viernes, 18 de enero de 2019


PETRO-PRAGMÁTICOS Y FILO-TERRORISTAS



Emilio Martínez Cardona

La entrega a Italia del terrorista Cesare Battisti puso en evidencia la intensidad de las pugnas internas en el régimen del Movimiento Al Socialismo, entre el ala pragmática encabezada por el ministro de gobierno Carlos Romero y la facción que mantiene el “horizonte comunista”, acaudillada por los hermanos García Linera, el ex ministro Hugo Moldiz y el asesor vasco Katu Arkonada.

Por su parte, Romero representa una tendencia hacia el Termidor del “proceso de cambio”, algo intermedio entre la intransigencia de Venezuela y Nicaragua y la evolución a la ecuatoriana, aunque con Evo Morales siempre a la cabeza del Estado.

Se trata de una adaptación oportunista al nuevo marco geopolítico latinoamericano, particularmente a la presencia de la administración Bolsonaro en Brasilia, de la que se busca alguna continuidad en el negocio gasífero. Junto al relativo y medido aggiornamiento en las relaciones externas, esta tendencia procura la alianza con sectores empresariales del Oriente boliviano, tejida por Romero durante años. 

Por el otro lado, tenemos a la facción que apuesta por radicalizar los componentes autoritarios del régimen, a la manera de lo practicado por Nicolás Maduro y Daniel Ortega, sobre el consabido guión cubano que señala el rumbo hacia una intensificación represiva.

Por supuesto, a la hora de protestar por la entrega de Battisti, junto a la visión estratégica de inclinación despótica también pesan sobre estos actores ciertos antecedentes en común, como la adscripción de los García Linera al terrorista EGTK o de Arkonada al brazo político de ETA.

Sólo así se explica la defensa de un condenado (no simplemente acusado) a cadena perpetua por la justicia italiana (no por el gobierno de Matteo Salvini) por su participación en cuatro asesinatos, entre ellos los de un carnicero y un joyero a los que el grupo de Battisti, Proletarios Armados por el Comunismo (PAC), mató para robarles objetos de valor o la recaudación de las ventas del día.

Y es que esta era precisamente la teoría del PAC: la alianza con delincuentes comunes, a los que consideraba como los mejores revolucionarios por su dedicación vocacional a la “expropiación” de la burguesía. O habría que decir robolucionarios.

Algo parecido a lo sostenido por Bakunin, el parricida Shocklender en sus clases de la “Universidad de las Madres de Plaza de Mayo” o por el peor Galeano, que en alguna de sus páginas consideraba a los mareros de Centroamérica como los herederos de las guerrillas de los ´70 y ´80 en esa región.

En cualquier caso, volviendo al contexto nacional, las tensiones hacen visible una grieta partidaria en el MAS de la que ya se percibían síntomas en los últimos años, pero que ahora queda expuesta en toda su crudeza.

Tensiones que podrían traducirse en un nuevo gabinete ministerial en los próximos días. Su conformación dará pistas para saber cómo se resolvieron, mediaron o postergaron las contradicciones internas en el oficialismo.


viernes, 11 de enero de 2019


APUNTES SOBRE UNA LARGA CAMPAÑA



Emilio Martínez Cardona

Ley de Organizaciones Políticas y primarias mediante, la campaña electoral del 2019 será una de las más largas de la historia. Una maratón de diez meses, no apta para corredores de 100 metros planos.

En este contexto, un renunciante reincidente como Carlos Mesa, ¿podrá llegar con su postulación hasta los comicios nacionales o arrojará la toalla antes de esa fecha?

Es posible, incluso, que ése haya sido el cálculo del régimen, del cual el ex presidente ha sido un socio estratégico desde el golpe de octubre de 2003, y más recientemente en la fallida estrategia de La Haya.

Quizás el diseño electoral consistiera en alimentar (a través de un cachascán pactado) una candidatura “opositora” que se retirara a pocos meses de los comicios, dejando desguarnecidas a las fuerzas democráticas.

Parte del plan serían ciertos sondeos, basados en muestras pequeñas y restringidas geográficamente, para inducir ese “voto a regañadientes”, tibio o resignado, del que se beneficia el ex mandatario.

El “sistema de octubre”, conformado por dos fuerzas políticas asociadas al Foro de Sao Paulo (el MAS y el MBL residual que rodea a Mesa), habría construido su trampa final, dirigida a perpetuar el centralismo burocrático.

