sábado 14 de agosto de 2010

O método Rozsa e o caso Peña Esclusa


Emilio Martínez

Na Bolívia, o governo do Movimento Ao Socialismo (MAS) utilizou amplamente uma suposta tentativa de levantamento armado ou auto-defesa em Santa Cruz de la Sierra para estigmatizar a oposição política e diversos setores da sociedade. Agora, o regime do coronel Hugo Chávez parece estar implementando o mesmo método para a perseguição de seus críticos, como no caso do engenheiro Alejandro Peña Esclusa, dirigente social-cristão que denuncia desde 1997 os vínculos do mandatário boliviano com as FARC.

Em 16 de abril de 2009, uma operação da Polícia boliviana, ordenada por Evo Morales, abateu a tiros no Hotel Las Américas o húngaro-boliviano Eduardo Rozsa Flores, o irlandês Michael Dwyer e o romeno Árpad Magyarosi. Também foi capturado o boliviano-croata Mario Tadic e o húngaro Elod Toaso, presos até o dia de hoje na Penitenciária de San Pedro.

Embora a versão oficial tenha falado de um enfrentamento com os “terroristas”, uma perícia realizada pelos experts húngaros demonstrou que os corpos apresentavam feridas de bala nas costas e outras com trajetória vertical, o que indicaria uma execução. Da mesma forma, empregados do hotel asseguram não ter encontrado marcas de disparos para as portas por onde entraram os efetivos policiais, senão que unicamente em direção aos corpos abatidos.

A investigação posterior desenvolvida na Bolívia, em meio de freqüentes denúncias de manipulação governamental da Justiça, não parece reunir as garantias de transparência nem do devido processo. A testemunha estrela do caso, Ignacio Villa Vargas, cognome “El Viejo”, um infiltrado do Ministério de Governo no provável grupo irregular liderado por Rozsa, fugiu do país e em uma conversa telefônica com o deputado Wilfredo Añez – gravada por este último –, revelou que o caso foi todo montado pelo irmão do vice-presidente, Raúl García Linera.

O affair Rozsa também gerou o protesto das chancelarias da Irlanda e da Hungria, e os representantes irlandeses o estão levando ante o Parlamento Europeu e o Tribunal de Haya. Neste contexto, onde parecem haver implicados tanto da oposição quanto do governo, a única possibilidade de encontrar a verdade seria uma investigação internacional.

Recentemente, o governo venezuelano deteve Alejandro Peña Esclusa, líder opositor presidente de Fuerza Solidaria e cabeça da União de Organizações Democráticas da América (UnoAmérica), federação de ONGs latino-americanas anti-chavistas. A operação do serviço de inteligência (SEBIN) foi realizada com a desculpa de uma pretendida vinculação entre Peña Esclusa com o salvadorenho Francisco Sánchez Abarca, segundo o regime, associado ao anti-castrista Posada Carriles.

Do mesmo modo que no caso Rozsa, o suposto móvel dos “conspiradores” venezuelanos seria o “magnicídio”, denúncia que na Bolívia não conseguiu sustentação e foi sendo substituída gradualmente pela de “separatismo”.

Está sendo usado claramente um método similar ao aplicado na Bolívia, como “know how” para a estigmatização de opositores. Adicionalmente, o governo de Chávez pretende implicar Peña Esclusa com o caso boliviano, aduzindo que representantes de UnoAmérica haviam tido contato com Eduardo Rozsa Flores. O certo é que os delegados dessa federação de ONGs estiveram presentes no país em março de 2009, como parte de uma comissão investigadora que tinha o propósito de relevar a denominada “matança de El Porvenir”, no estado de Pando. O objetivo era elucidar aspectos do conflito violento que teve lugar nessa localidade do norte boliviano, não registrados pela missão da UNASUL, encabeçada pelo ex-guerrilheiro do ERP argentino Rodolfo Mattarollo.

Meios de comunicação próximos à Alternativa Bolivariana para as Américas (ALBA) e ao Foro de São Paulo, têm tentado sugerir algum tipo de contato entre um dos integrantes de tal delegação, o argentino Jorge Mones Ruiz, com Eduardo Rozsa Flores. O certo é que Mones Ruiz se fez presente em Santa Cruz como parte da mencionada comissão, mantendo entrevistas com refugiados do estado de Pando nessa cidade. Sua condição de militar aposentado, vinculado há duas décadas ao último motim “cara-pintada” sucedido no governo de Carlos Saúl Menen, o tornou alvo de críticas e acusações infundadas.

