentación que una y otra vez ha terminado mal, ya fuera en el caso de Platón y el tirano de Siracusa, Voltaire con Federico II de Prusia o Gabriel García Márquez con Castro.

Ese despotismo ilustrado está a su vez en la base del utopismo, cuyos sueños de cambio holístico o refundacional suelen convertirse en pesadillas cuando alguien intenta llevarlos a la práctica. Porque quien se oponga a la utopía, al sistema perfecto, será declarado enemigo del curso de la historia.

Frente al utopismo he planteado en la conversación dos alternativas: en el plano literario el género de la distopía, con ficciones que advierten sobre los peligros de las grandes ingenierías sociales; y en el plano político el reformismo, que devuelve la disputa al terreno de la razón y, por ende, de la libertad.

viernes, 5 de junio de 2020


El Foro con piel de cordero

Emilio Martínez Cardona

Agotado el ciclo político del Foro de Sao Paulo, con la salida del PT del poder en Brasil y la debacle petrolera de Venezuela, el cártel de las izquierdas populistas latinoamericanas busca reciclarse en el Grupo de Puebla, bajo el paraguas del neo-priísmo de Andrés Manuel López Obrador en México y con el oxígeno adicional provisto por el segundo kirchnerismo en Argentina.

Se trata de una versión aparentemente light del mismo proyecto, una suerte de “Foro con piel de cordero”, aunque en el fondo permanezcan las mismas pulsiones hegemonistas y antiliberales.

En las diversas reuniones sostenidas hasta el momento por el Grupo de Puebla se ha evidenciado la apuesta por Marco Enríquez-Ominami, verdadero niño mimado al que se alimenta como carta para el futuro proceso electoral en Chile.

El político chileno es uno de los voceros de la neo-lengua progresista del bloque, que ha sustituido la dureza de las consignas chavistas por jugarretas conceptuales al estilo de “el mercado es una herramienta y el brazo es el Estado”, y otras patrañas similares.

La estrategia de camuflaje “buenista” del Grupo de Puebla ha incluido el impulso al reciente acuerdo Maduro-Guaidó sobre la intervención de la OPS en Venezuela, y también para que Evo Morales bajara el perfil de sus reiteradas convocatorias insurreccionales desde Buenos Aires.

A nivel extra-regional, el bloque se entronca con la emergente Internacional Progresista que alientan el “socialista democrático” Bernie Sanders desde Estados Unidos y el ex ministro de finanzas Yanis Varoufakis desde Grecia, entre otros demagogos de la misma calaña.

El común denominador es, como siempre, el ultraestatismo, vía para seguir enriqueciendo oligarquías burocráticas a costa de la “cosa pública”. Edulcorado, por supuesto, con las mieles hiperkeynesianas de los sofistas Joseph Stiglitz y Thomas Piketty, agradables al gusto del progresismo caviar.

Y también, como siempre, prima en el grupo la hemiplejia que condena los autoritarismos de derecha y aplaude a los de izquierda (u otros como el fundamentalismo islámico, a condición de que sean antioccidentales).

La coyuntura extraordinaria y cuasibélica dibujada por el coronavirus, proclive a la expansión regulatoria de Superestados, le da al bloque la oportunidad de introducir su visión totalitaria de la economía como parte de la “nueva normalidad”. Algo que tiene su correlato cultural con el pensamiento único de género y con la violencia de las bandas antifa. 

Volviendo al plano continental y para concluir: generar una alternativa republicana al “Foro con piel de cordero” exigirá claridad ideológica y glocalidad (pensamiento global y acción local), articulando a las dispersas fuerzas políticas sostenedoras del paradigma de la sociedad abierta y de la libertad.