Pero dos factores parecen estar erosionando ese diseño: por una parte, la emergencia de una nueva generación de electores, nuevos votantes que no acompañan a Evo Morales (un 80% de los jóvenes se niega a sufragar por el caudillo cocalero), y que tampoco están interesados en un retorno al pasado, reinstalando a una oligarquía tradicional.

Por otro lado, está la proyección de Santa Cruz hacia el liderazgo nacional, que el régimen trata de desactivar mediante prebendas a algunas facciones empresariales. Pero esta proyección es imparable, fruto de la terca realidad, con una infraestructura económica que tiende a generar una nueva superestructura política.

La convergencia entre el liderazgo nacional cruceño y los jóvenes votantes de toda Bolivia puede ser el fenómeno que eche abajo la estrategia bifronte del masismo/mesismo.

Desde Santa Cruz puede proponerse al país en general y a las generaciones emergentes en particular un horizonte de cambio real, apostando a los nuevos paradigmas de la economía creativa y colaborativa, del emprendimiento joven en el marco de la transformación digital.

En cualquier caso, la maratón electoral de diez meses puede ser propicia para que un corredor fondista, que pueda representar a esos dos factores mencionados, redibuje el tablero político actual.

Si se quiere alcanzar probabilidades razonables de recuperar una democracia plena, hay que moverse fuera de los márgenes de previsibilidad establecidos por el régimen, márgenes donde el “factor Mesa” cumple un rol funcional.

Lo que realmente puede poner en aprietos al oficialismo es que el voto útil opositor acabe concentrándose en un retador distinto al planificado.


jueves, 3 de enero de 2019


PENSAMIENTO MÁGICO GASÍFERO



Emilio Martínez Cardona

El vicepresidente García Linera volvió a asumir la función oracular, afirmando que “va a haber muchísimo más gas si la Pachamama nos sonríe en enero”.

La frase viene a engrosar el archivo de aseveraciones surrealistas del segundo mandatario, como aquellas de tipo astronómico-fantástico donde profetizaba ocultamientos solares y escapes lunares si el régimen perdía el referéndum del 21F.

Tras más de una década de paralización en la prospección gasífera, el trabajo técnico y la visión científica son sustituidos por el pensamiento mágico, por un voluntarismo improvisado al calor de los tiempos electorales.

Según García Linera, la riqueza por descubrirse alcanzaría los 70.000 millones de dólares, disparate que ni siquiera respalda YPFB, que estima el potencial en apenas un 20% de esa cifra. Esto en el mejor de los casos, aceptando los malabares aritméticos y conceptuales hechos desde esa empresa estatal, donde suelen transmutarse reservas posibles en probables y estas últimas en probadas.

El vicepresidente también ensaya un optimismo exportador que contrasta con la realidad, donde los principales mercados compradores del gas boliviano han sido descuidados, en gran parte por el manejo ideologizado de las relaciones internacionales.

Tal vez el rostro sombrío de Evo Morales en el acto de asunción presidencial de Jair Bolsonaro sea un indicador más fiel de los hechos duros y concretos.

En un siguiente pasaje de sus declaraciones, el número 2 del régimen hizo otra afirmación inquietante, asegurando que Bolivia “tiene capacidad para endeudarse por otros 10.000 millones de dólares”.

Es decir, que no contentos con haber llevado al país al endeudamiento récord de toda su historia, los alquimistas financieros del gobierno prevén seguir profundizando esa hipoteca del futuro nacional.

La exhibición de espejismos electorales por el vicepresidente también incluyó amplias promesas sobre la industrialización del litio, varias de las cuales ya han sido desmentidas por la empresa alemana que se ha adjudicado la explotación del Salar de Uyuni.

Se trata, en suma, de dibujar ese “camino ancho” del que ha hablado García Linera, que representaría al MAS y según él llevaría a la prosperidad, por contraposición al “camino angosto” de la oposición. Frase con la cual terminó de confirmar su carencia de un conocimiento básico de la literatura bíblica, donde el camino ancho representa a la perdición, misma que en nuestros días podría ser ejemplificada con el infierno inflacionario venezolano y con la represión masiva de la Nicaragua orteguista.

Para la oposición, el desafío estriba no tanto en desmontar las promesas falaces de quienes sólo fueron capaces de despilfarrar una bonanza no generada por ellos, sino de proponer una esperanza mejor fundada, una visión de país alternativa basada en la creatividad y el emprendimiento de la gente, más que en las pretendidas iluminaciones de una burocracia centralista pródiga en elefantes blancos.       


viernes, 28 de diciembre de 2018


Cae la farsa del etnomarxismo



Emilio Martínez Cardona

De nada sirvieron los sombreros indígenas ni las tutumas colgantes usadas en las fiestas provinciales: al vicepresidente Álvaro García Linera le pidieron unas palabras en una lengua “originaria” y toda la farsa del marxismo étnico se vino abajo en cuestión de minutos.