No caso boliviano, o julgamento dos que participaram da tentativa de conformação de uma auto-defesa regional é sem dúvida parte das obrigações legais da Justiça, porém a investigação deve incluir também os altos funcionários do governo. Na citada detenção da Venezuela a perseguição é completamente injustificada, tendo em conta a impecável trajetória democrática e institucionalista de Alejandro Peña Esclusa. Uma vez mais, uma investigação internacional e imparcial se impõe como única modalidade possível de esclarecimento da verdade, a menos que se queira legitimar o “método Rozsa” como procedimento para a perseguição e anulação sistemática de opositores.

Tradução: Graça Salgueiro


O Autor é Escritor e jornalista, autor do livro “La masacre del Hotel Las Américas”.

http://www.heitordepaola.com/publicacoes_materia.asp?id_artigo=2070

jueves 12 de agosto de 2010

EL MÉTODO ROZSA Y EL CASO PEÑA ESCLUSA

Emilio Martínez*

En Bolivia, el gobierno del Movimiento Al Socialismo (MAS) utilizó ampliamente un supuesto intento de alzamiento armado o autodefensa en Santa Cruz de la Sierra para estigmatizar a la oposición política y a diversos sectores de la sociedad civil. Ahora, el régimen del coronel Hugo Chávez parece estar implementando el mismo método para la persecución de sus críticos, como en el caso del Ing. Alejandro Peña Esclusa, dirigente socialcristiano que denuncia desde 1997 los vínculos del mandatario bolivariano con las FARC.

El 16 de abril del 2009, un operativo de la Policía boliviana ordenado por Evo Morales abatió a tiros en el Hotel Las Américas al húngaro-boliviano Eduardo Rozsa Flores, el irlandés Michael Dwyer y el rumano Árpad Magyarosi. También se capturó al boliviano-croata Mario Tadic y al húngaro Elod Toaso, presos hasta el día de hoy en el Penal de San Pedro.

Aunque la versión oficial habló de un enfrentamiento con los “terroristas”, un peritaje realizado por expertos húngaros demostró que los cuerpos presentaban heridas de bala en la espalda y otras con trayectoria vertical, lo que indicaría una ejecución. De la misma forma, empleados del hotel aseguran no haber encontrado marcas de disparos hacia las puertas por donde entraron los efectivos policiales, sino únicamente en dirección a los cuerpos de los abatidos.

La investigación posterior desarrollada en Bolivia, en medio de frecuentes denuncias de manipulación gubernamental de la justicia, no parece reunir las garantías de transparencia ni del debido proceso. El testigo estrella del caso, Ignacio Villa Vargas alias “El Viejo”, un infiltrado del Ministerio de Gobierno en el presunto grupo irregular que lideraba Rozsa, fugó del país y en una conversación telefónica con el diputado Wilfredo Añez -grabada por este último- reveló que todo el caso fue montado por el hermano del vicepresidente, Raúl García Linera.

El affaire Rozsa también generó la protesta de las cancillerías de Irlanda y Hungría, y los representantes irlandeses lo están llevando ante el Parlamento Europeo y el Tribunal de La Haya. En este contexto, donde parecen haber implicados tanto de la oposición como del gobierno, la única posibilidad de encontrar la verdad sería una investigación internacional.

Recientemente, el gobierno venezolano detuvo a Alejandro Peña Esclusa, líder opositor presidente de Fuerza Solidaria y cabeza de la Unión de Organizaciones Democráticas de América (UnoAmérica), federación de ONGs latinoamericanas antichavistas. El operativo del servicio de inteligencia (SEBIN) fue realizado con la excusa de una pretendida vinculación entre Peña Esclusa con el salvadoreño Sánchez Abarca, según el régimen asociado al anticastrista Posada Carriles.

Al igual que en el caso Rozsa, el supuesto móvil de los “complotados” venezolanos sería el “magnicidio”, cargo que en Bolivia no logró sustentación y fue siendo sustituido gradualmente por el de “separatismo”.

Claramente se está utilizando un método similar al aplicado en Bolivia, a manera de “know how” para la estigmatización de opositores. Adicionalmente, el gobierno de Chávez pretende implicar a Peña Esclusa con el caso boliviano, aduciendo que representantes de UnoAmérica habrían tenido contacto con Eduardo Rozsa Flores. Lo cierto es que los delegados de esa federación de ONGs se hicieron presentes en el país en marzo de 2009 como parte de una comisión investigadora que tenía el cometido de relevar la denominada “matanza de El Porvenir”, en el departamento de Pando. El objetivo era dilucidar aspectos del conflicto violento que tuvo lugar en esa localidad del norte boliviano, no registrados por la misión de Unasur encabezada por el ex guerrillero del ERP argentino, Rodolfo Mattarollo.