Y es que el segundo mandatario no sólo demostró ser monolingüe sino –para usar la retórica de su grupo Comuna- monocivilizatorio, perteneciente a esa civilización occidental que, como buen intelectual deconstruccionista, insiste en denostar pero de la que depende de manera umbilical. Amor y odio, que le dicen.

El artificio ideológico del etnomarxismo, edificado durante décadas por García Linera, sirve en realidad para enmascarar la dictadura de la lumpenburguesía cocalera, ni más ni menos.

Se suponía que sería el cruce de formas sociales y pensamiento autóctono con la influencia revolucionaria mundial, pero en verdad no es más que otra importación teórica de cabo a rabo, explicitada en el maoísmo y el polpotismo, pero ya implícita en el Marx de la carta a Vera Zasulich, donde el autor del Das Kapital exploraba las posibilidades socialistas de la comuna agrícola rusa.

Esto en cuanto a lo puesto por el vicepresidente en papel y tinta. La praxis, como sabemos, es muy otra. La praxis es la de ese capitalismo andino de camarilla, anticompetitivo, neo-oligárquico y mercantilista, erigido a base de adjudicaciones públicas discrecionales para los amigos.

Es la izquierda caviar de los banquetes suntuosos y las fotografías sonrientes con actores/sicarios del jet-set de Hollywood, de las visitas a Miss Universo y de las mansiones en Ciudad de México. Opulencia del poder y miseria de la ideología.  
  
A esta altura, lo indígena en el régimen no pasa de ser adorno y folclore, instrumentalización como tropas de choque cuando hace falta carne de cañón, y prebendas para las burocracias sindicales que se arrogan una representación nada democrática, surgida de la unanimidad del chicote. El seudo-nativismo ornamental como apariencia que encubre a una cleptocracia cada vez más tiránica.

Por su parte, el caudillo Evo Morales tampoco parece poder demostrar su condición de políglota, si exceptuamos esos tuits en inglés escritos por sus asesores. Uno de sus ministros dice que “Evo es trilingüe” y dan ganas de aceptar la afirmación, no en lo estrictamente idiomático sino en lo conceptual. Tres lenguas, entendidas como discursos diferentes dirigidos a tres distintos auditorios.

La lengua populista con la que le habla a “las bases”, cargada de antiimperialismo recalcitrante y racismo inverso. La lengua tranquilizadora o sedante, con la que trata de venderle su peculiar versión personalista de la estabilidad a las capas medias. Y la lengua verde ecologista, orientada a los auditorios internacionales, en flagrante contradicción con las políticas reales que implementa hacia las áreas protegidas y parques nacionales de Bolivia.

Son otras tantas farsas de este crepuscular etnomarxismo.


jueves, 20 de diciembre de 2018


DOS CANDIDATOS DEL CENTRALISMO



Emilio Martínez Cardona

Vistas las candidaturas presidenciales que irán, primarias mediante, a las elecciones nacionales del año próximo, resulta evidente que el centralismo acudirá a las urnas desdoblado.

Una de sus fuerzas representa al régimen autoritario de emergencia, aceptado por la oligarquía paceña en un momento de crisis, ante el avance del movimiento autonomista. Hablamos por supuesto de la estructura verticalista que acaudilla Evo Morales, especie de nuevo Zárate Willka utilizado principalmente para hacer frente al desafío descentralizador encabezado por Santa Cruz, pero también contra el resto del Oriente y el Sur del país.

Como el instrumento designado para conservar la forma de Estado centralizado se extralimitó de su función inicial, con una agenda mucho más radical digitada desde Caracas y La Habana, se lanza ahora una segunda fuerza.

Ésta encarna un intento por volver al centralismo a la antigua, con un representante de la clase tradicional que administró la cosa pública de forma concentrada durante la mayor parte del siglo XX. Carlos Mesa es la locomotora en ese proyecto, que probablemente no sea de retoma del poder sino de simple renegociación de parcelas de cogobierno con el cártel de la coca y las burocracias sindicales.

Sería triste, pero sobre todo sería la pérdida de una oportunidad histórica, que Santa Cruz se dejara enganchar como furgón de cola en ese tren de regreso al pasado, de la mano de quien llegó a planear una invasión militar al departamento en tiempos del Cabildo de enero del 2005 (aspecto registrado en el testimonio del mismo Mesa, en su documental “Presidencia sitiada”).

Y hablamos de oportunidad histórica, porque las condiciones parecen maduras para la irradiación desde Santa Cruz de un nuevo proyecto nacional, inspirado en la tríada federalismo-desarrollo-república.

La República Federal ya es una esperanza plenamente instalada en importantes bastiones electorales del Occidente como Potosí, Cochabamba y Sucre, por lo que parece un horizonte político viable, donde el desarrollo sería autogestionado desde los departamentos.

En ese nuevo marco institucional se podrían impulsar polos territoriales de crecimiento económico, en base a alianzas que integren la sinergia del sector público, las empresas privadas y las universidades.  

La superación del modelo centralista también debería ser un componente relevante en una política de transparencia, que revierta los altos índices de corrupción de la actualidad transfiriendo fondos y funciones hacia los gobiernos subnacionales, que están más cerca de la gente y que por eso mismo son más fiscalizables.

Pero el citado ex presidente ha dado sobradas muestras de una postura opuesta a esa federalización del Estado boliviano, colocándose fuera de la principal corriente de cambio real existente en el país.

Esto significa que terminará por ser desalojado del sitial de alternativa al régimen por una opción federalista. Eso pasará, más temprano que tarde.



sábado, 15 de diciembre de 2018


Ataques de False Flag y piro-masismo

Emilio Martínez Cardona

Wikipedia define a los ataques de False Flag (bandera falsa) como “operaciones encubiertas llevadas a cabo por gobiernos, corporaciones y otras organizaciones, diseñadas para aparecer como si fueran realizadas por otras entidades”.

En la historia militar sobresalen operativos como el de la Unión Soviética en 1939, que bombardeó una población de su propio territorio como pretexto para invadir Finlandia. En ese año, la Wehrmacht utilizó el mismo ardid, simulando un ataque “polaco” a una estación de radio germano-parlante en Gleiwitz, abriendo el camino a la operación militar que concluyó en la ocupación de Polonia.

Pero los ataques de False Flag no se restringen al campo bélico, sino que también han sido implementados en el terreno político para justificar persecuciones contra sectores específicos de la población civil. Tal vez el caso más antiguo registrado por la historiografía sea el incendio de Roma, en el año 64. La leyenda atribuye el siniestro al emperador Nerón, quien ciertamente lo manipuló para emprender una sangrienta cacería de cristianos.

El procedimiento flamígero se repitió en febrero de 1933, cuando Adolf Hitler instrumentalizó el incendio del Reichstag (Parlamento), probablemente iniciado por sus propias Secciones de Asalto pero atribuido a la oposición, para comenzar el proceso de ilegalización de las demás fuerzas políticas. De esta forma, su versión nacionalista del socialismo se convirtió en partido único.

En Bolivia, podemos citar al menos tres casos de hace una década en los que podría haberse aplicado la táctica False Flag: los desmanes cometidos durante la toma de instituciones públicas en Santa Cruz en el 2008, por supuestos integrantes de la Unión Juvenil Cruceñista que un año después terminarían militando en el Movimiento Al Socialismo; las muertes provocadas en Porvenir por “sicarios” que tiempo más tarde aparecían ligados al entorno de Juan Ramón Quintana; y el montaje del caso terrorismo en el 2009, donde el único atentado real (la bomba incendiaria en la puerta de la residencia cardenalicia) fue perpetrado por los infiltrados policiales en el grupo Rozsa.

Estos operativos contribuyeron a desactivar el movimiento autonomista, a través de la criminalización de la protesta.

Es inevitable asociar esta metodología con lo sucedido días atrás en el Tribunal Electoral Departamental de Santa Cruz, cuyo ingreso fue incendiado durante una marcha universitaria que protestaba contra la habilitación inconstitucional del binomio Evo Morales-Álvaro García Linera.

El ataque fue perpetrado por jóvenes que, a diferencia del resto de los marchistas, llevaba el rostro cubierto. Uno de ellos lucía un tatuaje del multihomicida estalinista Ernesto “Che” Guevara en uno de sus homóplatos, posible indicativo de su pertenencia a alguno de los grupos de choque locales del masismo.

También es inevitable recordar las distintas ocasiones en que militantes del partido oficialista dieron rienda suelta a su inclinación piromaníaca, como en el 2007, cuando quemaron la puerta de la Prefectura de Cochabamba; o en el 2016, cuando incendiaron la alcaldía de El Alto, provocando seis fallecimientos.