Medios de comunicación cercanos a la Alternativa Bolivariana para las Américas (ALBA) y al Foro de Sao Paulo han intentado sugerir algún tipo de contacto entre uno de los integrantes de dicha delegación, el argentino Jorge Mones Ruiz, con Eduardo Rozsa Flores. Lo cierto es que Mones Ruiz se hizo presente en Santa Cruz como parte de la comisión mencionada, manteniendo entrevistas con refugiados del departamento de Pando en esa ciudad. Su condición de militar retirado, vinculado hace dos décadas al último motín “carapintada” sucedido en el gobierno de Carlos Saúl Menem, lo ha vuelto blanco de críticas y acusaciones infundadas.

En el caso boliviano, el enjuiciamiento a quienes participaron en la tentativa de conformación de una autodefensa regional es sin duda parte de las obligaciones legales de la justicia, pero la investigación debe incluir también a altos funcionarios de gobierno. En la citada detención de Venezuela la persecución es completamente injustificada, teniendo en cuenta la impecable trayectoria democrática e institucionalista de Alejandro Peña Esclusa. Una vez más, una investigación internacional e imparcial se impone como única modalidad posible de esclarecimiento de la verdad, a menos que se quiera legitimar el “método Rozsa” como procedimiento para el hostigamiento y anulación sistemática de opositores.

*Escritor y periodista, autor del libro “La masacre del Hotel Las Américas”.


miércoles 4 de agosto de 2010

¿Y AL ALEMÁN QUIÉN LO FINANCIABA?



¿De dónde salían los fondos para pagar a Dirk Schmidt si no tenía ítem o un salario formal? Es la pregunta que surge sobre el caso que conlleva a un segundo y no menos preocupante cuestionamiento: ¿se estaban creando estructuras de seguridad paralelas a las del Estado?

El periodista y escritor Emilio Martínez, en entrevista exclusiva con cash24horas.com, cuestionó la miopía en el caso del alemán Dirk Schmidt, detenido desde el 8 de julio en Palmasola acusado de alzamiento armado y posesión ilícita de armas, indicando que la pregunta de fondo es: si Schmidt trabajaba para el Ministerio de Gobierno sin tener un ítem o salario formal, ¿cuál era la fuente de financiamiento de su “asesoría”? “Teóricamente, el gobierno de Evo Morales eliminó los gastos reservados hace años, pero este caso arroja ciertas dudas sobre eso”, dijo.

Para Martínez, lo más preocupante sería el resultado de esos fondos, toda vez que muestran a “sectores del gobierno y del MAS que aparentemente estaban creando estructuras de seguridad paralelas a las del Estado, estructuras armadas irregulares”.

Recordó que con anterioridad se vieron estos grupos irregulares en los campamentos de entrenamiento del Beni, a cargo del secretario ejecutivo de Coordinadora Nacional por el Cambio (Conalcam) y ahora senador Fidel Surco, quien era reconocido como el “comandante Fausto”.

Dirk Schmidt y Eduardo Rózsa

Por otra parte, Martínez considera que existe un cierto paralelismo entre Schmidt y Eduardo Rózsa, toda vez que el húngaro-boliviano mencionaba al alemán como ex agente de la Stasi, la policía política de la Alemania comunista.

“El caso Rózsa está en manos del fiscal paceño Marcelo Soza, quien tiene en su poder la computadora en la que se puede constatar correspondencia electrónica que involucran al alemán en la compra de armas”, dijo.

El periodista opina que para echar mayores luces sobre esa investigación el fiscal Soza debería dar a conocer públicamente esta información. Además, si como el mismo Schmidt asevera que "participó en la resolución de las principales crisis de seguridad en el departamento de Santa Cruz, sería lógico pensar que estaba al tanto del operativo de infiltración y liquidación que tuvo lugar en el Hotel Las Américas", sobre todo insiste Martínez teniendo en cuenta que "el e-mail demuestra que Schmidt y Rózsa habrían ingresado a una puja por la compra de cierto lote de armas que finalmente lo adquirió el alemán".

Para el escritor, el caso Schmidt revela además fraccionamientos o “faccionamientos” que existen al interior del oficialismo. “Es un proceso de descomposición cada vez más intenso, que no sólo incluye luchas puntuales entre funcionarios sino que implica una desintegración de las alianzas sociales de base del MAS”, agregó.

Cash24horas.com