En ambos casos, como en el TED, la custodia policial había sido “convenientemente” retirada.


jueves, 6 de diciembre de 2018


Elecciones, Santa Cruz y revolución 4.0

Emilio Martínez Cardona

“El aumento del conocimiento depende por completo de la existencia del desacuerdo”.
Karl Popper

¿Qué tienen que ver las elecciones nacionales del año próximo, Santa Cruz y la cuarta revolución industrial? A primera vista nada, pero en el fondo mucho.

En el proceso electoral se decidirá no sólo quiénes serán los administradores del aparato público, sino ante todo el modelo económico para los siguientes años, que puede seguir siendo monoproductor-extractivista-estatista, lo que equivale a perder el tren del futuro, o virar hacia la incorporación de Bolivia a la transformación digital y las tecnologías de punta.

Para girar hacia esa nueva economía, donde el conocimiento es el principal factor creador de valor, hace falta por una parte reforzar la democracia del disenso, como bien lo indica la frase de Popper que hace de pórtico a este artículo.

Libertad de crítica, cultura del debate, capacidad de autocrítica, libre circulación de las ideas… Son parte de un paquete y de un ambiente muy distinto al promovido desde la “democracia comunitaria de la unanimidad y el consenso”, de la que se habla desde un poder tan verticalista como ideológicamente obsoleto.

Esto, teniendo en cuenta que la transformación digital no es simplemente la adopción de maquinarias novedosas, sino una reingeniería a gran escala de los procesos productivos, que se implementa con mayor eficiencia a través de la cooperación voluntaria de los actores del mercado y no mediante los decretos de una planificación centralizada, que sólo haría proliferar quimeras como las Kipus o el errante satélite Túpac Katari.

¿Dónde entra Santa Cruz en esta ecuación? Sucede que el departamento tiene las condiciones para convertirse en la región-corazón de este cambio, tanto por la masa crítica de universidades como por la tecnificación en marcha hacia la agricultura de precisión, la apertura a la adopción de biotecnologías y una eminente vocación exportadora.

Sumemos a esto una experiencia institucionalista favorable a la construcción de alianzas público-privadas y tendremos la infraestructura económica ideal para esa transformación.

Desde un punto de vista más marxiano que marxista (para usar la terminología de Norberto Bobbio) se puede subrayar la necesidad de que esa infraestructura sea acompañada por una superestructura política acorde, que pasaría por una presencia estratégica de la burguesía cruceña en los resortes principales del Estado.

Es evidente que este proyecto no podría ser gestionado por antiguos actores de una oligarquía andinocéntrica. El olañetismo del siglo XXI, que incluso se atribuye con arrogancia la “invención académica” de la Chiquitania, es un callejón sin salida hacia el pasado.

Santa Cruz tiene la oportunidad histórica de encabezar la revolución tecnológica en Bolivia, que implica una promesa superadora de las brechas de la ignorancia y la pobreza. Pero asumir políticamente ese desafío requerirá amplitud de visión y cohesión libre dentro de un marco pluralista. Lo veremos el 2019.


viernes, 30 de noviembre de 2018


Evo, Mesa y el Foro de Sao Paulo



Emilio Martínez Cardona

En columnas anteriores hemos abordado la influencia que ha tenido el Foro de Sao Paulo en la construcción de regímenes populistas autoritarios en diversos países de América Latina. En Bolivia, el ascenso al poder y la perpetuación en él de Evo Morales fue auspiciado por el mencionado cártel de partidos de izquierda, que acudió en su ayuda (a través de los gobiernos socialistas de Brasil, Venezuela, Argentina y Chile) en momentos críticos para la “Revolución Democrática y Cultural”. 

A propósito del proceso electoral en el que se apresta a entrar el país, es importante aclarar que entre los partidos bolivianos que han sido parte del Foro de Sao Paulo no sólo podemos contar al Movimiento Al Socialismo (MAS), sino también al Movimiento Bolivia Libre (MBL), fuerza que a pesar de haber desaparecido jurídicamente sigue proyectándose por medio de sus ex integrantes.

Varios de éstos fueron parte de la fallida administración de Carlos Mesa en el bienio 2003-2005, que feneció auto-aislada del sistema político, con su populismo light del “gobierno de ciudadanos” y presa de las indecisiones hamletianas de su caudillo letrado.

Ahora, ese entorno parece volver como columna vertebral del pequeño frente armado en torno al ex mandatario, hecho demostrable con la selección del precandidato a la vicepresidencia.

La presencia de este círculo ligado al Foro de Sao Paulo refuerza interrogantes legítimas difundidas en amplios sectores de la ciudadanía, acerca de posibles pactos tácitos o explícitos entre mesismo y masismo. Vale la pena subrayar que el problema actual de Bolivia no es sólo un partido de gobierno sino todo un régimen, que bien podría desdoblarse si eso conviene a sus objetivos principales.

Se corre el riesgo de que, en el mejor de los casos, Mesa acabe desempeñando un papel similar al de Dmitri Medvédev con Vladimir Putin, guardándole el asiento por un par de años al capo cocalero, en caso de que tuviera que replegarse a sus feudos “duros” mientras pasa la crisis económica.

En el peor de los casos, podría terminar siendo apenas un Henri Falcón a la boliviana, un legitimador de las condiciones asimétricas de campaña.

De lo que no cabe duda es del talante centralista del ex presidente, del que sobran ejemplos en la memoria histórica de Santa Cruz, que puede y debe ser refrescada. Recordemos el mote de “élite provinciana” disparado contra la burguesía cruceña, o la intención de ordenar una intervención militar en el departamento contra el cabildo del 2005, dato registrado por el propio Mesa en su documental “Presidencia sitiada”.

Tampoco parece probable, dada la inclinación socializante del entorno descrito, que una hipotética segunda administración mesista pueda afrontar las reformas liberalizadoras que Bolivia necesita con urgencia, con miras a reducir la asfixia estatal contra el emprendimiento privado.

Lo cierto es que al país le conviene escapar por completo de las garras del Foro de Sao Paulo y no sólo sustituir temporalmente a los gestores de ese cártel político.


martes, 27 de noviembre de 2018


Ante el Ángel de las Elegías



Emilio Martínez Cardona

(Artículo publicado en el número 19 de Percontari, revista del Colegio Abierto de Filosofía, edición que aborda el tema central del arte)

Es harto conocida la distinción entre lo bello y lo sublime, establecida por Immanuel Kant en su Crítica del juicio, tercer gran libro de su corpus y dedicado a la estética, a diferencia de la Crítica de la razón pura (epistemología) y de la Crítica de la razón práctica (ética).   

Lo bello sería lo clara y armónicamente delimitado, lo agradable, contrapuesto a la ilimitación terrible y grandiosa que sentimos, por ejemplo, ante la contemplación de un océano embravecido, donde nos encontramos frente a la manifestación de lo sublime.

No es menos divulgado el tratado de Edmund Burke, Indagación filosófica sobre el origen de nuestras ideas acerca de lo sublime y de lo bello, donde continúa al pensador de Königsberg, asimilando las categorías en pugna a la sensibilidad clásica y a la romántica.

Un tercer momento menos conocido de esta filosofía del arte se puede encontrar en las Elegías de Duino de Rainer Maria Rilke, donde se dice que “la belleza no es nada sino el principio de lo terrible, lo que somos apenas capaces de soportar, lo que sólo admiramos porque serenamente desdeña destrozarnos. Todo ángel es terrible”.

El poeta concibe las operaciones del arte como un viaje de lo tangible a lo intangible, como una interiorización, que hace perdurable a lo sensible en un orbe elegíaco. Es la “obra del corazón” (Herzwerk) como razón de ser del hombre: interiorizar las cosas para que pervivan, llevarlas del precario mundo externo a un espacio interior ilimitado.

Martin Heidegger decía, respecto a esto, que Lo-Abierto en Rilke es el ámbito donde se produce la “completa percepción”.

Agregaremos: el secreto de la epifanía es su invisibilidad, ya que exige para hacerse observable de una especial disposición del espíritu. Lo arcano necesita la llave hermenéutica de la sutileza.

“¿Quién, si yo gritase, me oiría desde los coros celestiales?”, se preguntaba Rilke al comienzo del proceso de composición de su libro, para responderse más adelante que “el Ángel de las Elegías es aquella criatura en que aparece ya cumplida la transformación de lo visible en invisible, que nosotros realizamos”.

En otra de sus obras, Sonetos a Orfeo, dictaminaba que “tan sólo el poema sobre la tierra consagra y glorifica”.

Transportar lo material determinado a lo trascendental indeterminado sigue siendo el eje de ese programa estético que eslabona los nombres de Kant, Burke, Rilke y Heidegger, que incluso los cultores de lo efímero cumplen sin notarlo.

sábado, 24 de noviembre de 2018


Qananchiri, “giles” y globalización



Emilio Martínez Cardona

El vicepresidente Álvaro García Linera disertó en el marco de la “Contracumbre” previa al G20, organizada por el neomarxista Clacso y en la que participaron varios cleptócratas retirados, aspirantes o en funciones de América Latina y España.

En su conferencia, alias Qananchiri (su nombre de guerra en la banda terrorista del EGTK) llamó “giles” a los neoliberales y afirmó que las políticas actuales de Estados Unidos demostrarían un supuesto fracaso de la globalización, el libre comercio y las privatizaciones.

Posiblemente, haciendo un esfuerzo para desentrañar aseveraciones realizadas con tanta ligereza, se refiera a la política de renegociación de acuerdos de comercio internacional impulsada por la administración de Donald Trump, que el vice claramente no ha llegado a entender desde su mundo no-euclidiano donde 90 x 3 da 180.

Tanto por las declaraciones del principal asesor de Trump en el tema, el economista Larry Kudlow, como por los resultados de las conversaciones sobre el ex NAFTA y por los objetivos fijados respecto a China, se trata en realidad de una búsqueda de reciprocidad y fair play en el intercambio de bienes y servicios, y no de un retorno al viejo proteccionismo.

En otras palabras: se procura un comercio libre entre economías libres, algo distinto al intercambio actual, donde países con altos subsidios estatales a las “empresas amigas” del poder y con monedas manipuladas aprovechan las ventajas de acceso a las sociedades abiertas. El mejor ejemplo de este juego sucio es la dictadura de Pekín, casualmente el modelo corrupto en el que se inspira la práctica (no la idílica teoría “comunitaria”) del régimen que conducen el caudillo cocalero Evo Morales y el sofista García Linera.

Estamos, al decir del desarrollista argentino Jorge Castro, ante un nuevo paradigma de globalización e interdependencia y no frente a una vuelta a perimidas propuestas autárquicas. 

Otros aspectos de la Trumpnomics también desmienten la disertación del Clacso. La desregulación, que por orden ejecutiva elimina dos normas antiguas por cada nueva que sea creada, y la reforma fiscal, que devuelve a la gente recursos antes confiscados por la burocracia, son muestras de una vigorosa orientación hacia el liberalismo clásico, medidas que han logrado la mayor recuperación económica estadounidense en los últimos 50 años, llegando casi al borde del pleno empleo.

Quizás Qananchiri pueda mostrar experiencias más exitosas dentro de su campo ideológico, como las de Venezuela o Cuba, o explicar por qué su gobierno está llevando a Bolivia hacia una crisis en la exportación del gas.

También podría disertar sobre las bondades del intercambio al interior de bloques comerciales socialistas del pasado (Comecon) o de un presente que se va volviendo cada vez más pretérito (Alba).

Cabe preguntarse, además, si los neoliberales no serán considerados “giles” simplemente porque robaron bastante menos que los socialistas del siglo XXI, cuyas cifras de latrocinio han batido récords históricos.


viernes, 23 de noviembre de 2018


8D y 10E: fechas claves para la democracia latinoamericana

Emilio Martínez Cardona

De acuerdo al cronograma presentado por el TSE, el 8 de diciembre (8D) ese tribunal deberá hacer públicos los binomios habilitados para participar en las elecciones primarias de enero. La inclusión o no de la dupla Evo Morales-Álvaro García Linera será crucial para la democracia boliviana, denotando si el Órgano Electoral antepone el cumplimiento del mandato vinculante del pueblo o la artificiosa sentencia del TCP que ningún constitucionalista creíble toma con seriedad.

Pocos días antes, tendrán lugar dos hechos que pueden ejercer alguna influencia sobre la decisión del TSE:

1) La audiencia en Washington de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) el 5 de diciembre, donde se pedirá a ese organismo una opinión consultiva sobre el curioso “derecho” a la repostulación eterna, alegado por el TCP en el fallo mencionado, que tuerce y retuerce lo estipulado en la Convención Americana de DDHH. Si la CIDH da señales de que tal cosa no cuenta con el respaldo de la convencionalidad interamericana, el Órgano Electoral tendría un respaldo exterior muy importante para aplicar de forma preferente el mandato del 21F.

2) El paro cívico nacional del 6 de diciembre, que pondrá a prueba el grado de compromiso de la mayoría de la población para hacer que se respete su decisión soberana, tomada el 21 de febrero de 2016.           

El frente externo y el interno confluyen, entonces, en los días previos al 8D, en un cruce de caminos fundamental para conocer el grado de asimetría con el que habrá que afrontar los comicios nacionales del próximo año.

La otra fecha clave es el 10 de enero, día en que fenece el mandato de Nicolás Maduro como presidente de Venezuela, según las últimas elecciones realizadas en el esquema previo al de la Asamblea Nacional Constituyente.

Colombia ya ha adelantado que a partir del 10E cortará toda relación diplomática con el régimen de Maduro, y varios ex presidentes latinoamericanos están convocando a la comunidad internacional a generalizar esa medida.

De manera que el 10 de enero puede convertirse en un punto de inflexión, para un salto cualitativo en los esfuerzos con los que se procura aislar a la autocracia venezolana.

Probablemente, una de las últimas palestras relevantes que tendrá Maduro antes de esta etapa de aislamiento será la concurrencia el 1 de diciembre en México al acto de toma de mando de Andrés Manuel López Obrador, quien tuvo la pésima idea de cursarle invitación alegando una política de “no injerencia” muy mal entendida.

De todas formas y a pesar del oxígeno mexicano al madurato, a partir de enero Colombia tendrá en la región un aliado decisivo en la administración brasileña de Jair Bolsonaro, que con seguridad acompañará las gestiones de Iván Duque para reforzar el “cordón sanitario” que busca arrancarle una apertura democrática al petro-populismo autoritario.

El 8D y el 10E podrían constituirse en dos hitos estratégicos para la lucha por la recuperación de la democracia plena en la región.

sábado, 17 de noviembre de 2018


Antipolítica “ciudadana” y caudillos letrados



Emilio Martínez Cardona

Al fin, de acuerdo a las alianzas selladas el pasado martes ante el TSE, el precandidato al que ciertas encuestas –y otras no tanto- daban como favorito de la oposición decidió repetir como estrategia de articulación electoral la misma fórmula que volvió fallido su paso por el gobierno y que lo obligó a abandonar prematuramente la presidencia de la república.

El “Gobierno de Ciudadanos”, como el mismo Carlos Mesa definió a su corta administración, vuelve ahora transformado en eslogan de campaña. En el 2003-2005, significó la renuencia a concertar con los partidos representados en el Parlamento, elegidos para ello de manera democrática.

Esto derivó en que, finalmente, fueran algunos de estos partidos los que tuvieran que asumir el rol de constructores de las políticas de Estado, por ejemplo con el diseño y promulgación de la Ley del Impuesto Directo a los Hidrocarburos (IDH), que sirvió de base a la extraordinaria renta pública que usufructuó y despilfarró Evo Morales (sin haber apoyado el citado instrumento jurídico, al igual que Mesa).

Hoy como ayer, el “Gobierno de Ciudadanos” es una manifestación de la antipolítica, la engañosa pretensión de tomar el timón gubernamental “sin ser político”, lo que constituye una contradicción en los términos.

En otras circunstancias históricas, la antipolítica ha servido para abonarle el camino a proyectos autoritarios, tal como sucedió en el periodo mencionado con el Movimiento Al Socialismo, que apostó por la crisis del sistema de partidos para atornillarse en el poder.

En el caso que estamos tratando, la antipolítica de ropajes ciudadanos puede estar destinada más bien a lo contrario, es decir, a la debilidad crónica y la ingobernabilidad, como expresión de esa sociedad líquida que no sabe construir estructuras duraderas.

Este “utracentrismo” o “populismo light”, que da la espalda a los partidos a la hora de acordar alianzas para salir del régimen evista, probablemente también rehúya cualquier debate serio de ideas.

El profesor emérito de Ciencias Políticas de la Universidad de Bolonia, Gianfranco Pasquino, dice que “hoy hay pocas ideas y falsas; si las ideas políticas no son fuertes, no tienen solidez y no saben comunicarse, abren el espacio a la antipolítica”. Así que el ambiente preferido para blindar la narrativa “ciudadana e impoluta” será el de los clichés convenientes pero superficiales.

“La antipolítica no será derrotada si no tenemos un pensamiento político mejor y más plural, si no hay confrontación de ideas”, acota Pasquino.

La torta de la antipolítica “ciudadana” es coronada por la cereza de un caudillo que, como corresponde al perfil sociológico de este movimiento, será medianamente ilustrado o letrado, para usar la clasificación propuesta por Alcides Arguedas en su “Historia General de Bolivia”.

Figura que, con mejores modales, podría ser casi tan personalista y centralista como el actual “caudillo bárbaro” que busca perpetuarse.

Posdata 1: no hay democracia sin partidos políticos.

Posdata 2: el siglo XXI en Bolivia será federalista.